A costa de la tragedia los peores instintos sospechados de las psicopáticas autoridades han dado pie a la sospecha permanente sobre el oscurantismo con que se están llevando las operaciones de rescate de fallecidos, ya que a los vivos se les dejó morir a causa de la especulación política que ha practicado Sánchez. Una especulación que conforma junto a las actitudes consabidas de este psicópata la realidad que se pretende ocultar antes y después de la devastación. Con nocturnidad, alevosía y asquerosa inhumanidad.
La clave está en el pantano de Forata-37 millones de litros- cuyas aguas se liberaron provocando la verdadera debacle más allá de las propias inclemencias del tiempo. El oscurantismo junto a la omisión de socorro, el uso de los tiempos para los rescates que sumió en abandono a cientos de miles de personas. La negación de zona catastrófica o declarar el estado de emergencia obedece a un siniestro plan de manipulación ocultando las dimensiones de esta debacle. El tiempo hará aflorar el crimen de la Dana, caos que a diferencia de otros misterios de España, no podrán solaparse. Son tantos los cabos sin atar de la misma soga de insensibilidad criminal con origen en La Moncloa que tarde o temprano saltará por los aires el diseño macabro de la manipulación absoluta del número de fallecidos.
Una pregunta simple: si no hay ninguna víctima en el parking de Bonaire, ¿ cómo está tomada como si fuese el Área 51? ¿ Porque no conviene que se sepa lo hallado o por desviar la atención de otros focos? Son tantos los interrogantes que apuntan al secretismo impuesto… ¿Puede hablar alguno de los fantasmas que marcan con X y con números los coches destrozados?
En tanto, es indispensable que cada municipio facilite, o a través de algún censo eficaz, el número de desaparecidos, la cifra real del antes y el después de este crimen para saber a qué nos enfrentamos más allá de la cortina de encubrimiento cómplice de diversos organismos e instituciones que está trabajando a contrarreloj para borrar los efectos infernales de la riada de muerte. En pleno siglo XXI no carecemos de instrumentos y medios estadísticos para saber quién estaba con vida antes de perderla en esta escalofriante tragedia criminal de la Historia de España.
Resultan muy sospechosas las declaraciones de Marlasca, el encubridor de los trapos sucios de Sánchez, cuando dice que no hay cifras reales porque no todas las víctimas pudieron ser provocadas por la Dana. Entre líneas se lee que excusa peregrinamente una canallesca maniobra de silenciamiento acerca del número de desparecidos y , por tanto, muertos durante el infierno de Valencia.
Censo público de la víctimas ocultadas , ya.
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