Resumen: En este artículo se revisa críticamente la atribución y acusación frecuente de Francisco Suárez como precursor o representante del probabilismo moral, doctrina originada en Bartolomé de Medina. A partir de un análisis textual del tratado De bonitate et malitia humanorum actuum (Disputatio XII), se demuestra que Suárez no comparte los principios esenciales del probabilismo, sino que los refuta de modo explícito. Mientras el probabilismo enseña que, en caso de duda, basta una opinión probable —aunque menos fundada— para actuar lícitamente, Suárez sostiene que la voluntad recta requiere un juicio cierto y práctico de la conciencia, y que obrar con duda es intrínsecamente malo. El jesuita exige que toda probabilidad se funde en autoridad, razón y doctrina común, y que se prefiera siempre la opinión más segura en orden a la justicia y la caridad. Así, su pensamiento no solo se distingue del laxismo moral, sino que anticipa la postura prudencial de San Alfonso María de Ligorio, quien, apoyándose en Suárez, elaborará más tarde un sistema equilibrado frente al probabilismo. El artículo concluye que Suárez no es padre ni promotor del probabilismo, sino su crítico más temprano y sistemático dentro de la escolástica tardía.
Palabras claves: Escolástica, ética, filosofía, filosofía hispana, Francisco Suárez, Jesuitas, moral, probabilismo, tomismo.
Introducción
No es nada nuevo uno leer o escuchar decir que Suárez es un representante de la doctrina del probabilismo. Esto lo encontramos en enciclopedias católicas[1] y hasta en libros enfocados en la piedra angular del probabilismo[2], Bartolomé de Medina: “El probabilismo fue sostenido, dijimos, fundamentalmente por la orden jesuita —Luis de Molina y Francisco Suárez”, sentencia el autor al respecto.
Pero hay una sentencia mayor que causa estupor:
“Con el dominico Medina (1528-1580), profesor de Salamanca, y el jesuita Suárez (1548-1617), que enseñó sucesivamente en Roma, en Alcalá, en Salamanca y en Coimbra, y al que hemos encontrado a menudo, el probabilismo adquiere carta de naturaleza. […] La revolución moral, de origen español, y cuyos iniciadores fueron Medina y Suárez, consistió en la afirmación de que, en caso de duda, puede seguirse cualquier opinión simplemente probable.”[3]
Se ha puesto como germen a Suárez, junto a Medina, como el iniciador del probabilismo y, más resaltante aún, en comunión con una sentencia, a saber, que, en caso de duda, puede seguirse cualquier opinión simplemente probable. ¿Es esto verdad?
Medina y el probabilismo
Ya hemos visto cómo, en la cita previa, Medina plantea que, en caso de duda, puede seguirse cualquier opinión simplemente probable, lo cual se confirma con la cita textual del propio Medina: «si una opinión es probable, es lícito seguirla, aunque la opinión contraria sea más probable”[4].
Así, tenemos a distintos autores que exponen al probabilismo:
“Es bastante difícil sintetizar con precisión la esencia del probabilismo moral, pero haremos un intento que será enormemente clarificado con los ejemplos que presentaremos. El origen de esta doctrina moral suele fijarse en el dominico P. Bartolomé de Medina, que escribió en 1577, comentando la Prima Secundae de Santo Tomás: «si una opinión es probable, puede seguirse, aun cuando la opinión opuesta sea más probable». Se refería al caso de una duda ante la moralidad de una acción. Si el silogismo práctico por el que debe regirse la conciencia no llega a una conclusión cierta, pueden darse distintas posibilidades de acción justificadas con diversos razonamientos. Lo que proponía Medina, o al menos así lo entendieron los probabilistas, es que sería lícita moralmente cualquier acción que tuviera una razón probable, aunque hubiera otras más probables.”[5]
También tenemos otra exposición esclarecedora:
“El “probabilismo” es una teoría moral que dice que, en el caso en que sea dudoso si una ley se aplica o no se aplica a un caso concreto, para sentirse libre de hacer lo contrario de lo que manda la ley alcanza con alguna razón probable, aunque sea menos probable que las razones para hacer lo que la ley prescribe.[6]”
Tal como vemos, las implicancias del probabilismo, por lo menos de manera clara, evidente y directa según las citas expuestas, al cual supuestamente Suárez se suma como su fiel seguidor y caballero, serían:
- El probabilismo afirma la idea de actuar sin certeza práctica.
- El probabilismo afirma la idea de actuar bajo conciencia de duda.
