15/08/2026 05:39

Las personas que hemos leído textos religiosos conocemos la expresión “plaga bíblica” que está recogida en el Éxodo, uno de los libros del Pentateuco en el Antiguo Testamento.

Su significado es «la calamidad o aflicción que recibe un pueblo para castigarlo o probarlo» y se manifiesta normalmente en enfermedades, desastres naturales, o eventos catastróficos que afectan a la humanidad o al medio ambiente.

Históricamente, las más conocidas son las diez que sufrió el Egipto de los faraones que se sustancian en desastres naturales relacionadas con los animales, con cursos fluviales (río Nilo) y seres humanos (primogénitos familiares). Miles de años después, en la España de los felones, que no faraones, estamos sufriendo de manera continua otro tipo de plagas, algunas de ellas tan dramáticas como las que sufrió en su día el país de las pirámides.

En su día, pensé maliciosamente que el culpable de tanta calamidad y aflicción era un tipo llamado José Luis Rodríguez Zapatero y supuse que al marcharse con el rabo entre las piernas tras su más que nefasta gestión, las plagas bíblicas que trajo a España y a los españoles habían terminado, pero obviamente me equivoqué. Lo peor estaba por llegar y llegó en el verano de 2018 con la llegada de Pedro Sánchez al poder omnímodo de la nación. Otro faraón, pero muy, muy felón. Quizá pase a la historia, la que tanto le preocupa, como “Tutanfelón”.

La primera plaga que nos trajo el sátrapa de Sánchez, sí, persona que nos gobierna despótica y arbitrariamente y que hace ostentación de su poder fue la elección de multitud de ministros, asesores, colaboradores a cuál más incapaces, sectarios, inútiles y vividores del erario. Destacan por su canallesca actuación ministros indignos, algunos de cuota regional, matones otros, puteros también hay. Vamos, que Incitatus el caballo de Calígula, no lo hubiera hecho peor que ellos cuando fue nombrado cónsul por su dueño.

La segunda plaga que nos trajo “Tutanfelón” fue el despliegue entre sus colaboradores más íntimos de la utilización indebida e ilícita de las funciones públicas en provecho de sus gestores e incluso sus familiares más próximos. La corrupción es la seña de identidad de este engreído presidente y todo su entorno.

El enfrentamiento fratricida iniciado por Rodríguez, hoy alto representante del Gobierno en China y Venezuela, es otra de las plagas, la tercera, que nos ha traído el sátrapa que nos gobierna. Concede privilegios y prebendas a vascos y catalanes en perjuicio del resto de españoles a los que de alguna forma humilla. Con la ley de la memoria democrática” vuelve a abrir dos frentes entre españoles excavando nuevamente trincheras y removiendo cunetas con el pretexto de reescribir una nueva Historia que es totalmente falsa. Su obsesión con reescribir la Historia es tal que ha creado un Ministerio “ad hoc” dirigido por un auténtico sectario e inútil.

La cuarta plaga, sin duda la más dramática y trágica pues esta se extendió a nivel mundial fue la COVID 19. Indudablemente él no la trajo, pero tampoco la combatió debidamente ni en tiempo ni en forma. Su gestión en ella fue calamitosa antes y durante la pandemia. Por todos es sabido que esa pandemia transmitida desde un laboratorio chino y conocida por el coronavirus SARS-CoV 2 llegó a España en enero de 2020 y el primer caso diagnosticado fue en San Sebastián de la Gomera. Un mes más tarde, el 13 de febrero, se produce en Valencia el primer fallecido. Hasta el 14 de marzo el Gobierno no declara el estado de alarma – había que celebrar por todo lo alto la manifestación del día internacional de la mujer – y escuchar a los ministros Illa, Calvo y Marlasca diciendo que no pasaba nada y a un representante del Ministerio de Sanidad de cuyo nombre no quiero acordarme que decía que en España habría como mucho dos o tres contagiados. Ese miserable, alto funcionario de Sanidad, aún sigue en el cargo y le han querido nombrar,” ad hoc”, como presidente de una nueva Agencia, la Agencia Estatal de Sanidad.

El comportamiento del también conocido últimamente como Pedro “Saunas” durante los años que duró esta trágica pandemia fue calamitoso a todas luces: primero negó la evidencia; decretó inconstitucionalmente dos estados de alarma; cerró el Congreso y cuando la gestión se le fue de las manos, culpó a la Autonomías de la mala gestión de la pandemia. Bueno, solo a la de Madrid puesto que a su parecer únicamente fallecían personas en la Comunidad madrileña. Al infame ministro Illa, a la presidenta balear Armengol y a otros de su cuerda cuyo vil comportamiento se ha comprobado en esas fechas, los ha promocionado políticamente. En resumen, 121.760 fallecidos por la COVID que indudablemente pudieron ser muchísimos menos si la gestión de Pedro Sánchez y sus secuaces hubiera sido más inmediata, más transparente y más eficaz. Esta trágica pandemia puso en evidencia la catadura moral de este ineficaz y sectario presidente y de todo su Gobierno.

