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Ya es éticamente devastador presenciar los niveles de descomposición moral a los que es capaz de descender la propaganda de Moncloa para construir un cortafuegos humano. El último recurso de Pedro Sánchez para justificar lo injustificable y eludir la terca realidad de los tribunales ha sido ampararse en el sentimentalismo de una carta privada: la misiva de una hija que relata cómo su padre, un anciano moribundo, se marchó al otro lado con el pie izquierdo, reivindicando con orgullo su vieja fe socialista.
Utilizar la memoria de los muertos y la vulnerabilidad del luto familiar para blanquear presuntas tramas de corrupción, actas judiciales y el sistemático asalto a las instituciones de este país no es solo un acto de debilidad política; es una absoluta indecencia. Se intenta apelar a las vísceras y a las siglas de la militancia histórica para tapar con romanticismo trasnochado lo que los juzgados y la UCO están desenterrando día tras día con rigor forense.
El verdadero drama de esa carta es la inmensa estafa ideológica que esconde. Aquellos viejos socialistas que creyeron con honestidad en la justicia social y en la dignidad de unas siglas se marchan al otro lado sin saber que su fe ha sido parasitada. No murieron pensando en la defensa de una ideología, sino en el decorado idílico que les vendió una gigantesca factoría de ficción. Al otro lado se llevaron la nostalgia de unas trincheras que ya no existen, mientras aquí el sanchismo utiliza su último aliento como escudo humano para proteger los negocios de la corte y la supervivencia en el coche oficial.
No hay mística, ni épica, ni dignidad en el relato monclovita. Solo queda el burdo oportunismo de quien, viéndose acorralado por los hechos, no duda en profanar la memoria de los suyos con tal de ganar un telediario más. Pero la realidad de los sumarios es sumamente tozuda: las deudas morales y las evidencias delictivas no se solucionan con cartas lacrimógenas, sino rindiendo cuentas ante la justicia. Al final del camino, ni la propaganda más feroz puede maquillar la quiebra moral de un régimen que necesita parasitar hasta la muerte para sostenerse en pie.
Esta carta me recuerda a la instumentalización del asesinato de Isaías Carrasco, cuya memoria socialista fue exprimida en mitines oportunistas hasta que Zapatero ganó la segunda legislatura por la sangre.
Pocas horas antes ETA escuchó que necesitaba tensión para ganar las elecciones. Y así fue: tuvo la estupendísima tensión que necesitaba el desalmado socialismo.
Ignacio Fernández Candela
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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