15/08/2026 04:14
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Estaríamos muy equivocados si el encadenamiento de tragedias que España padece desde que Sánchez ocupa La Moncloa por un proceso electoral cuya legitimidad muchos cuestionan lo asumiéramos como una sucesión de casualidades o vicisitudes propias del devenir espontáneo de lo sucedido, porque la acumulación de desastres, negligencias, omisiones y catástrofes que se precipitan sobre el país con una regularidad que ya no admite la coartada del azar revela una intencionalidad que se percibe en la sombra y una orquestación que orienta hacia la catástrofe con estrategias pensadas en despachos, donde la política ha dejado de ser servicio público para convertirse en ingeniería de destrucción. Como si el sufrimiento del pueblo fuese un recurso utilizable y la devastación del territorio una herramienta legítima para sostener un poder que no se sostiene por sí mismo.

Como los ataques contra Ayuso aprovechando los incendios; como los incendios mismos aprovechando oscurantistas tejemanejes dizque medioambientales; como la reacción inmediata de quienes, lejos de la empatía elemental que cualquier adversario político debería exhibir cuando el pueblo sufre, se apresuran a atacar a Díaz Ayuso como si la emergencia fuese una oportunidad largamente esperada.

Los ruines Óscar Puente y Óscar López, señalados en múltiples ocasiones por comportamientos que muchos consideran incompatibles con la ética pública, no van por libre cuando atacan a Isabel Díaz Ayuso en mitad de una catástrofe que debería haber suspendido cualquier disputa política, porque sus reacciones no nacen de la indignación ni de la preocupación por el pueblo, sino de órdenes que reciben desde un poder que ha convertido la tragedia en estrategia y la emergencia en oportunidad; como si la destrucción del territorio fuese un daño colateral asumible en tanto sirva para desgastar a quien representa un obstáculo para la maquinaria gubernamental que tantos identifican como una estructura que opera con la lógica de una organización criminal.

Madrid no está siendo víctima solo del fuego, sino de una estrategia que aprovecha la devastación para desgastar a quien gobierna con una precisión que delata más cálculo que casualidad, porque la simultaneidad de incendios, la pasividad denunciada por los vecinos y la ausencia de medios contundentes no se explican desde la incompetencia, sino desde una lógica que convierte la tragedia en herramienta política, como si la destrucción del territorio fuese el método más eficaz para erosionar a Ayuso sin necesidad de confrontar sus políticas en el terreno de la verdad, que es donde la izquierda hace tiempo que perdió la batalla y donde ya solo puede sostenerse mediante la manipulación del desastre.

La simultaneidad de incendios en territorios gobernados por el Partido Popular, la pasividad operativa que los vecinos denuncian con desesperación y la vigilancia contra quienes podrían ser testigos incómodos conforman un patrón demasiado evidente como para atribuirlo a la casualidad. Porque la catástrofe se administra como un recurso narrativo que permite señalar a Ayuso mientras se oculta la responsabilidad de quienes deberían haber prevenido, coordinado y actuado con contundencia, convirtiendo la destrucción de Madrid, de Ávila y de cualquier territorio donde el PP gobierna en un escenario donde el fuego no es solo físico, sino político.  Donde la devastación del pueblo es el precio que algunos están dispuestos a pagar para sostener una narrativa que ya no se sostiene por sí misma.

Lo que está sucediendo no es nuevo, pero sí más descarado: la tragedia como instrumento, el dolor como argumento, la emergencia como oportunidad, porque la moral desaparece cuando la estrategia se impone y quienes deberían estar al lado del ciudadano prefieren estar al lado de la consigna, sustituyendo la solidaridad, que debería ser la reacción natural ante la catástrofe, por un ataque frontal. Todo este retorcido actuar revela la verdadera naturaleza de quienes gobiernan desde la sombra y utilizan el sufrimiento ajeno como combustible para su maquinaria política, como si la destrucción del pueblo fuese un recurso legítimo y la devastación del territorio una herramienta aceptable para sostener un poder que ya no puede sostenerse sin recurrir al desastre.

Madrid no arde sola: arde la decencia, arde la ética pública, arde la humanidad que debería unir incluso a los adversarios políticos cuando el pueblo sufre, y la falta de humanidad revela la estrategia criminal tras las intenciones verdaderas de un gobierno que tantos identifican como una estructura que opera con la lógica de una organización criminal. Así, mientras el fuego devora hogares, algunos celebran la oportunidad de señalar a Ayuso como si la tragedia fuese un argumento y no una vergüenza, confirmando que la estrategia es tan evidente como inmoral: destruir el territorio para desgastar a quien lo defiende.

RES NON VERBA. Hechos, no palabras.

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.

Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela

Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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