Los incidentes de Torre-Pacheco, una población de 40.000 habitantes de los cuales 12.000 son extranjeros y de ellos el 75 por ciento musulmanes, mayormente marroquíes, cifras que lo dicen todo, han dejado en evidencia, una vez más, a unos y a otros, a todos los que han participado de una u otra forma, directa o indirectamente, no sólo en los incidentes, sino en las cifras citadas que no son de ahora.
Han quedado en evidencia de lo que realmente son los vándalos que le dieron la paliza al anciano. ¿Es que hacen falta más pruebas como esa u otras, y no se sabe ya cuántas de violaciones y otros crímenes que llevan cometidos, para que nos demos cuenta de cómo son y de cómo van a seguir siendo? Lo que no hacen en sus países porque el que la hace la paga ipso facto y muy caro, lo hacen aquí porque se saben impunes.
Han quedado en evidencia nuestros dirigentes de todo color y nivel, partidos y sindicatos, que desde hace medio siglo vienen prodigando políticas inmigratorias manifiestamente antinacionales, injustas, discriminatorias para los españoles, repartiendo regularizaciones, nacionalidades y cantidades ingentes en subvenciones gubernamentales, autonómicas y municipales a quienes ni las merecen, ni las agradecen, sino todo lo contrario, viven, y cada día más y mejor, de ellas, a costa de nuestros lomos, del de nuestros padres y abuelos. Los partidos de Torre-Pacheco, por venir al caso, son muestra de lo dicho, porque el pueblo no habría llegado a las cifras citadas al principio si ellos no lo hubieran impulsado; bueno, y con ellos también se han retratado sus votantes, los mismos, no lo duden, que hoy tanto se indignan.
Han quedado en evidencia los medios que lo son de desinformación, manipulación y confusión, vendidos todos ellos –propietarios, redactores y plumillas– al poder con independencia de su pretendida línea editorial, cuya actuación ha sido, una vez más, deplorable, tirando contra los propios y defendiendo a los contrarios.
Han quedado en evidencia los miembros de las fuerzas de orden público, buenos para nada, cuyas actuaciones, de las que hay otros cientos de pruebas igual de incuestionables, siendo las de Torre-Pacheco más de lo mismo, no es que dejen que desear, no, sino peor aún, es que son la muestra de que no valen porque no quieren valer, porque lo que quieren es lo que hacen, estar al servicio del mismo poder corrupto y degenerado que cada día destruye España un poco más. Prueba de ello es cómo se han empleado a fondo contra los que protestaban, aplastándolos, defendiendo así a sus enemigos.
Ha quedado en evidencia la Iglesia que confunde caridad con estupidez que, con su Cáritas y otras instituciones, que viven también de las subvenciones, y sus predicas nada evangélicas, con ese querer legalizar ilegales a mansalva, confunde a los fieles, dispersa a las ovejas y colabora con esos dirigentes en nuestra destrucción como nación, raza y pueblo, así como la de nuestras almas.
Han quedado en evidencia las FFAA que colaboran activamente con la invasión (especialmente la Armada) y además se sienten orgullosos de ello, mientras se distraen por medio mundo sirviendo a los intereses de los mismos que están detrás de la invasión, mientras huyen del peligro, cada día más real, que supone nuestro único enemigo, ese mismo cuyas huestes, disfrazadas, nos invaden sin que las FFAA hagan nada, sino todo lo contrario, imitan a los que un día de 711 traicionaron a la Patria facilitando aquella invasión que, sépanlo bien, en nada se diferencia de la de hoy, sí, en nada, porque su fin es el mismo: nuestra destrucción y sometimiento.
