15/08/2026 05:02
  • La selección de Luis de la Fuente derrota a Bélgica por 2-1 con un nuevo gol decisivo de Mikel Merino y firma su billete para las semifinales del Mundial. El centrocampista volvió a aparecer desde el banquillo para resolver un partido de enorme exigencia y confirmar la madurez competitiva de un equipo que ya sabe sufrir, resistir y golpear en el momento exacto.

Hay selecciones que deslumbran. Otras intimidan. Y luego está esta España, que empieza a transmitir algo todavía más valioso en un torneo corto: la sensación de que siempre encuentra el camino hacia la victoria. Frente a una Bélgica de enorme nivel competitivo, la Roja volvió a demostrar que ha dejado de depender de la inspiración puntual para convertirse en un bloque capaz de dominar los partidos, resistir los momentos de dificultad y decidir cuando más pesa la presión. El triunfo por 2-1 no solo clasifica a España para las semifinales del Mundial; confirma que el equipo de Luis de la Fuente ha alcanzado una madurez que le sitúa entre los grandes aspirantes al título.

El encuentro tuvo el aroma de las grandes eliminatorias. Ninguna de las dos selecciones estaba dispuesta a conceder ventajas y durante muchos minutos el balón viajó con la misma intensidad con la que ambos equipos peleaban cada metro del campo. España apostó desde el inicio por monopolizar la posesión, construir desde Rodri y atacar con paciencia, mientras Bélgica aceptó un papel más reactivo, buscando aprovechar la velocidad de Doku y el talento de Kevin De Bruyne para castigar cualquier pérdida española.

La superioridad territorial de España encontró premio antes de la media hora. Una acción iniciada por Dani Olmo terminó con un disparo rechazado por Thibaut Courtois que cayó en los pies de Fabián Ruiz, siempre atento para aprovechar el error y establecer el 1-0. El gol hacía justicia a un tramo del partido en el que la selección española había gobernado el juego con autoridad, moviendo el balón de un lado a otro hasta encontrar grietas en la defensa belga.

Sin embargo, Bélgica demostró inmediatamente por qué sigue siendo una de las selecciones más peligrosas del panorama internacional. Apenas diez minutos después, una precisa combinación iniciada por De Bruyne y culminada con un centro de Timothy Castagne encontró la llegada de Charles De Ketelaere, que igualó el marcador con un remate de cabeza impecable. España comprobó entonces que el dominio del balón no bastaba para controlar por completo una eliminatoria de semejante exigencia.

Tras el descanso apareció la versión más sólida del conjunto de Luis de la Fuente. Rodri volvió a imponer el ritmo desde la base del centro del campo, Fabián multiplicó su influencia entre líneas y la presión tras pérdida empezó a encerrar a Bélgica cerca de su propia área. Los belgas fueron perdiendo metros y el partido comenzó a jugarse casi exclusivamente en las inmediaciones de Courtois.

El desarrollo cambió de forma significativa cuando el guardameta belga tuvo que abandonar el terreno de juego por lesión en torno al minuto 70. La entrada de Senne Lammens alteró el equilibrio emocional de Bélgica y España percibió inmediatamente que era el momento de aumentar el ritmo. Luis de la Fuente refrescó el ataque con nuevas incorporaciones sin modificar la estructura del equipo, manteniendo intacta la presión y la ocupación racional de los espacios.

Cuando la prórroga empezaba a asomar en el horizonte apareció, otra vez, Mikel Merino. Apenas dos minutos después de saltar al césped, el centrocampista aprovechó un rechace generado tras un intento de Pau Cubarsí para enviar el balón a la red y firmar el 2-1 definitivo. No fue una casualidad ni un golpe de fortuna. Merino vuelve a demostrar una extraordinaria capacidad para interpretar dónde caerá cada balón decisivo y para aparecer cuando el torneo entra en su fase más exigente.

Los últimos minutos exigieron sangre fría. Bélgica adelantó definitivamente sus líneas y buscó el empate con más corazón que claridad, pero España defendió con orden, protegió el área de Unai Simón y administró la ventaja con la serenidad propia de un equipo que se siente preparado para competir por cualquier objetivo.

Más allá del marcador, el partido dejó una conclusión de enorme relevancia. España ya no necesita ganar únicamente desde la brillantez técnica. También sabe imponerse desde la disciplina táctica, el esfuerzo colectivo y la fortaleza mental. Esa evolución explica por qué la selección ha enlazado dos eliminatorias consecutivas resueltas en los instantes decisivos y por qué transmite una confianza creciente a medida que avanza el campeonato.

Ahora espera Francia en unas semifinales que reunirán a dos de las selecciones más sólidas del torneo. Será una prueba de máxima exigencia, probablemente la más compleja hasta el momento, pero España llega con un argumento que vale tanto como cualquier sistema táctico o cualquier figura individual: la convicción de que sabe competir hasta el último segundo. Y en un Mundial, esa virtud suele separar a los buenos equipos de los auténticos candidatos al título.

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