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Entrevistamos sobre la película a Angela Morais – CEO de Kolbe Arte (Brasil). Angela Morais es una empresaria brasileña, especialista en relaciones públicas, comunicación y promoción cinematográfica, y CEO de Kolbe Arte Produções, productora y distribuidora especializada en películas y documentales de inspiración católica en Brasil.
Con una trayectoria vinculada a la comunicación y la evangelización, ha impulsado proyectos culturales y cinematográficos orientados a transmitir valores cristianos y movilizar comunidades. Bajo su dirección, Kolbe Arte ha participado en la distribución brasileña de producciones internacionales como Duas Coroas, dedicada a la vida de san Maximiliano Kolbe.
Anteriormente, fue presidenta internacional de la Asociación Milicia de la Inmaculada (2012-2020) y presidenta de la Red Católica de Radio de Brasil (2019-2022). Su trayectoria combina gestión empresarial, distribución cinematográfica y una amplia red de relaciones dentro de la Iglesia católica brasileña.
¿Por qué han decidido hacer una película para demostrar el poder del Rosario hoy?
Esta película nace de una experiencia profundamente personal. Kolbe Arte se fundó bajo la inspiración espiritual de san Maximiliano Kolbe y la consagración a la Virgen Inmaculada. Ese camino nos exige rezar el Rosario a diario, llevar la Medalla Milagrosa y renovar nuestra entrega absoluta a María.
Tras un retiro mariano, sentí el impulso irrefrenable en el corazón de que debíamos rodar en Brasil una película sobre el poder real del Rosario. Hablamos de una oración con una carga histórica brutal, que sigue escandalosamente viva entre nosotros y que sostiene a miles de familias. Con esa convicción, invité a Tiago Benetti, de Stone Produções, a coproducir el proyecto junto a Kolbe Arte. Queríamos plasmar en la gran pantalla lo que ya aplicamos en nuestra propia existencia: que la oración es un arma de fuerza bruta para aplastar el dolor, arrancar el perdón y recuperar la esperanza. El poder del Rosario no es un truco de magia; nace de una confianza radical en Dios de la mano de María.
¿Por qué han preferido hablar del Rosario a través de una historia dramática en lugar de un formato documental?
Porque los documentales a veces distancian, mientras que una ficción dramática obliga al espectador a ver reflejada su propia miseria y su propia vida en los personajes. Todos sabemos perfectamente lo que implica amar, sufrir o suplicar el perdón de alguien. Queríamos incrustar el Rosario en esa cruda realidad humana, arrastrando al público a acompañar a una familia en sus heridas más sangrantes y en su desesperada búsqueda de esperanza.
En la película, el rosario aparece ensangrentado tras el accidente. ¿No temían que una imagen tan chocante y violenta alejara a parte del público?
Es una imagen durísima, desde luego, pero tiene una justificación absoluta dentro de la trama; no busca provocar por el simple hecho de escandalizar. Lo que expresa es que la fe no te vuelve inmune al sufrimiento. Rezar no es un escudo mágico para que nunca te pase nada malo. Significa que, incluso atrapado en mitad de una auténtica tragedia, puedes despedazar la desesperación y encontrar en Dios la fuerza para seguir en pie.
Para un espectador no católico o directamente ateo, ¿qué atractivo puede tener una historia tan centrada en la oración?
Que, despojada de la religión, es una historia descarnada sobre la familia, el dolor, el perdón y la supervivencia emocional. Esas son experiencias universales que golpean a cualquiera, tenga fe o no. Un espectador no católico se va a conmover con el calvario de los personajes y se verá obligado a cuestionarse qué demonios sostiene su propia vida cuando todo su mundo parece derrumbarse. La película es un desafío abierto, no un examen de ideología donde exijamos que el espectador piense como nosotros para entrar a la sala.
¿Cómo pretenden demostrar que el Rosario no es una devoción obsoleta ni un asunto de viejecitas, sino algo actual y eficaz?
Para tumbar ese prejuicio, basta mirar mi propia historia. Provengo de una familia católica y fue mi abuela paterna quien nos arrastró a mi hermana y a mí a la oración del Rosario a través de las emisiones de madrugada de la Rede Imaculada de Comunicação en Brasil, cuando yo apenas tenía dieciocho años. Hoy tengo cuarenta y nueve y esa disciplina me sigue escoltando.
Por eso, cuando la gente se burla diciendo que es una devoción «de abuelas», lo único que siento es un profundo desprecio por su ignorancia y una enorme gratitud hacia ellas. Ellas han custodiado un tesoro de guerra que pertenece a todas las generaciones. Hoy en Brasil revienta los esquemas ver a jóvenes rezando el Rosario en el metro, de camino al trabajo o en la universidad. En la cinta incluimos a la pequeña Helena, que vive esa devoción desde la infancia, demostrando que un niño también puede desarrollar una relación madura, profunda y directa con la fe. El Rosario es un combate para todas las edades que te enseña a amar, a perdonar y a embestir las dificultades con esperanza.
Tras el tremendo éxito cosechado en Brasil, ¿el público salía realmente de las salas con ganas de volver a rezar?
La reacción en Brasil ha sido un auténtico terremoto emocional. No puedo meterme en la cabeza de cada espectador, pero reventar la apatía y despertar el deseo furioso de volver a rezar es nuestro objetivo primordial. Para nosotros, el éxito jamás se va a medir en el dinero de las entradas vendidas. Lo que nos interesa es abrir una brecha en la comodidad de la gente para forzar una conversación familiar o dar un primer paso violento hacia la reconciliación.
¿Cree que el cine actual ha descuidado la espiritualidad, provocando que el público responda con tanta fuerza cuando se le ofrecen estas historias?
Por supuesto. La industria cinematográfica actual padece una preocupante miopía: ha expulsado la fe de las pantallas, ignorando que la espiritualidad rige la vida de millones de personas que están hambrientas de historias tratadas con profundidad y respeto. El público está harto del vacío argumental y busca desesperadamente relatos que confronten el sentido real de la existencia y la supervivencia del alma.
¿Por qué merece la pena pagar una entrada para ir a verla?
Porque te obliga a mirar de frente a tu propia familia, a desenterrar tus heridas y a medir tu verdadera capacidad de perdonar. No es una película para consumir palomitas de forma pasiva; es una obra para conmoverse y salir del cine discutiendo. Quiero que el espectador salga con una certeza absoluta: por muy negro que sea el pozo en el que te encuentres, siempre puedes agarrarte a la esperanza. Y para los que creemos, es una bofetada de realidad para redescubrir la belleza y el poder del Rosario.
Autor
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Subdirector de Ñ TV España. Presentador de radio y TV, speaker y guionista.
Ha sido redactor deportivo de El Periódico de Aragón y Canal 44. Ha colaborado en medios como EWTN, Radio María, NSE, y Canal Sant Josep y Agnus Dei Prod. Actor en el documental del Cura de Ars y en otro trabajo contra el marxismo cultural, John Navasco. Tiene vídeos virales como El Master Plan o El Valle no se toca.
Tiene un blog en InfoCatólica y participa en medios como Somatemps, Tradición Viva, Ahora Información, Gloria TV, Español Digital y Radio Reconquista en Dallas, Texas. Colaboró con Javier Cárdenas en su podcast de OKDIARIO.
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