España y los españoles no nos habíamos aún recuperado de la COVID y entre el 6 y el 11 de enero de 2021 sufrimos una ola de frío muy intenso –lo normal en la península Ibérica en esa época; “ al invierno nunca se le comen los lobos dicen los pastores en Castilla”– con nevadas de más de sesenta centímetros y vientos de más de 130 km/h. Azotó inicialmente a Canarias y posteriormente a la península pero sobre todo a Madrid, Guadalajara, Toledo, Cuenca, Albacete, Teruel y Zaragoza. Los medios y dirigentes tanto municipales, como provinciales, autonómicos y estatales, una vez más, quedaron en evidencia. Nuevamente, no solo la UME, sino los tres Ejércitos tuvieron que tirar de pico y pala y de sus medios mecánicos para salvar la cara al que gasta medios públicos para acondicionársela.  “Filomena” así se llamó esta ola de frío, fue la quinta plaga bíblica y dejó consigo siete muertos.

Ese mismo año, aciago para Pedro Sánchez, nos trajo la sexta plaga bíblica a modo de erupción volcánica. Fue el 19 de septiembre en la isla bonita, la Palma, donde el volcán Tajogaite no paró de arrojar lava durante 85 días. Resultado: un muerto, 7.000 personas evacuadas y en torno a 842 millones de euros en daños. Aún hay gente afectada por el volcán viviendo en condiciones precarias. Habría que preguntarse, ¿tuvo que ser presidente del Gobierno Pedro Sánchez para que, en nuestro país, sufriéramos los efectos de un volcán, circunstancia totalmente inusual en España? Este desastre natural pone claramente de manifiesto que este sujeto es el culpable de las plagas bíblicas que nos caen a los españoles bajo su mandato. Pero a él no le cae encima ninguna.

El pasado 29 de octubre de 2024, los españoles nos estremecimos cuando los medios de comunicación nos informaban que en la Comunidad valenciana una depresión aislada en niveles altos (DANA) había provocado unas intensas lluvias y el barranco del poyo –sí, un barranco no un gran curso fluvial– se había desbordado inundando y llevándose consigo todo lo que encontraba a su paso. Resultado: 236 fallecidos y daños incalculables.

Además de los 236 fallecidos y los daños materiales cuantiosos esta DANA nos dejó imágenes y actuaciones vergonzosas y sin duda objeto de acciones penales. Las declaraciones públicas de Pedro Sánchez diciendo: «si quieren ayuda que la pidan” son de una vileza extrema. Las actuaciones de los ministros Marlasca y Robles, el presidente autonómico Mazón, la delegada del Gobierno, el director de la CHJ entre otros muchos cargos públicos no estuvieron, ni mucho menos, a la altura que exigían sus cargos. Una vez más, ante una grave catástrofe, que pudo ser paliada anteriormente, las múltiples administraciones dejaron mucho que desear. La DANA del 2024 fue la séptima plaga bíblica que nos ha traído Pedro Sánchez y en la que demostró claramente que los territorios donde no gobierna su partido, le importan una higa. Por cierto, dada su actuación cobarde a más no poder en la visita a Paiporta, se le conoce en ciertos ambientes como “el galgo de Paiporta”.

Otra fecha para no olvidar en el mandato del “galgo de Paiporta” es el 28 de abril de este año, 2025 – no sabíamos aun lo que nos iba a suceder en el verano. A las 12:33 horas de ese primaveral día, el sistema eléctrico español sufrió un colapso sin precedentes –sólo pasa cuando gobierna Sánchez– y nos dejó a millones de españoles sin suministro eléctrico durante varias horas. En algunas zonas, hasta veinticuatro. A España entera se le fundieron los plomos. Cuatro meses después se ignora el verdadero motivo.

Ni el maquillado presidente del Gobierno ni la ministra del ramo (Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, MITECO, vaya nombre más cursi) Sara Aagesen, conocida popularmente por “Apagesen”, ni la socialista de pura cepa, amiga de Sánchez, la “bienpagá” Beatriz Corredor y presidenta de REE asumieron su responsabilidad ante tan magno desastre. Obviamente, los tres siguen en su cargo y la culpa es del maestro armero, en este caso las empresas privadas de distribución. La octava plaga bíblica de este hombre sin luces que es Pedro Sánchez dejó ocho fallecidos y muy cuantiosos daños empresariales y lo que es peor una imagen tercermundista ante Europa.

Desde que Pedro Sánchez llegó al gobierno de la nación de su boca y la de sus adláteres no ha parado de salir el mantra de que vivimos inmersos en una emergencia climática que para él es un apocalipsis, es decir una situación catastrófica ocasionada por agentes naturales o humanos que evocan todos ellos la imagen de la destrucción total. Para este sujeto cada día más despreciado por los españoles, todos los males de España vienen por el cambio climático, la herencia que nos dejó Francisco Franco y por la gestión desleal de Isabel Díaz Ayuso. Nunca alude al maldito globalismo ni a su nefasta gestión. Tampoco reconoce que el ecologismo y la supuesta emergencia climática a sus países afines como China, Venezuela y Marruecos les importa un pito.