- El probabilismo se conforma con alguna probabilidad de una opinión, así esta no sea la más probable, para actuar.
Ante estos puntos nos preguntamos ¿Suárez defiende estos 3 puntos?
¿Suárez enseña los 3 puntos esenciales del probabilismo?
Para responder, dejaré que el mismo Suárez responda con sus propias palabras al castellano[7].
¿Suárez enseña la idea de actuar sin certeza práctica?
No, pues dice:
“Para que la voluntad sea recta, es necesario que siga un juicio cierto de la conciencia práctica acerca de la honestidad del objeto y de la acción […] no basta una conjetura probable.”
— F. Suarez, De bonitate et malitia humanorum actuum, Disp. XII, Secc. III, n. 2.
Suárez rechaza que se suficiente una mera “razón probable” para obrar pues exige una certeza práctica, a saber, un asentimiento moralmente firme en la conciencia. Esto destruye el núcleo del probabilismo de Medina, que permite actuar con simple probabilidad, para un acto bueno. Tal como vemos en la cita, para Suárez, contra lo que muchos al parecer desconocen o niegan[8], la voluntad no puede ser buena si se apoya en un juicio conjetural: la acción debe estar fundada en una razón suficiente para excluir el peligro moral de malicia.
¿Suárez enseña la idea de actuar bajo conciencia de duda?
No, primero enseña en qué consiste esta conciencia dudosa:
“Primero, de forma práctica, en el juicio último sobre la acción. A esta la llamo formal y esencialmente dudosa. Esta conciencia, a diferencia de otras, en realidad no incluye un juicio práctico positivo, sino más bien una carencia o suspensión del juicio sobre si la acción es honesta o deshonesta. Se llama «conciencia dudosa» en sentido reductivo, del mismo modo en que en moral se reduce la privación a un concepto positivo. O bien puede llamarse así cuando alguien, a pesar de su duda sobre si algo es honesto o deshonesto, juzga que debe actuar, aunque con esa duda. Esta también se llama conciencia dudosa, aunque sea un juicio que se toma en medio de la incertidumbre.”
— F. Suarez, De bonitate et malitia humanorum actuum, Disp. XII, Secc. II, n. 7.
Luego sentencia:
“Porque el hombre está obligado en sus acciones a evitar, en la medida de lo posible, todo peligro de pecado. Y en este sentido dicen frecuentemente los juristas, como se citará más adelante en sect. 5, dubio 6, que «en las cosas dudosas se debe elegir la parte más segura». Y a lo mismo se puede aplicar aquello de Gregorii, lib. 8, epistola 30: “Es grave e indecoroso emitir un juicio definitivo en un asunto dudoso.” Lo cual se refiere en cap. Grave, 11, quaest. 3. Por tanto, para que el hombre obre correctamente desde el punto de vista moral, es necesario excluir todo tipo de duda y de peligro de malicia; y esto no se consigue sin un juicio cierto, al menos práctico.”
— F. Suarez, De bonitate et malitia humanorum actuum, Disp. XII, Secc. III, n. 2.
Y vuelve rematar por si ha quedado duda:
“[…] siempre que el hombre duda de este modo si una acción es buena o mala, mientras que en la omisión no teme mal alguno, está siempre obligado a omitir tal acción. […] no es lícito obrar con tal duda, ya que el hombre se expone al peligro de pecar; por tanto, debe abstenerse por completo, dado que ese camino es el único seguro para evitar todo peligro. Algunos, sin embargo, limitan esta regla cuando de tal omisión se sigue algún daño grave, pues parecería demasiado gravoso obligar al hombre a sufrir un daño cierto por una duda incierta; pero formal y propiamente hablando, no es posible ninguna limitación, porque obrar con una conciencia así dudosa es siempre intrínsecamente malo, como se ha mostrado.”
— F. Suarez, De bonitate et malitia humanorum actuum, Disp. XII, Secc. V, n. 2.
¿Suárez enseña que, para actuar, es suficiente alguna probabilidad de una opinión, así esta no sea la más probable?
No, pues Suárez enseña:
“Cuando las opiniones versan sobre las cosas mismas… el hombre muchas veces está obligado a preferir la opinión cierta a la probable, y la más probable a la menos probable, cuando por justicia o caridad debe evitar daño o peligro.”
— F. Suarez, De bonitate et malitia humanorum actuum, Disp. XII, Secc. VI, n. 10
Y añade:
“Finalmente, es cierto que un juicio especulativo probable, cuando no se presenta nada más cierto o más probable en sentido contrario, basta para formar una conciencia práctica verdadera y cierta. Esto se sigue del principio: “El hombre obra prudentemente conforme a un conocimiento probable, cuando no puede alcanzar otro mejor.”
