15/08/2026 06:31

De nuevo el Partido Popular se manifiesta para, supuestamente, intentar que el tirano convoque elecciones para, supuestamente, ganarlas Feijóo para, supuestamente, hacerse con el poder conforme a como manda la alternancia decimonónica que desde hace medio siglo impera en España.

Esta, como otras manifestaciones, son parte de la técnica de la olla express, la cual consiste en que cuando la cosa, o sea, la presión, sube de tono, la válvula de seguridad, o sea una manifestación, la alivia para que la olla no explote; y eso aún a sabiendas de que en esta España de hoy no hay posibilidad de que lo haga, no obstante lo cual hay que manifestarse, hay que aliviar la presión, hay que inyectar una nueva dosis de anestesia a un pueblo en estado vegetativo y comatoso para que siga igual y no despierte, hay que fingir que se hace, que se quiere cambiar, para que no se dé cuenta de que en lo que se está es en que todo siga igual.

El único disgusto, cabreo o malestar de Feijóo y los suyos, o sea de los peperos, es que consideran que tras dos legislaturas de los otros les toca a ellos sus cuatro años de chupe y mangancia, y de colaborar al engaño y consolidación de la “democracia”, o sea de la alternancia, pacto que no se está cumpliendo porque en el sillón se ha instalado un zumbado que no está por la labor, que no hace honor a dicho “pacto”, que no quiere dejar la poltrona, y que por ello está poniendo en peligro el “sistema” que es el problema y lo peor; no otra cosa subyace en este asunto, no otro es el mosqueo del Partido Popular, a eso se reduce todo, de ahí los guiños públicos de Feijóo y los suyos a entenderse con el PSOE. Y es que “La derecha no volverá a gobernar en España”, Pablo Iglesias (a) “el coletas” dixit siendo vicepresidente de España; ni él soñó con llegar tan alto, ni España con caer tan bajo.

PSOE y PP se vienen alternando en repartirse el pastel, que somos nosotros, o mejor decir que el PSOE reparte, conformándose el PP con el trozo, mayor o menor, normalmente menor, que aquél le deja según las circunstancias. Lo que ocurre ahora, sea por la demencia degenerativa del tirano, sea porque el PSOE considera que ya está bien y que ha llegado la hora de culminar su proyecto de siempre, que es la detentación del poder absoluto, es que algo ha cambiado y ese acuerdo de alternancia se está rompiendo y eso lleva su tiempo, trabajo y, no cabe duda, cierto peligro, por lo que hay que hacerlo con sordina, violines y mucha mano izquierda, algo que el PP no acaba de entender y tiene que digerir lo que, aún con dificultad, no duden que terminará haciendo. Y es que

La derecha en España, proclama a un Dios en el que no cree y a una Patria a la que no ama, y sólo busca conservar sus privilegios” (Vázquez de Mella dixit)

¿Y si con todo hubiera elecciones? Pues más de los mismo, igual a peor, ecuación matemática que no falla. Porque si por un nuevo fraude las ganara, con sus apoyos de siempre, el PSOE, pues imagínense al tirano y sus secuaces hasta dónde serían capaces de llegar. Si por un nuevo fraude, se hiciera con el sillón Feijóo, imagínense hasta que nivel de estulticia no llegará. Lo dicho: más de lo mismo, uno u otro, igual a peor. Ahí está la encrucijada en la que se encuentra España, ahí el laberinto, sin salida a la vista, en que se pierde y hunde cada día que pasa un poco más.

España sufre desde al menos dos siglos, si no más, una enfermedad crónica, endémica, que es la de sufrir unos dirigentes políticos, y del resto de instituciones, no sólo mediocres y vulgares, sino corruptos y traidores hasta lo indecible para los cuales España es sólo una vaca a la que ordeñar incluso a riesgo de secarla.

¿Dónde quedaron aquellos motines de Esquilache, de Aranjuez, del 2 de Mayo u otro demonizado que fue la salvación de media España frente a la intención del exterminio?

Da igual el número de asistentes, porque manifestación que no acaba en algarada, no vale para nada.

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Francisco Bendala Ayuso
Francisco Bendala Ayuso
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Maruja Montenegro

A VER SI OS DAIS CUENTA QUE EL PP ES EL PSOE AZUL, FEIJOO ES UN INUTIL

YA LO DICE SANTIAGO ABASCAL Y TIENE TODA LA RAZON DEL MUNDO.

