15/08/2026 05:29

El Vaticano, o sea el Papa, vía el cuestionado cardenal Víctor Manuel Fernández “Tucho”, cuyo mayor alarde moral, teológico e intelectual ha sido parir el libro titulado “Sáname con tu boca. El arte de besar”, lo que lo dice todo de él, ha publicado el documento “Mater populi fidelis” con el que a) pretende zanjar, y para siempre, el debate secular por el que María sería “corredentora” y “mediadora de todas las gracias”, b) prohibir al “populi” católico el también secular uso de tales títulos arraigados en sus más profundas creencias y sentimientos, y c) lo que es peor, hacer un nuevo guiño a protestantes, luteranos y demás herejes de toda ralea, que si algo no tragan es, precisamente, a la Virgen María y a todo lo relacionado con ella; lo del ecumenismo es un cuento y una trampa, porque nada hay que dialogar con ellos, si quieren volver al seno de la Iglesia, fuera de la cual no hay salvación, lo único que tienen que hacer es pasar por el aro y punto.

Que el único redentor y salvador del género humano es Jesucristo, como remacha el documento vaticano, no lo duda el “populi” -a lo mejor quienes lo dudan son los “tuchos”, “leones” y demás adláteres-, pero eso no quita, y es compatible, con la corredención y mediación de todas las gracias por parte de María.

Para mí hay dos momentos principales, entre otros muchos, que me sustentan en tal creencia:

Corredentora:

  • Quiso Dios que la redención del género humano quedara durante unos segundos, unos esenciales segundos, en manos de una jovencísima María que tenía libre albedrío para decir sí o no. Porque dijo sí, porque dijo “hágase en mi según Tu voluntad”, vino esa redención a la Humanidad. ¿Pero y si hubiera dicho que no? Pues no habría habido redención o Dios la hubiera tenido que llevar a cabo de otra forma que vayan ustedes a saber cuál. Por eso María es corredentora, porque dijo sí, porque sin ese sí otro gallo hubiera cantado, porque por ella Jesucristo pudo encarnarse y venir al mundo y redimirnos; ergo, María fue, es, pieza esencial, partícipe fundamental, si se quiere incluso cómplice necesario de nuestra salvación, o sea, corredentora nuestra; siendo ello compatible, repito, con que el redentor único es Nuestro Señor.

Mediadora de todas las gracias:

  • En las bodas de Caná, cuando falta el vino, la Virgen, que sabe quién es Su hijo, que sabe que es Dios, que sabe que es el Mesías, que sabe a qué ha venido al mundo, que sabe de qué es capaz, le pide un favor, algo extraordinario, que sabe que sólo Él puede hacer, y media para la concesión de una gracia especial. Y Jesús le contesta: “Mujer, no ha llegado Mi momento”, es decir, que Nuestro Señor deja bien claro, quiere que sepamos, que no tenía planeado hacer su primer milagro y descubrirse como Dios, como el Mesías, en esa ocasión; o sea, que tenía otros planes para hacerlo de otra forma, con otro milagro, más adelante o vayan ustedes a saber, pero no en esa boda ni de esa manera. Pero por la intercesión, por la mediación de María, Jesucristo, Nuestro Señor, Dios, cambia sus planes por ella y sólo por ella, y lo hace y concede aquella gracia, la primera de una larga lista.

Para mí es suficiente, aunque habría otros ejemplos y razones, para lo dicho.

Estamos ante un caso parecido a lo ocurrido con la Inmaculada y la Asunción, creencias que, arraigadas profundamente en el “populi” durante siglos, no fue hasta 1854 y 1950, respectivamente, que la Iglesia los tomó en cuanta y declaró dogmas de fe, dejando con ello en ridículo a los que durante siglos combatieron y quisieron silenciar a sus defensores, entre los que estuvo siempre, y en lugar muy destacado, España, claro que cuando era luz de Trento, martillo de herejes, etcétera. Pero al final, quien tenía razón era el “populi” con su fe del carbonero, en tantas ocasiones más auténtica y muy superior a la de teólogos, exégetas, “tuchos” y “leones”. Pude que haya que esperar a 2026, 2050 o el año 3000, pero llegará el momento en que se reconozca a María “corredentora” y “mediadora de todas las gracias”, ya lo verán, aunque no estemos aquí.

Ah, y claro, y como siempre en esta época, y a diferencia de otras anteriores, los obispos españoles calladitos. ¡Qué vergüenza!

PD.- Si después del Santo Sacrificio de la Misa, que es la “oración” sublime y por excelencia, la más potente y eficaz oración es el rezo diario del Santo Rosario -individual, en familia o en grupo-, práctica hoy que por olvidada es causa de tanta desgracia, males y perdición de almas, cómo no va a ser María corredentora y mediadora de todas las gracias si por dicho rezo se salvan tantas almas y se consiguen tantas gracias y dones de toda clase y condición.

