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Descubre en su nuevo libro una faceta desconocida de D. Bosco, su lucha contra el espiritismo

Luis Santamaría, natural de Zamora (España), es licenciado en Teología y máster en Ciencias de las Religiones. Imparte formación sobre el fenómeno sectario en diversas entidades, entre las que destaca el Máster en Análisis de la Conducta Criminal de la Universidad de Salamanca. Además de ser un escritor prolífico acerca de esta temática, dedica gran parte de su tiempo a ayudar a víctimas y familias afectadas por las sectas.

Le entrevistamos a raíz de la publicación de su último libro La serpiente seductora. Don Bosco y el espiritismo.

¿Qué le llevó a desenterrar esta faceta de Don Bosco?

Un hecho tan puntual como lamentable: la gira por España de una médium argentina, Noelia Pace, que se ha hecho popular gracias a la complicidad de muchos medios de comunicación que la entrevistan y publicitan a bombo y platillo asegurando que “llena teatros” difundiendo sus enseñanzas esotéricas sobre el más allá de la muerte. Para mí, habría pasado como una más de tantas actividades en este ámbito… si no fuera porque una de las paradas de su espectáculo “Mediumnidad” acaba de tener lugar, el pasado sábado 17, en el Teatro que los Salesianos regentan en Vigo.

Además de lanzar una alerta en clave de prevención –para que la gente sepa que, a pesar de que se realiza en un espacio teóricamente fiable como es el teatro de una congregación religiosa, hay riesgos–, desde la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) se me ocurrió rastrear en las Memorias biográficas de San Juan Bosco, una obra monumental preparada por tres salesianos a lo largo de cuatro décadas, y que reúne más de 12.000 páginas de datos sobre la vida de este sacerdote y educador inolvidable. Y, efectivamente, encontré hechos muy significativos de Don Bosco en relación con el espiritismo, como había sospechado desde el principio. No podía ser de otra forma, pues fue una corriente que se puso de moda en Italia justo en el momento en el que el santo desarrolló su impresionante labor. ¿Y qué mejor forma de responder a esta situación nuestra de ahora con lo que hizo el fundador de la congregación salesiana? Me he limitado simplemente a recoger lo que cuentan sus memorias en este aspecto, muy desconocido al menos para los ajenos a su familia religiosa.

¿Por qué fue tan influyente el espiritismo del siglo XIX en Italia?

En Italia, en el resto de Europa (basta con ver la prensa española a partir de mediados del siglo) y en todo el mundo. Incluso en Hispanoamérica, donde causó un impacto que sigue perdurando hoy en día. Está sobradamente estudiado y podemos resumir diciendo que el espiritismo encontró el contexto perfecto para presentarse como una cosmovisión alternativa que, por un lado, mantenía un planteamiento espiritual de la realidad rompiendo con un catolicismo al que se quería marginar como algo del pasado y que, por otro lado, mantenía una visión racional y científica de la realidad sin caer en el puro materialismo. Por eso se puso de moda, arrasando tanto en las élites intelectuales y políticas como en las clases populares. Junto a la Teosofía, y bebiendo normalmente de fuentes y ambientes masónicos, constituyó el antecedente inmediato a lo que hoy conocemos como New Age (Nueva Era).

¿Se podría decir que ante grandes males Dios siempre suscita grandes remedios, en este caso San Juan Bosco, uno de los santos que más lo combatió, tal vez el que más?

No me atrevería a decir que Don Bosco sea el santo que más lo combatió –aunque a mí mismo me ha sorprendido, para bien, la intensidad de su reacción–, porque he podido constatar que muchas otras figuras de la época hablaron y actuaron frente al espiritismo. Me refiero a otros fundadores o superiores religiosos, y autores que respondieron al desafío de esta corriente esotérica en un tiempo en el que la Iglesia apostó con fuerza por el apostolado en los medios de comunicación. San Juan Bosco lo tuvo claro, y actuó con esa actitud profética de denunciar todo lo que daña al hombre, entre lo que se encuentra la ignorancia, la falta de formación… y también toda clase de superstición e idolatría. Lo tuvo claro, y lo llevó a cabo con una gran sensibilidad propia de su ser de cura y educador. Con eso que hoy llamamos caridad pastoral.

¿Cómo fue su labor a pie de calle y sus publicaciones para combatir esta lacra con eficacia?