Ignora además que en pleno siglo XXI las familias suelen tener hasta dos coches para desplazarse a sus trabajos; que se viaja en barco y en avión y no solo por placer; que las viviendas –incluso las que él no protege de la “okupación”– suelen tener calefacción o aire acondicionado; que los polígonos industriales acogen factorías de todo tipo que obviamente expelen humos; que los humanos y los animales producen residuos de todo tipo que las autoridades tienen la obligación de reciclar debidamente. No sé si este lumbreras que nos gobierna quiere para sus súbditos que vivamos en chozas primitivas sin luz, ni calor, ni refrigeración, que consumamos únicamente lo que cultivemos y que por supuesto, viajemos en carruajes. Él es el vivo ejemplo de lo que predica: uso masivo de vehículos oficiales y desproporcionado y abusivo despliegue de helicópteros y aviones del Ejército del Aire. Sus alojamientos son todos ellos muy austeros: la Moncloa, la Mareta, Quintos de Mora y las Marismiñas. Todos los inquilinos que le acompañan viven de manera espartana, especialmente sus familiares y amigos.

Que Sánchez no nos engañe más, –sé que es pedir peras a un olmo– la península Ibérica fue siempre un territorio donde predominó la escasez de agua de ahí que ya los romanos construyeran embalses. En España existen dos grandes zonas: la España húmeda y la España seca y ha habido épocas donde ha diluviado y otras donde ha llovido muy poco, de ahí que sean necesarios los embalses

En el Levante español, históricamente, cuando ha llovido en cantidad, siempre ha sido de forma torrencial, eso se sabe de sobra y los levantinos mejor que nadie. Este accidente climatológico no es nuevo y ni mucho menos una emergencia si se tiene previsto con antelación

Cuando en poblaciones como Molina de Aragón, Calamocha o Duruelo de la Sierra en pleno mes de enero se alcancen temperaturas de 35º o en Écija, Córdoba o Murcia en verano los termómetros marquen 0º tendremos una emergencia climática. Mientras tanto, un peón más del globalismo que es Pedro Sánchez, nos seguirá engañando apelando al mantra de que el cambio climático es el culpable de todos nuestros males cuando en realidad la emergencia es seguir soportándole a él. Él, propiamente con su mantra medioambiental y con la nefasta gestión del clima, es una plaga bíblica, la novena.

La décima plaga bíblica porque Sánchez, tirano y sátrapa como cualquier faraón egipcio, no podía ser menos y quiere igualarse en desastre a ellos, son los incendios forestales que asolan en estos meses de verano una vez más a España. Andalucía, Castilla y León, Galicia y Asturias están siendo pasto de las llamas y los gobiernos autonómicos y el nacional, nuevamente se ven incapaces de sofocarlos a tiempo. Todos los veranos tenemos la “misma canción” que no canción del verano: la falta de una acción preventiva en el resto del año, la existencia de leyes y normativas inadmisibles para la protección de los bosques, el inadecuado dimensionamiento de las plantillas forestales y la más que consumada ineptitud de los cargos políticos relacionados con el medio ambiente, nos llevan a ver verano tras verano arder miles y miles de hectáreas de masa forestal.

El faraón de la Mareta sigue una vez más con el mantra repetido simultáneamente por sus adláteres que el culpable de los incendios –también de la DANA en Valencia– es el cambio climático. Miente como bellaco que es, más aún cuando se sabe según información del MITECO, que el 96% de los incendios son provocados por la acción humana (negligencias o intencionadamente); es noticia oficial también que actualmente hay detenidas 45 personas y 130 están siendo investigadas; que una vecina de Carballo (La Coruña) ha sido detenida por ser supuestamente autora de 11 incendios.

Esa es la cruda realidad: los incendios en el verano se producen fundamentalmente por la falta de prevención y actuaciones debidas en el resto de estaciones que no se llevan a cabo; por la existencia de leyes elaboradas de espaldas a la gente que vive en el campo y en el monte de la que fue gran muñidora Teresa Ribera; por la incapacidad de unos y la iniquidad de otros, me refiero a los políticos de una y otra Administración. Hasta estos días, son 7 los muertos y 400.000 hectáreas las calcinadas.

Las Comunidades Autonómicas tendrían que dejar de mirarse el ombligo y estudiar si tienen dimensionados adecuadamente los medios humanos y materiales para hacer frente a desastres naturales como son las olas de frío, riadas o incendios y por supuesto colocar en el mando y control de estas catástrofes a personas capacitadas tanto técnica como profesionalmente.

De este Gobierno que hace gala de su iniquidad según sea el lugar del desastre natural poco hay que esperar. Personas como Marlasca y Robles han quedado retratadas suficientemente con su canallesca actuación tanto en la Comunidad valenciana como en Andalucía, Castilla y León y Galicia.

Del faraón de la Mareta está todo dicho.

¡¡España está en peligro!!

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