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Hay personajes que pasan a la historia por sus logros y otros que se empeñan en quedarse en ella por el mero eco de sus peroratas. En el Olimpo de la contradicción patria, el denominado histriónicamente marqués de Galapagar ostenta, sin duda, la corona indiscutible. Es el arte de la pirueta política llevado a su máxima expresión: ese extraño fenómeno por el cual un histrión de manual, surgido de las mismas barreduras y del desencanto legítimo del 15-M, logró la cuadratura del círculo. A saber: convertir la ignorancia ajena en su mayor club de fans y transmutar a los legítimamente ilusionados en perfectos e incurables ilusos.
Todo ello, por supuesto, aderezado con esa pátina de superioridad intelectual de quien confunde a Einstein con Newton en mitad de sus lerdas y solemnes homilías. Qué más da la física cuántica o la gravedad cuando lo que verdaderamente importa es la gravedad del tono. Lo crucial era epatar al personal, asustar a la burguesía desde la pantalla mientras se calculaba, al milímetro, el precio del metro cuadrado en la sierra madrileña.
La trayectoria es digna de estudio. Se presentaban como los azotes de la casta, los adalides de los desfavorecidos, los guardianes de la pureza obrera. Pero el tiempo, ese juez implacable que no atiende a consignas de partido ni a guiones televisivos, ha terminado por desnudar la tramoya. El relato se sostiene mal cuando la hipocresía de la explotación te estalla en las manos. Es paradójico —con esa fina ironía que da la realidad— que quienes venían a liberar al proletariado hayan terminado sistemáticamente denunciados por sus propios trabajadores. Desde escoltas convertidos en recaderos de la intendencia doméstica hasta la última aventura mediática financiada con el bolsillo de los de siempre.
Porque esa es la clave del negocio compartido con la bocazas Montero: vivir del cuento exige una renovación constante de la mercancía. Cuando se desgastó el escaño y el chalé perdió el brillo de la novedad revolucionaria, hubo que inventar el siguiente escenario. Así nació Canal Red, la enésima trinchera catódica diseñada no para informar, sino para mantener encendido el altar del ego. Un proyecto que, cómo no, sigue el mismo patrón de sus predecesores: discursos encendidos sobre los derechos laborales de puertas para afuera, y precariedad para los de adentro.
Lo asombroso de este serial no es el personaje en sí; al fin y envuelto en su propia decadencia, el guion ya es predecible. Lo verdaderamente repulsivo es la inagotable cantera de incautos que todavía acude a la llamada. Es ese misterio sociológico por el cual siempre se encuentra un grupo de irreductibles idiotas dispuestos a financiar la próxima explotación, a aplaudir el siguiente agravio ficticio y a comprarle el enésimo jardín al profeta de la infalibilidad.
Al final, despojado del ruido, las tertulias y los delirios de grandeza, queda el retrato de la vieja picaresca española adaptada al siglo XXI: dos burgueses de manual viviendo plácidamente del mito que inventaron para otros, mientras el mundo real sigue girando, muy a su pesar, bajo las leyes de Newton. O de Einstein. Qué más da, si el presupuesto sigue cubierto. Y luego los fascistas son los demás…
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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