15/08/2026 05:08

Los resultados de las elecciones autonómicas en Aragón arrojan un panorama desolador.  Nunca mejor decir que más de lo mismo será igual a peor. Es increíble a estas alturas de curso y con la que está cayendo desde hace décadas, y que arrecia cada vez más, que los españoles voten como lo han hecho en Aragón; y hace poco en Extremadura. Lo anterior no se entiende, salvo porque estamos ante una sociedad absolutamente decadente, estupidizada y catatónica que a lo mejor se merece lo que tiene.

La ultra, extrema, radical y visceralmente antinacional izquierda, que en España lo es desde siempre toda con el PSOE a la cabeza, aunque ha bajado escaños no ha desaparecido de la faz de Aragón, ni lo hizo de la de Extremadura, que es lo que tendría que haber pasado, pues ya es indecible lo que vemos; y eso que sólo es la punta de un inmenso iceberg de podredumbre y degeneración. El PSOE en Aragón  —y Extremadura—, lo que ha dejado en evidencia es sólo que en estas circunstancias ha tocado suelo, es decir, que tiene un suelo y muy firme, ergo en otras, siquiera más livianas, ascenderá, como ya ha demostrado otras veces, es decir, que no sólo no está muerto el sanchismo  —que no existe, en el PSOE—, como algunos cacarean, sino que goza de buena salud. Si yo fuera Sánchez estaría hoy, pasadas estas dos pruebas, encantado de la vida porque a pesar de que podría suceder lo mismo en otras autonomías, incluso en unas generales  —y esto último no lo creo—, sólo significaría que el PSOE, esa organización históricamente criminal, esa sociedad irregular con infinito ánimo de lucro a costa de los demás, sigue vigente y que a los españoles sus corruptelas increíbles e incalificables nada les importan ni afectan, ergo, nada tiene que temer Sánchez, como tampoco quien, si llega el caso, elegirán para sustituirle.

Que el Partido Popular, ese apéndice liberal del PSOE, ese perfecto engranaje del bipartidismo y la partitocracia decimonónica a la que el régimen del 78 nos ha retrotraído en una involución diseñada en la oscuridad de siniestros despachos de allende el Atlántico para acabar con la España de verdad, la única posible, siga en sus trece a pesar de demostrar una y mil veces que es lo mismo que el PSOE en todo, es prueba de que los españoles no están tan bien como debieran, afectados de un cáncer cerebral que les corroe, al parecer, la única neurona que poseen en sus cabezas.

Que en Aragón un grupo de según qué personas reunidos en ese “CHA” suban y tampoco desaparezcan, o que la comunista IU siga presente, avala aún más lo dicho.

Y ahora me dirán que lo de VOX es el no va más, que, tanto en Aragón como en Extremadura, han duplicado escaños, han dado el “sorpaso”, han pegado el pelotazo… pues miren, a mi modo de ver, eso no significa nada por varios motivos:

  • En el mejor de los casos, que vista su trayectoria ya es mucho que concederle, VOX sigue siendo una incógnita que nos levanta serias dudas y crea un gran escepticismo.
  • Su, en muchos casos, valiente e incluso impecable discurso tiene un grave problema de base y es que no se corresponde con los hechos cuando ha tenido oportunidad de llevarlos a cabo, quedándose éstos en mera filfa de aquéllos; y pruebas hay para dar y tomar.
  • Sobre los problemas de base de España, sobre la necesidad de una revolución nacional que le dé la vuelta a este maloliente calcetín, nada dice nunca y menos hace; en Aragón acaba de apoyar que los expresidentes de tal autonomía tengan coche y chofer cuando se larguen.
  • No hemo visto todavía a los voxeros reducir sus emolumentos y otras prebendas anexas a sus cargos, comenzando por renunciar al aforamiento.
  • Su empeño en negociar con el PP para las respectivas investiduras, en Aragón y Extremadura, indican que, además de que el royo autonómico les mola tanto como a «sociatas» y «peperos», también les va la marcha de entrar en comandita con el PP, o sea, con la filial del PSOE, del bipartidismo y de la partitocracia, en vez de enviarles en Badajoz y Zaragoza un simple correo electrónico con una relación de exigencias innegociables para firmar, hacer públicas y cumplirlas en el primer pleno, y si no a elecciones otra vez, porque con el PP, es decir, con el PSOE-bis, no hay nada que negociar, ni siquiera caña que tomarse.
  • En Aragón, su programa para estas elecciones tiene 157 páginas, lo que lo hace infumable e indigesto, pareciendo que está hecho para que nadie se lo lea, también por su palabrería, su bla, bla, bla, sin mojarse, en vez de haber sido una simple y muy concreta relación redactada telegráficamente de las exigencias palpables que pensaban imponer —si es que las piensan— al PP para su investidura y legislación si es que quiere contar con su apoyo; y es que la situación de Aragón, o sea, de España, no está para tochos interminables, ni vaguedades infinitas, sino para acciones directas contantes y sonantes.

Nos podríamos extender para justificar nuestras serias dudas y gran escepticismo sobre VOX, y ojalá nos equivoquemos, pero es lo que creemos. Para muestra, en el pueblo donde vivo y en el de al lado, donde el PP depende de VOX, salvo dos o tres tonterías menores, ínfimas, nada han cambiado y el régimen del 78 a nivel municipal sigue vigente y goza, para mal de muchos, de buena salud.

Y no me salgan con eso de que no le dejan, todos están en contra, etcétera, porque con eso ya debían contar, porque ya llevan años en las varias oposiciones como para haber espabilado, porque en Valencia se fueron tres días antes de lo de la DANA en la que también tenían su responsabilidad, porque en Baleares su mayor éxito, y mira que han tardado, es que el Boletín Oficial de allí se publique en español (VOX habla de “castellano”) y… no sigo.

La conclusión de las elecciones en Aragón y Extremadura es que España, por culpa de tantos españoles, empecinados en votar como lo hacen, no tiene remedio a la vista, o yo al menos no lo veo y ojalá me equivoque.

Lo dicho: el PSOE, máquina infernal, y el PP, más de lo mismo, pueden estar más que contentos de que les haya tocado una España incalificable, a la que ellos moldean para que, con algún que otro giño como ¿VOX? parezca que algo cambia cuando en realidad todo sigue igual… y de mal en peor.

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Francisco Bendala Ayuso
Francisco Bendala Ayuso
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Alvar

A España nunca la han salvado los políticos de nada, eso lo sabía bien Franco pero los españolitos no. Estos últimos ya están tocando fondo moral, espiritual e intelectualmente hablando (gracias a los políticos y muy especialmente a la progresía eclesial incrustada en el Vaticano y que es hegemónica desde el CVII).
Hoy se vota al que me da de comer, y en España, quienes dan de comer (porque tienen el poder, el mango, y la cartera) son PSOE y PP, que llevan 50 años construyendo sus clientelas.
Panorama desolador, de esta solo se sale rezando, pero no solo rezando.

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