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El socialismo del siglo XXI no construye patrias; levanta decorados de miseria para sepultar en ellos la dignidad de los pueblos. Veintisiete años después del inicio de la pesadilla bolivariana en Venezuela, la realidad ha despojado al régimen de su última máscara, dejando al descubierto una siembra urbanística y social cuyo fruto definitivo no ha sido la redención de las masas, sino su exterminio sistemático, físico y moral.
Existe una ironía dolorosa, profundamente trágica, en el destino de los incondicionales. Aquella masa social que un día aplaudió el mesianismo de cuartel, que entregó su libertad a cambio de una promesa de asfalto y subsidio, hoy recoge los escombros de su propia ceguera. Las estructuras colapsadas de un país en ruinas son el reflejo exacto de las promesas de la revolución: fachadas vistosas de propaganda que, al primer embate de la verdad, se desmoronan aplastando a quienes se cobijaron bajo su sombra. El chavismo ha terminado por sepultar a sus propios fieles bajo el peso de su arquitectura fraudulenta.
Mientras el pueblo llano padece el rigor del colapso, en las alturas se administra el beneficio de la infamia. La complacencia de los favorecidos por el régimen se sostiene sobre un cimiento de plomo: el silencio cómplice ante la tortura, la mirada esquiva ante la represión en las calles y la normalización de la muerte. Los jerarcas de la tiranía y sus satélites internacionales, esos estómagos agradecidos que aún pretenden blanquear el modelo, saben perfectamente que cada cuota de poder se paga con el sufrimiento del ciudadano de a pie. Su silencio de casi tres décadas no ha sido neutralidad; ha sido la argamasa que ha sujetado el cadalso.
Veintisiete años de impunidad y mordaza han transformado la utopía colectivista en un gigantesco campo de escombros rodeado de retórica vacía. El socialismo no venía a redistribuir la riqueza, sino a colectivizar la indigencia para asegurar el control absoluto del Estado. Hoy, las casas de cartón piedra se rajan, las promesas se desvanecen y la realidad sepulta a los antiguos bastiones del oficialismo. La farsa ha terminado, pero el coste humano sigue cobrándose vidas.
Frente a la mentira institucionalizada y la equidistancia de los despachos occidentales, solo queda la memoria inflexible y la denuncia con autoridad moral. El decorado se ha caído por completo. Debajo ya no quedan relatos, solo la verdad desnuda de una tiranía que devora y entierra a un pueblo reprimido y sus propios hijos.
Ignacio Fernández Candela
RES NON VERBA
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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