Ha quedado en evidencia el propio pueblo español que viene tragando, aceptando, apoyando e incluso impulsando –y con entusiasmo– a todos los anteriores en sus desvaríos, a pesar de que sólo él sufre las consecuencias, porque todos los demás se van siempre de una u otra forma de rositas. La reacción, como la de Torre-Pacheco, cuando ha llegado, ha sido tardía e ineficaz, se ha apagado tan rápido como surgió, y no se aprenderá de lo ocurrido, por lo que para nada valdrá, porque el pueblo, sepultado por una tiranía partitocrática de la que ya es muy difícil deshacerse, se resigna a estar sometido a lo peor de lo más bajo que produce nuestra sociedad o que nos llega de fuera. Vean, si no, a los españoles de fiesta, bebiendo y comiendo como si nada ocurriera, engordando para el día, cada vez más cercano, en que será llevado al matadero sin remisión. Vean, si no, cómo el anciano apaleado ha renunciado a denunciar los hechos. Y verán, sí, ya lo verán, cómo en las próximas elecciones, sean las que sean, PP y PSOE volverán a recoger en Torre Pacheco la mayoría de los votos.
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O sea que han quedado en evidencia «sus» dirigentes, los medios de manipulación (que no de información), las fuerzas de orden público, la Iglesia (no distingue entre prelados y fieles que tienen que soportarlos como una cruz añadida), las FFAA (aquí sí distingue, cita la Armada) y al pueblo (en especial a los votantes de PP y PSOE).
¿Y no han quedado en evidencia los empresarios que llevan demandando trabajadores y dando trabajo a inmigrantes desde hace un cuarto de siglo?
Esos empresarios (agrícolas, ganaderos, de la construcción, talleres, hosteleros, establecimientos de ocio y turismo, empleadores de servicios domésticos, canteras, industrias de bienes de consumo, etc.), ¿no han quedado en evidencia durante varias décadas, cuando el efecto llamada ha sido principalmente empresarial? Nos han traído millones de inmigrantes para hacerse ricos y ahora escapan de toda acusación. Ole sus cojones. Menudos mercaderes.
No se puede ser cristiano católico a medias, denunciar unas cosas y silenciar otras. Eso es más propio de judíos hipócritas fariseos o bien de luteranos y calvinistas todo por el dinero. Hay que ir a fondo.
Si en Torre Pacheco hay 12000 inmigrantes, no es de suponer que los 12000 vivan de subsidios de los gobiernos. Es imposible. Como Torre Pacheco hay cientos de pueblos en España. Más bien, la Unión (soviética) Europea, pagará a España millones de euros para retener los inmigrantes aquí el máximo tiempo posible a cambio de otras ayudas multi trillonarias para pagar pensiones, sueldos de funcionarios, subvenciones a empresas de todo tipo, etc., pues España está ya quebrada y sobrevive del erario europeo a conveniencia política de sus comisarios. Entiéndase, si España tratase de auto financiarse, tendría que declararse el socialismo soviético, la estatalización de toda la economía, pues es insostenible con el sector privado y su aportación impositiva, también muy socialistizado o subvencionado. España ya es un país socialista y los depósitos bancarios corren un peligro enorme de expropiación para pagar el Estado que tiene.
¿Cómo es posible que haya tantísimos inmigrantes en un pueblo eminentemente agrícola?
¿No será que esa inmigración ha venido interesando a muchos empresarios agrícolas debido a que el coste laboral que les suponen los inmigrantes, legales o ilegales (incluso mucho mejor éstos últimos, sometidos a chantaje de denuncia por situación irregular), y el grado de exigencia laboral de los mismos, viene siendo mucho menor que el de los españoles?
La inmigración en España comenzó a afluir en masa durante los gobiernos de Aznar. Anteriormente fue residual. Y la inmigración ha llegado por un potentísimo efecto llamada empresarial en todos los sectores de la economía española: agrícola, construcción, industrial y de servicios de ocio y turismo.
Vamos a ver si entendemos bien esto.
Un inmigrante legal es aquel que trabaja «legalmente», conforme a legislación laboral vigente, para un empleador o empresario español o extranjero en suelo Español porque a éste le resulta rentable o servicial y, además, paga impuestos y seguridad social. Esto es lo que importa en el debate social, independientemente de que sea una persona honesta, honrada y trabajadora, sea que viole, robe o maltrate a españoles, guarree las calles (meando y defecando en las mismas, tirando la basura por cualquier lado, vomitando, etc.), haga ruido molestando a los vecinos, genere inseguridad, amenazas, insultos y todo tipo de insultos, atacando y robando violentamente incluso ancianos totalmente desamparados atemorizados que no denuncian por evitar represalias posteriores cuando salgan, pronto como de costumbre, de la cárcel tras cumplir una ridícula condena.