Es muy curioso, y es lo que recojo en el libro, copiando literalmente lo que cuentan sus Memorias biográficas. En primer lugar, lo hizo siempre con la autorización expresa del arzobispo de Turín, al tratarse de un tema delicado y de una exposición pública que podría dar lugar a incomprensiones y al escándalo. En segundo lugar: no puso tanto el acento en la predicación o la enseñanza teórica, sino que se dedicó a asistir a eventos espiritistas para desenmascarar su falsedad y carácter dañino. Toda una pedagogía activa para abrir los ojos de la gente. En tercer lugar: si bien demostró en muchos casos que se trataba de fraudes directos con el propósito de embaucar a los asistentes y ganar popularidad y dinero, en otros casos apuntó a una más que posible acción diabólica en el origen de lo que hacían y decían algunos médiums. Vamos, que confirmó la enseñanza de la Iglesia sobre este tema. Y en cuarto lugar: empeñado como estaba en la formación del pueblo, encargó a algunos autores que escribieran tratados divulgativos que ayudaran a conocer el espiritismo de una forma crítica, con una perspectiva tanto desde la fe como desde la razón.

¿Por qué se conoce tan poco esta faceta de D. Bosco?

Bueno, hay que tener en cuenta, por supuesto, que estamos hablando de un hombre cuya biografía oficial, como te dije antes, suma 12.000 páginas, y esto del espiritismo es un aspecto sumamente secundario. Su labor pastoral y, sobre todo, su impronta en la educación es lo que lo ha hecho pasar a la historia, y como podemos ver en lo que han dicho y escrito los Papas contemporáneos sobre él, es su cualidad más especial.

Una vez dicho esto, también tenemos que reconocer que no se trata de algo “políticamente correcto”. Ni mucho menos. Ciertas sensibilidades pueden ver en esta faceta de Don Bosco al cura inquisidor, con la mano levantada y el dedo índice extendido para condenar todo lo que se salga un milímetro de la ortodoxia católica en una época convulsa de la historia de la Iglesia, en la que hubo actitudes de cerrazón y rechazo a todo lo que surgía nuevo. Pero la realidad de este hombre es todo lo contrario: fue un adelantado a su tiempo, un sacerdote moderno en el mejor sentido de la palabra, preocupado por el bien de las personas, especialmente de los jóvenes. Su lema “Dame almas, llévate lo demás” es el mejor indicativo de su afán.

¿Qué nos enseña el Catecismo de la Iglesia, basado en la Sagrada Escritura, al respecto?

Aquí creo que está la clave. Me preguntaste antes por qué esta cuestión es tan desconocida en Don Bosco… cuando el problema es que, en general, los católicos conocen poco –o nada– lo que enseña la Iglesia sobre el espiritismo y, en general, sobre todo lo que tiene que ver con la magia, la adivinación, la brujería… No me refiero a que unos sacerdotes digan que es demoníaco y otros que es aceptable. No. No me refiero a opiniones ni discusiones. Hay un Magisterio claro sobre estos temas que se basa en la Biblia –¡desde el Antiguo Testamento!– y que los rechaza frontalmente como un pecado grave contra el culto que se debe dar al Dios verdadero. Por eso se trata de un rechazo no exclusivo de la Iglesia católica, ni siquiera del cristianismo en su conjunto, sino que es compartido por el judaísmo y el islam. Efectivamente: el culto monoteísta excluye cualquier tipo de magia y adivinación.

¿Por qué? En resumen, porque cualquier tipo de magia –¡cualquiera, la llamen negra o blanca, tenga mala o buena intención!– es pretender unos poderes que no son propios del ser humano, tal como ha sido creado por Dios. Y cualquier tipo de adivinación –¡cualquiera, incluida la evocación de los muertos con cualquier propósito!– es pretender unos conocimientos que tampoco son propios del ser humano, tal como ha sido creado por Dios. Por eso encontramos resumida la enseñanza de la Iglesia sobre estos temas en un lugar muy concreto del Catecismo: cuando, al explicar la moral cristiana basándose en el Decálogo, detalla cuáles son los pecados graves contra el primer mandamiento. Así que invito a consultar y leer directamente el Catecismo de la Iglesia Católica, en sus números 2115-2117, en lugar de resumirlo yo y estropear algo que está tan bien dicho.

¿Por qué apunta a la canalización como nueva forma de espiritismo moderno?

Porque vivimos en la era del eufemismo y de la ingeniería social a través del lenguaje. Y hoy se ha puesto de moda la llamada “canalización” (traducción directa del channeling inglés): encontramos personas y grupos que ofrecen mensajes canalizados, terapias canalizadas y hasta obras de arte canalizadas. ¿A qué se refieren? Aseguran tener un don o una capacidad especial de actuar como “canal” (channel) de una entidad superior que se manifiesta o se comunica a través de ellos. Pueden ser antepasados, “maestros ascendidos”, seres espirituales superiores, extraterrestres… o incluso ángeles, santos, la Virgen María, Cristo o Dios. Es algo que recoge el documento del Vaticano sobre la Nueva Era haciendo un diagnóstico acertadísimo: no es más que una forma contemporánea –and más atrayente, porque asusta menos– de espiritismo: al final, el channel no es más que el médium de toda la vida.

¿Se podría decir que es más peligrosa al parecer aparentemente más inofensiva?