— F. Suarez, De bonitate et malitia humanorum actuum, Disp. XII, Secc. VI, n. 4.
Es más, considera que para que una opinión sea probable, no basta con la subjetividad del parecer probable, sino más bien enseña que:
“[Es] opinión probable aquella que se apoya en alguna autoridad digna de crédito (lo cual en materia moral tiene gran peso) y que no contradice ni las verdades recibidas por la Iglesia, ni la razón evidente, ni tampoco se opone temerariamente a la doctrina común y recibida de los doctores. Por tanto, cuanto más una opinión participe de ambas condiciones (autoridad y conformidad con la verdad o la doctrina común), tanto más probable será.”
— F. Suarez, De bonitate et malitia humanorum actuum, Disp. XII, Secc. VI, n. 1.
En definitiva, Suárez no está enseñando la subjetividad de la probabilidad por la probabilidad, sino que impone un criterio objetivo, a saber, debe preferirse la opinión cierta a la probable, la más probable a la menos probable, siempre teniendo en cuenta a la más segura (en función de la justicia y la caridad), descartando toda opinión que no sea apoyada en alguna autoridad digna de crédito y que vaya en contra de las verdades recibidas por la iglesia la razón evidente y la doctrina común.
Reflexión
Suárez no enseñó el probabilismo, pues ha negado los 4 puntos fundamentales propios, explícitos y más inmediatos de la enseñanza del probabilismo. De hecho, se puede ver que Suárez no le dio mucha importancia, a comparación de pequeños tratados donde se abordaba la cuestión de manera íntegra. Pero el pensamiento de Suárez no podía no estudiar lo ya enseñado por Medina, dominico, no podía dejar pasar ese probabilismo sin detectar sus errores, purgándola, dejando tanto provecho que más adelante el mismo S. Alfonso María de Ligorio termine el trabajo que Suárez empezó (lo podemos saber en base a las citas que el santo usa de Suárez para sostener sus propias opiniones). Hemos también de ver que Suárez se adelantó a su época, pues estaba mostrando los errores del probabilismo cuando muchos de sus compañeros de la compañía, el p. Vázquez, por ejemplo, que dictaminó que “Me parece verdadera la opinión que sigue Bartolomé de Medina, y que ya mucho antes que él fue común en las escuelas”[9].
Conclusión
Por todo esto podemos decir que Suárez no enseñó el probabilismo, ni es uno de sus representantes, ni que compartía sus ideas con Medina (más bien lo corrigió), mucho menos de que es el padre del probabilismo. Con todo esto, queda sin piso aquella otra acusación que pretende presentar al padre Suárez, doctor eximio y piadoso, como el culpable de que el probabilismo conquiste las escuelas de la época… Entre el Suárez de sus escritos y la caricatura de Suárez hecha por algunos, me quedo con el Suárez de sus escritos.
NOTAS AL PIE DEL DOCUMENTO
[1] https://www.newadvent.org/cathen/12441a.htm : “Francisco Suárez, a quien se considera un probabilista”.
[2] J. Sanchez G., Bartolomé de Medina, Estudio Crítico FIL, Madrid 2019, p. 93. https://archive.org/details/bartolome-de-medina/mode/2up
[3] J. Delmeau, La confesión y el perdón, Alianza Universidad 1992, Madrid, p. 117.
https://archive.org/details/delumeau-jean.-la-confesion-y-el-perdon-ocr-1992/page/n1/mode/2up
[4] Expositio in 1am 2ae S. Thomae.
[5] P. F. J. Delgado, Amoris laetitia, una victoria pírrica del probabilismo moral, Blog: Más duro que en el pedernal, Infocatólica. https://www.infocatolica.com/blog/duropedernal.php/1708270246-amoris-laetitia-una-victoria
[6] N. Martinez, Algunas reflexiones sobre actos intrínsecamente malos, ley natural, prudencia, casuística y discernimiento, Blog: No sin grave daño, Infocatólica. https://www.infocatolica.com/blog/praeclara.php/2207111254-algunas-reflexiones-sobre-act#more42886
[7] Esperemos que nieguen esto más por desconocimiento que por malicia.
[8] Vazquez, Comm. in a1-2ae, Disp. 62, c. 4, n. 14.
[9] Vazquez, Comm. in a1-2ae, Disp. 62, c. 4, n. 14.
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