14/10/2026 10:26

Un humanoide es un ser no humano con forma y características humanas.

El que siempre fue el ilegítimo presidente del gobierno, el felón, el mantenido, el sicópata narcisista, el enfermo de la Moncloa, por fin ha convocado elecciones generales para el 29 de Noviembre(1).

La virtualidad de su desgobierno ha hecho mella en la sociedad hasta el punto de asfixiarla, de contaminarla ética y moralmente, impidiéndole un sosegado progreso democrático, a la vez que sembraba febrilmente la cizaña, la mentira y la corrupción como señas de identidad de su  política populista, totalitaria y desvergonzada; el único acto de gobierno que se sustrae a la irrealidad y apariencia de esta burda y criminal ceremonia disgregadora, es la convocatoria de elecciones.

Antes de «okupar» la Moncloa, el camastrón ya daba síntomas evidentes de sus virtudes y capacidades, pero el antropomorfismo, esa tendencia a atribuir rasgos humanos a otros seres e incluso a ideas abstractas, evitaron que el arrimadizo Sánchez se nos subiera a la chepa y descuajeringara España.

¿Qué es un androide? Es un robot humanoide diseñado para parecerse a un ser humano real, cumpliendo con los requisitos establecidos como apariencia física, capacidad de movimiento, interacción social, aprendizaje y adaptación o sujeto a emociones y expresiones.

Ante tal cúmulo de desmanes, mientras España se sumerge en la involución política y moral, quienes gozan de las mieles que proporciona este dramático y grotesco espectáculo, apestosamente «democrático», son los que sientan en la fila cero de este circo de animales capados y amaestrados o aquellos que, previo pago, frecuentan asiduamente y con fervor las performances totalitarias y la puesta en escena de las tropelías criminales de los magnates sanchistas y comunistas.

¿De dónde procede, cuál es el origen del presidente «androide»?

No puede ser otro que, de cualquiera de las empresas tecnológicas del comunismo universal, o de las infectas y revolucionarias fábricas de Soros, donante generoso del «progresismo» facineroso degenerado y falsario.

Ahora bien, el prototipo de androide construido presenta unas irregularidades, unas imperfecciones que no amortizan el capital invertido ni se corresponden con los intereses previstos, pues el robot que salió de fábrica no cumplió con las expectativas de interacción social, solo lo hacía con su feligresía, ni con la obligación de ser empático o sentir emociones; era un androide, pura materia, sin alma, un despojo de tuercas y circuitos colapsados.

El ansia de venganza no hacía sino crecer en su estructura y componentes, como los hongos crecen en la carroña, lo cual le llevó a formar parte de la chatarra de la historia, obligándole a convocar elecciones.

Para algo ha servido el humanoide, cuál es la experiencia empírica que puede dulcificar el gusto amargo que ha dejado a la mayor parte de los españoles, si de su presencia y de sus actos podemos ilustrar y aumentar el acervo político de la sociedad en su conjunto, siendo conscientes de lo fácil y complaciente que es cerrar los ojos ante la traición; siendo conscientes de cómo una parte de  población ha dejado que la cera haya taponado nuestros oídos; habiéndonos percatado de  lo benéfico que ha resultado dar la espalda al proceso revolucionario del humanoide; qué grato ha sido para algunos rehuir los pleitos y declinar las responsabilidades, u observar con pasmo e incredulidad como la pasividad y el silencio de las instituciones más involucradas constitucionalmente no han reaccionado ante el órdago revolucionario del robot presidencial.

Aquí todo el mundo ha preferido esconder la cabeza debajo del ala y hacer su agosto, cancelando la honrosa determinación de dimitir en sus cargos, para presentar batalla contra los enemigos de  España, que camina enajenada, desorientada y de espaldas a la razón.

A pesar de ello, no es tarde, existe un mínimo de esperanza, la cuestión es si sabremos conciliar todos los intereses de los ciudadanos, o si los políticos que tomen el testigo tendrán la voluntad y la firmeza de combatir con armas y bagajes contra los que pretendan terminar de desmembrar España.

Para lo cual, es condición fundamental que la calle sea de los representantes de los españoles, y no, de los enemigos revolucionarios del comunismo degenerado, sectario, excluyente y violento.

 

NOTAS AL PIE DEL DOCUMENTO

(1) «LAS OPINIONES VERTIDAS EN LA SECCIÓN DE OPINIÓN CORRESPONDEN EXCLUSIVAMENTE A SUS AUTORES Y NO REFLEJAN NECESARIAMENTE LA LÍNEA EDITORIAL DEL MEDIO».

Autor

Antonio Cebollero del Mazo
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