15/08/2026 06:50
Getting your Trinity Audio player ready...

Si alguno de ustedes ha tenido la gentileza de leer alguno de mis últimos artículos en El Correo de España, habrá visto que califico a Vladimir Putin de chequista. También habrán leído, en este mismo medio y en otros, que mucha gente advierte de que Putin no es comunista.

No creo que esas advertencias vengan a cuento de mi calificación -eso me daría una importancia de la que carezco-, pero si que se orienten a mantener una postura antiestadounidense. Por supuesto, la arrogancia de Estados Unidos, su continua injerencia en las cuestiones internas de los países que -en la opinión de los yanquis- necesiten ser «reconducidos» a la democracia liberal, los hacen particularmente antipáticos.

Pero una cosa es que no nos guste que el Presidente de USA, sus amigos, sus grupos de presión, nos mangoneen, y otra distinta caer en el extremo contrario. Por mucho que la política exterior de los Estados Unidos nos desagrade; por mucho que rechacemos sus maniobras para interferir en los asuntos internos de otros países; por mucho que sean condenables su apoyo y hasta la perpetración directa de golpes de estado y hasta asesinatos para establecer Gobiernos a su gusto en otros países, tampoco se puede perder de vista que, en la actual guerra de Ucrania, Putin es responsable de atrocidades evidentes y de -según el antecedente de Nuremberg- crímenes de guerra.

En efecto, Putin no es comunista. Putin es putinista y se cree heredero de los zares. Pero Putin si fue espía del KGB. Y no un simple funcionario de la KGB, dedicado a ordenar que se arreglen puertas y grifos, o se paguen nóminas, o se contrate personal, sino un espía de campo, destinado en países de Occidente con las funciones propias de su  trabajo.

Los espías no son como salen en las películas; Putin no es Bond, James Bond, y tal vez ni siquiera haya usado un arma en su oficio. Los espías -agentes de campo- se dedican a establecer contactos con personas que les pueden ser útiles para su labor; con personas dispuestas a facilitar información por cualquier motivo, entre los cuales los más probables suelen ser el dinero, la ideología o la venganza. El funcionario que saca provecho de lo que sabe vendiendo la información; el empleado que está convencido de que el país al que le proporciona sus conocimientos es mejor que el suyo propio, o que su propio gobierno; el que se siente menospreciado y quiere vengarse de quien le hace de menos.

Putin, por tanto, ha adquirido en sus años de espía un profundo conocimiento de las personas; sabe encontrar la debilidad de cada cual, sabe hallar cuales son sus motivaciones y sus miedos, y utilizarlos. Putin es un maestro del disimulo, del engaño, de la maquinación y de la manipulación porque para todo eso fue preparado.

Todo lo cual no obsta para que los Estados Unidos hayan también manipulado a Ucrania, hayan -como recuerdan algunos- facilitado el golpe de Estado que hace unos años derribó el gobierno pro ruso; hayan jugado con la posibilidad de la unión de Ucrania a la OTAN. Y que lo hayan hecho con la ayuda de su lacayo europeo.

Pero tampoco es motivo para que, como Putin no es comunista, y como los USA y la UE provocan a Rusia «cercándola» de gobiernos afines, ignoremos que la realidad es la que es; y que en este caso, la realidad es que Rusia está cometiendo un genocidio y una guerra de agresión. Crímenes de guerra que, por supuesto, no acabarán en el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Allí sólo acaban los que pierden guerras, y Putin acabará ganando la suya, salvo que a alguien se le suelten los esfínteres y la acabemos perdiendo todos en un holocausto nuclear.

Porque Putin sólo tiene una salida: ganar esa guerra cuya existencia oculta a sus ciudadanos, desconectándoles del resto del mundo y metiendo en la cárcel a quien diga algo que al Kremlin no le guste. Y si la guerra se prolonga y siguen muriendo reclutas rusos; si los carros de combate y los camiones de suministro rusos siguen quedándose averiados en la cunetas; si los soldados rusos siguen teniendo que robar comida en los supermercados ucranianos, quizá le cueste mucho ocultar la verdad a los ciudadanos de su país.

Quizá entonces vea, como única solución, el empleo de armas nucleares. Sólo espero que, para entonces, haya a su lado alguien con la suficiente inteligencia, la suficiente frialdad y el necesario valor para pegarle dos tiros antes de que pulse el botoncito.

Autor

Rafael C. Estremera
ÑTV España
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.