Mucho se está diciendo, y lo que falta por decir, sobre el terrible ¿accidente? de Adamuz, pero echo en falta una reflexión que considero esencial, así que la haré yo.
¡¡Cuán frágil e imprevisible es la condición humana!!
Se subieron al tren con un fin, ilusionados o simplemente resignados, cada cual según ese fin. Unos activos, otros anodinos. Todos pensando en qué harían cuando llegaran… pero no llegaron. Sorpresas te da la vida. Unos quedaron en las vías para siempre, otros inválidos también para siempre y otros salvaron vida e integridad física. Todos cumplieron, sin saberlo, con su destino, ese que Dios tiene escrito para cada uno de nosotros.
Los fallecidos, entregaron el cuerpo, pero también el alma y pasaron directamente a sentarse en el banquillo de los acusados, a ser juzgados y ya han sido sentenciados. ¿Cuántos de ellos condenados para la eternidad? No lo sabemos y ojalá que ninguno. ¿Cuántos están ya en el Purgatorio purificándose? No lo sabemos, y ojalá que pocos y por poco tiempo. ¿Cuántos en la Gloria? Deseamos que todos, pero tampoco lo sabemos. ¡Cuán frágil e imprevisible es la condición humana!
Los heridos, algunos quedarán tullidos para siempre, han visto sus vidas truncadas y tendrán que asumir su nueva condición, su inesperada cruz, que en no pocos casos será, sin duda, muy pesada. ¿Podrán? ¿Y sus familiares más directos? ¡Cuán frágil e imprevisible es la condición humana!
Los indemnes, dirán que han vuelto a nacer, pero ¿realmente serán conscientes de tan trascendental hecho? ¿Serán conscientes de que pudieron acabar allí? ¿Sabrán emplear esta segunda oportunidad? Dependerá de cada uno, pero a quién no lo haga, cuando le llegue el momento, que le llegará, se le recordará este segundo nacimiento, esta gran segunda oportunidad y su juicio será más duro.
No he visto a nadie, ni siquiera a la Iglesia, a los obispos, a los curas, aprovechar tan terrible circunstancia para remover las conciencias, para recordar cuán frágil e imprevisible es la condición humana, para advertir que hoy te montas en un tren y no llegas o te cae una pesada cruz para siempre o se nos da una segunda oportunidad. Si todo ha sido causa de la corrupción, ineptitud y de la negligencia, los que deben velar en toda circunstancia, en estas especialmente, por las almas, están pecando también de corrupción, ineptitud y negligencia al no aprovechar lo ocurrido para salvar las almas de los heridos y de los indemnes.
PD.- Sobre el «funeral de Estado» mucho me temo que como los varios que llevamos a cuestas será una pantomima laica, si no masónica, o sentimentaloide, superficial y vacua en la que el obispo de turno no cumplirá con su deber de golpear las conciencias de los vivos recordando que todos hemos de morir cómo, cuándo y dónde Dios quiera o que debemos cargar con nuestras inesperadas cruces o que Dios en Su infinita misericordia cuando nos ve perdidos nos da segundas oportunidades que no podemos desaprovechar porque muy posiblemente no habrá una tercera.
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