28/03/2025 21:44

Estos últimos días los medios de comunicación se han hecho eco de la penúltima concesión infame del Gobierno que padecemos al separatismo catalán, y en concreto a una de sus sucursales más fuertes, es decir a Junts, o sea, el partido del prófugo de la Justicia, Carlos Puigdemont, también conocido por “Cocomocho” y “Puchi”.

La citada concesión, como ya es conocido por todos, consiste en el reparto de los tristemente famosos menas, ya saben, esos “pobrecitos” menores no acompañados, que violentan un día sí y otro también nuestra frontera sur, ya sea en Ceuta y Melilla, en las Canarias, en las Baleares, o en las costas del sur de España, entrando ilegalmente en nuestra Patria y con el beneplácito criminal del Gobierno de Sánchez el Profanador.

Así pues, el Gobierno del traidor Sánchez ha acordado modificar el art 35 de la Ley de Extranjería, relativo a los inmigrantes menores no acompañados, con un partido político separatista, Junts, que se ha caracterizado desde el minuto uno de su fundación en tratar de conseguir la independencia de Cataluña.

Y para conseguir dicho objetivo criminal no ha dudado dicho partido en dar un golpe de Estado en el año 2017, junto con otras fuerzas políticas rojo-separatistas, y por lo tanto antiespañolas, como Izquierda Republicana de Cataluña (ERC) y la Candidatura de Unidad Popular (CUP). Dicho golpe aunque no triunfó plenamente, tampoco se puede decir que haya fracasado totalmente, pues una buena parte de sus protagonistas como Junqueras, Puigdemont, y otras malas hierbas del separatismo catalán siguen conspirando impunemente contra la nación española, y no se cansan de decir que lo volverán a hacer en cuanto tengan ocasión para ello.

Volviendo al escandaloso acuerdo Gobierno – Junts, que más que Junts per Catalunya, bien podría llamarse Junts contra Espanya, parece que en virtud del mismo a Cataluña irían a parar veintitantos menas, mientras que a Madrid, la capital del Estado “represor” español vendrían más de setecientos, con lo que salta a la vista que Madrid sufriría un trato especialmente discriminatorio, injusto, e inmoral.

Los malnacidos representantes del infecto Junts alegan para tratar de justificar lo injustificable, que en Cataluña ya tienen demasiados menas, y que por lo tanto es normal que ellos se queden sólo con unos pocos, mientras que a Madrid vaya a parar un número considerablemente mayor, como si aquí apenas los hubiera y no los viéramos circular por todas las partes.

Conviene recordar que estos miserables políticos separatistas catalanes ya desde hace muchos años, en concreto desde la época en que el sinvergüenza Jordi Pujol, “el español del año” como lo calificó Anson en el arrastrado periódico ABC en el año 1984, ocupaba la presidencia de la Generalidad catalana, fomentaron la inmigración a Cataluña de personas de origen magrebí y subsahariano, en detrimento de las de procedencia hispanoamericana. Esa política se ejecutó con la aviesa idea de que serían más fácilmente manejables a la hora de someterla a la discriminatoria e indecente inmersión lingüística catalana, cosa que sería más difícil hacerlo con los hispanoamericanos, al tener como lengua materna el español, idioma que esta gentuza separatista trata de desterrar de Cataluña por todos los medios.

Por todo ello quedaría demostrada la hipocresía de los mencionados políticos separatistas cuando alegan ese tipo de razones, pues ellos han sido los primeros que han convertido a Cataluña en “Cataluñistán” y en que al final, dentro de no muchos años, la lengua más hablada en el Principado acabe siendo no el catalán, sino el árabe. No es ninguna exageración, no hay más que ver los gravísimos sucesos promovidos hace pocos días por los islamistas en Salt, los cuales me temo que van a producirse con más frecuencia, dada la inoperancia absoluta tanto del Gobierno de Sánchez, como de su esbirro Salvador Illa, al frente de la Generalidad catalana.

Por otra parte, no puede olvidarse que una buena parte de esos menas, que desbordan completamente la capacidad del Gobierno canario para afrontar esa dramática situación, protagonizan numerosos actos delictivos contra la integridad y la propiedad de los españoles, cometiendo robos, agresiones, violaciones, desórdenes públicos, etc. en un número cada vez mayor. Pero como dijo demagógicamente, hace unos años, en un mitin de Podemos la dirigente andaluza de ese mugriento partido, Teresa Rodríguez, “Son nuestros niños”.

Esos actos delictivos, como todo el mundo sabe, quedan impunes para más inri, pues con la excusa de que son menores de edad, el Código Penal vigente los exime de responsabilidad penal. Aunque, como ha quedado demostrado en muchas ocasiones, esos supuestos menores de edad no lo son, pero como si lo fueran, dado que hay un descontrol enorme respecto a la comprobación de la edad real de esos individuos.

Asimismo, pienso que la única manera de atajar este gravísimo problema de la presencia indeseable de los menas en España sería la devolución de los mismos a sus países de origen, pues en el caso de muchos de ellos se sabe que vienen sobre todo de Marruecos, y también de Argelia. Y respecto de los que no hay constancia segura de su origen, el Estado debería tenerlos a buen recaudo indefinidamente hasta que se consiguiera averiguar su origen o, en su defecto, hasta que ellos mismos pidiesen su repatriación cuando comprobaran que no iban a poder quedarse de ninguna manera en España.

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Finalmente, considero que si en España hubiera un Gobierno digno de tal nombre, y no una banda mafiosa, que es lo que por desgracia tenemos, que velase realmente por los intereses de los españoles, ese Gobierno impediría a toda costa el desembarco constante de las pateras y los cayucos, invadiendo diariamente las islas Canarias, y también las Baleares, así como las costas andaluzas desde Almería hasta Huelva. Eso sin olvidar los frecuentes asaltos a la valla fronteriza en las ciudades españolas de Ceuta y Melilla.

Si no se desarrolla esa política defensiva de contención, que me expliquen estos politicastros del Sistema, y no sólo del Gobierno, sino también de la oposición pepera, para qué demonios queremos la Armada, ¿para desfiles navales?, ¿para misiones internacionales a cientos y miles de millas de nuestras costas, como mamporreros al servicio de la OTAN, que no de España?

Sólo con una política de firmeza, disuasoria, sin contemplaciones ni medias tintas, en la defensa de nuestras fronteras podrá revertirse la gravísima situación actual de inseguridad y desprotección de España en su frontera sur. De lo contrario, nuestra querida Patria acabará sufriendo otra trágica situación como la del año 711, año en que cualquier persona con un mínimo de cultura sabe que fue el comienzo de la invasión musulmana de España, y que sólo casi ocho siglos después se consiguió erradicar definitivamente con los magníficos Reyes Católicos, que esos sí que eran reyes de verdad.

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