Un inmigrante ilegal tendrá un incentivo mucho mayor a trabajar más horas, con menor salario, a esforzarse laboralmente más, a meterse en menos líos, a pasar más desapercibido en la sociedad y a protestar y generar menos conflictividad por miedo a ser repatriado, al menos hasta que consigue la nacionalidad española, pues entonces todo cambia y se pueden volver violentamente reivindicativos, revanchistas, vengativos con su anterior situación, ya seguros de no ser expulsados de España, además de ser fuertemente respaldados por un ejército de abogaduchos y politicastros rojos y antiespañoles que les alientan a denunciar cualquier negativa a sus caprichos y privilegios bajo la soviética y policial acusación de «racismo», que causa un efecto en quien la soporta similar a la acusación de espía, boicoteador, enemigo del pueblo, fascista, etc. en la URSS de los tiempos de Lenin hasta los de Gorbachov, una condena a muerte social, vamos.
Aquí lo que parece importar no es que un inmigrante viole, robe, mate, agreda, insulte, ensucie, dañe, haga la vida imposible a sus vecinos, chantajee con su victimismo, etc., no, eso no importa. Lo único que importa es que sea legal, que pague impuestos y seguridad social. Lo otro no parece importar, es como secundario, de otro modo no se defendería a los inmigrantes legales frente a los ilegales o frente a los españoles que se comportan como los inmigrantes maleantes, que quizá deberían ser los primeros en ser expulsados como antaño se hizo sin contemplaciones con moros, judíos, moriscos, franceses y rojos brigadistas internacionales.
¿Acaso una violación, de las muchas que se producen todos los días en España, por desgracia, por parte de los inmigrantes, es menos grave porque el inmigrante violador en cuestión sea un operario en una planta de reciclaje de basuras o un jardinero en la mansión de un acaudalado español, por lo tanto inmigrante legal, frente a una violación cometida por un inmigrante ilegal?
Los inmigrantes legales, ¿no violan, no matan, no roban, no agreden, no dañan personas y propiedades ajenas, no son okupas, no ensucian llenando de vómitos, orines, excrementos, basura, etc., las calles, no hacen ruido, no son irrespetuosos con los vecinos, no trafican con droga, no son proxenetas, no maltratan a sus mujeres e hijos, etc.?
¿No serán incluso peores los legales que los ilegales, o al menos, iguales?
Por poner un ejemplo. Supongamos que cualquiera de los redactores de este medio o de los lectores sufriesen, Dios no lo quiera, la violación de su madre, esposa, hija o mujer familiar. ¿Le parecería menos grave esa violación si el inmigrante es legal frente a la realizada por uno ilegal o por un español de izquierdas? Claro que NO. Luego eso de distinguir entre inmigrantes legales e ilegales es tan judío hipócrita fariseo que no admite discusión alguna.
España no tiene obligación moral alguna de acoger en su territorio inmigrantes legales o ilegales que vengan de naciones de pasado francés, inglés, belga, holandés, etc. Los inmigrantes han de ser acogidos en su antigua metrópoli. Es la antigua metrópoli la que ha de hacerse cargo de los inmigrantes.
España sí tiene el deber moral de acoger a los españoles, españoles, que no inmigrantes, procedentes de las 19 naciones de pasado español, es decir, de Hispanoamérica, de Guinea Ecuatorial y del Sahara, nada más, porque esas naciones no deberían ser consideradas de otra forma que provincias de España y no se debería abandonar jamás el propósito de volver a unir en una Gran España a todas esas naciones de españoles con España, su madre patria.
Y los prelados de la Iglesia, que se preocupen de evangelizar (que no politizar) con sus misioneros los países de origen de la inmigración, para que no tengan que venir a Europa y en sus países de origen puedan vivir dignamente como Dios manda, pero que se dejen de ejercer como funcionarios de política exterior, que para eso no fueron llamados a su santísima vocación. Si quieren hacer política o misión burocrática funcionarial, que dejen los obispados y que se afilien a sus partidos políticos respectivos o que opositen a la ONU.