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Francisco Bendala Ayuso
Francisco Bendala Ayuso
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Ya que en este medio digital hay tantos que veneran de verdad y no de simple palabra a la Santísima Virgen María, Excelsa e Inmaculada Madre de Dios y nuestra, bien harían, por el bien supremo de España y de los españoles, solicitar con firmeza, directamente, por escrito o palabra (si pueden hablar con prelados españoles y tienen valentía, que deben tenerla si son cristianos católicos de verdad, para hacerlo), o por medio de sacerdotes, la consagración de España al Inmaculado Corazón de María el próximo día de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre próximo. Este es un asunto de vital y trascendental importancia para España (y para todas las naciones del mundo) en los horribles tiempos que vivimos bajo acoso intenso de satanás y es un asunto que los sucesores de los Apóstoles NO pueden eludir bajo su eterna responsabilidad, pues ésta no es otra que acercar las almas a Dios, a la salvación eterna. Ese es, ante todo otro cometido, el fundamental y prioritario de su cargo: ayudar a salvar almas. Además, que esta consagración se renueve todos los días 8 de diciembre de cada año, insistiendo como la viuda al juez, pues no hay nada bueno para la salvación que Nuestra Señora, por su Santísimo Fíat, no pueda conseguir de su Hijo, Jesucristo Nuestro Señor. Hágase, solicítese con valentía y sin excusa si verdaderamente se ama a Dios, a la Santísima Virgen María y a España. Que nadie eluda por complejo, cobardía, prejuicio o cualquier otra falsa excusa esta petición, esta justísima petición que a todos ha de beneficiar.

La Santísima Virgen María puede interceder ante Dios Todopoderoso en favor del Reino terrenal que más la ama y que más la ha amado y venerado durante toda la historia de modo sobradamente probado, el Reino de España, reino mariano por excelencia entre todos los reinos del mundo, la tierra que más ha amado y venerado a la Santísima Madre del Amor Hermoso. No hay nada verdaderamente bueno en orden a la salvación eterna de las almas que por intermediación de la Santísima Virgen María no nos conceda Dios mismo. Y sí es obligado confiar en Dios y en la Santísima Virgen María para lograr lo excelso, no en cualquier otro tipo de personas.
Pídasele a los obispos que cumplan con su cometido de sucesores apostólicos y procedan con la consagración para bien de España y los españoles, todos los obispos de España sin excepción. Que el Nuncio de autorización del Papa y que lo extienda a otras naciones. Y a todos los fieles pídasele el acto de reparación al Inmaculado Corazón de María de los cinco primeros sábados de mes (confesión, misa, comunión, rezo del santo rosario y meditación de los sagrados misterios durante al menos un cuarto de hora para desagraviar a Nuestra Señora), conforme a lo que pidió por medio de los tres santos de Fátima.

Javier Ortiz

D. Francisco no existe Amor sin Amado y Amada, y la Redención de Adán y Eva, y de sus hijos e hijas, es el Acto de Amor misericordioso del Nuevo Adán y la Nueva Eva. ¿O es que solo somos hijos e hijas del Nuevo Adán? ¿En qué cabeza cabría semejante sinsentido? Somos hijos e hijas del Nuevo Adán y la Nueva Eva, redimidos por la Redención del Redentor y la Redimida, salvados por la Salvación del Salvador y la Salvada, los cuales, de manera diferente, complementaria e inseparable, nos hacen pasar de este valle de lágrimas, en el que luchamos contra el pecado, al Reino de los cielos, en el cual experimentamos Su definitiva victoria sobre la muerte del desamor, cada vez que asistimos devotamente a la Santa Misa, celebración de Su continuo Amor.
Pero como la devoción no es de todos, son muy pocos quienes, por ser hijos e hijas del Nuevo Adán y la Nueva Eva, no necesitan que nadie les demuestre de Quiénes son hijos e hijas, y mantienen el testimonio de Jesús y María, que no es un doble testimonio sino único, pues en la expresión «Jesús y María» la palabra más importante, la que expresa Su indisoluble y continuo Amor, es la conjunción «y».
La suerte que todos tenemos, así como incluso Sus enemigos, es que el Salvador y la Salvada quieren que todos los hombres se salven (cf. 1 Timoteo 2, 4) y todo lo que quieren lo hacen (cf. Salmo 135, 6), por lo cual María, indisolublemente unida a Jesús, Juez de vivos y muertos, será nuestra Abogada ante Él, la Mediadora para nosotros de la gracia de la conversión y la Redimida que pedirá nuestra Redención al Redentor.
Muchas gracias por defender a nuestra Madre Santísima, la cual le aseguro que, por haberse declarado Ud. por Ella ante los hombres, también Se declarará por Ud. ante el Señor.

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