¡Por supuesto! Es, en general, la trampa más peligrosa que supone todo el universo New Age: despojar al esoterismo clásico de sus rasgos más tenebrosos para presentar una fachada luminosa y atractiva, más espiritual que ocultista. Pero en el fondo se trata de lo mismo.

De hecho, en mi libro anterior (La Nueva Era en el siglo XXI), al analizar el fenómeno de la canalización me detengo en un caso especialmente significativo y peligroso: la obra Un Curso de Milagros, que sus seguidores presentan como unas enseñanzas “dictadas” por el propio Jesucristo, y que está resultando especialmente dañina al llevar aparejado un itinerario sectario de lectura y búsqueda de guías. Y un ejemplo clarísimo de que la apariencia inofensiva hace a estas prácticas mucho más peligrosas es que ese libro infumable no solo es utilizado por muchas sectas y gurús como método de adoctrinamiento –todo un proceso de reforma del pensamiento que acaba dando la vuelta totalmente a la realidad–, sino que a veces hay creyentes que lo leen –¡se lo “tragan”!– pensando que podría haber sido dictado realmente por Jesús y que es compatible con su fe. Y no solo eso: dando un paso más, están las casas de espiritualidad de la Iglesia católica, conventos y parroquias que han abierto sus puertas a cursos y retiros basados en Un Curso de Milagros, tal y como recogí en un informe que presenté recientemente a la Conferencia Episcopal Española.

¿Cuál es el gancho psicológico más potente que se utiliza hoy en día para atraer hacia este tipo de prácticas?

No solo las sectas como tales, sino también el amplio universo New Age en general, se aprovechan sobre todo de las vulnerabilidades de la persona y de la sociedad. Si miramos al espiritismo en particular, está claro que se ancla en lo que supone la muerte de un ser querido: el dolor y el duelo, la incomprensión y la desesperanza, la necesidad de explicación y de consuelo… Hay casos, además, en los que su carácter accidental o imprevisto deja a los dolientes en una situación difícil de afrontar, con tantas cosas que han quedado por decir o por hacer, heridas sin sanar, ofensas sin perdonar…

Y aunque el materialismo ambiental invita a pensar que todo se acabó con la muerte, o como mucho que hay una suerte de supervivencia emotiva en la memoria de los seres queridos, las personas siguen aspirando a que todo esto tenga un sentido y haya un más allá. Las religiones tienen sus propias respuestas. En nuestro caso, el cristianismo tiene una referencia clara: el misterio pascual de Jesucristo, su muerte y resurcción, que nos habla de ese mismo horizonte para la persona. Pero es algo que se vive en la fe, con sus claroscuros. Y el espiritismo viene a proponerse como si fuera una certeza racional, una evidencia científica demostrable mediante unas supuestas comunicaciones con los difuntos. Por eso se nutre de personas y familias rotas por el dolor y necesitadas de aferrarse a una esperanza… pero les ofrecen un sucedáneo de esperanza que engaña y engancha (a unos videntes o médiums que pueden devenir gurús).

Usted que trata con familias afectadas, ¿qué es lo primero que se rompe cuando una persona cae en estas prácticas?

Lo primero que se rompe es el criterio propio y, con él, la libertad. Te aseguran que estás liberándote de creencias pasadas y pensamientos limitantes para empezar a pensar por ti mismo, pero la realidad es la contraria: así comienza el proceso de enganche emocional y espiritual. Ellos te ofrecen un conocimiento oculto, especial, destinado para unos pocos elegidos –¡tú lo eres ahora!–, por lo que te sientes especial y empiezas a distanciarte muy sutilmente de tu familia, de tus amigos… Estás por encima de un mundo al que miras por encima del hombro, y todo eso te lo está “regalando” un ser especial en un grupo especial. Así comienza una pendiente que lleva a la víctima de estas prácticas cuesta abajo, perdiendo poco a poco la libertad y siendo cómplice activo de su propio proceso de manipulación. Un camino que generará al adepto diversos daños en el campo psicológico, social y espiritual.

Autor

Javier Navascués
Javier Navascués
Subdirector de Ñ TV España. Presentador de radio y TV, speaker y guionista.

Ha sido redactor deportivo de El Periódico de Aragón y Canal 44. Ha colaborado en medios como EWTN, Radio María, NSE, y Canal Sant Josep y Agnus Dei Prod. Actor en el documental del Cura de Ars y en otro trabajo contra el marxismo cultural, John Navasco. Tiene vídeos virales como El Master Plan o El Valle no se toca.

Tiene un blog en InfoCatólica y participa en medios como Somatemps, Tradición Viva, Ahora Información, Gloria TV, Español Digital y Radio Reconquista en Dallas, Texas. Colaboró con Javier Cárdenas en su podcast de OKDIARIO.
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