SE MANIFIESTA Y LUEGO VA A LAS CONFERENCIAS DE PRESIDENTES DE LAS COMUNIDADES AUTONOMAS Y ETC. ETC. A LAMERLE EL CULO.

Hakenkreuz

“La derecha en España, proclama a un Dios en el que no cree y a una Patria a la que no ama, y sólo busca conservar sus privilegios” (Vázquez de Mella dixit)

Bravo por la valentía de escribirlo. Nada más cierto conforme a hechos, que no palabras u opiniones.

Así es y ha sido. La derecha, llámese conservadurismo, llámese liberal-conservadurismo, llámese liberalismo, no cree en Dios porque sus hechos, sus frutos les delatan, su ideología sirve al dinero, luego rechaza a Dios. NO hay compatibilidad posible. La derecha puede ser calvinista, fiel a Calvino, pero nunca católica, fiel a Jesucristo Nuestro Señor. Su proceder histórico es inequívocamente materialista, defensor de privilegios injustos. Y no son, en modo alguno, alternativa al comunismo, al socialismo, a la social-democracia, al progresismo, al izquierdismo, a la izquierda o a como se quiera llamar el marxismo bajo sus múltiples disfraces. No son alternativa al marxismo porque la derecha depende, para conservar sus privilegios y sus negocios y su patrimonio, de un abundante flujo de socios, inversores, empleados, asociados y clientes de izquierdas o rojos. Si no hay izquierda, la derecha se arruina. Así de claro. Por eso Churchill y Eisenhower no son alternativa a Roosevelt o Trumann, sino más bien complemento, complicidad encubierta o visible, alianza en lo trascendental, a un lado u otro el Día del Juicio Final. Y Xi Jinping y Trump no son enemigos, por mucha fanfarria propagandera mediática actual, sino complementarios que no pueden vivir el mundo de uno sin el mundo del otro. Por eso Trump se ha avenido a amilanarse cuando la guerra arancelaria con China amenazaba con quitarle votos de personas perjudicadas económicamente. En la derecha manda el becerro de oro.
Sea al purgatorio por Infinita Misericordia de Dios o sea al infierno por sus maldades, van encadenados unos con otros, derecha e izquierda, no hay distinción en lo trascendental. Por eso votar es tan peligroso, mucho más que dejar de hacerlo para siempre y pedirle perdón a Dios en confesionario por haber confiado en quien nunca se debió confiar, en mentirosos, sean de izquierdas o de derechas, pues confiar en mentirosos es confiar en satanás.

¿Qué se ganó sacando a la calle hasta a casi 2 millones de españoles cuando Zp imponía la dictadura roja en el plano moral: aborto indiscriminado, calificación de matrimonio (sacramento que unió a María Santísima con san José) a la unión de dos personas homosexuales o lesbianas, rendición ante ETA y colaboración con ellos para alcanzar el poder, incluso volando trenes o hundiendo prestiges, declaración de «nación» en el estatuto de Cataluña, etc.? Pues lo que se ganó es engañar a millones de votantes y seguir con todo ello con mayoría absoluta de Rajoy Iscariote, incluso apuntalarlo y desarrollarlo más, engañando a millones de votantes que ahora no tienen excusa.

Hakenkreuz

Aquí, en España, como en el resto de naciones del mundo, hay una serie de profetas o doctores falsos que han logrado convencer a la mayoría de la población (al menos a alrededor de dos tercios de ella) de que su participación política es vital, algo de lo que depende su propia salvación terrenal, vamos, poco menos que si no fuera a votar, el sol se apagaría, ya no habría lluvia, se secarían todas las cosechas, la gente moriría de hambre y de sed, terremotos y tempestades asolarían la tierra, vamos que, si no vamos a votar, el mundo se acabará sin duda alguna de ningún tipo, será el Apocalipsis de «verdad verdadera de la buena» palabrita de los políticos de todo tipo (por eso, extrañísimamente piden en las elecciones que «ante todo y sobre todo» que vayan a votar, no que voten a su partido, sino que «vayan a votar» como lo diría un demonio en busca de la perdición de las almas aparentando faccionalismo).

Si no vamos a votar, según estos falsos doctores y profetas (políticos):

Perderemos nuestros trabajos.
Perderemos nuestra libertad (la libertad es un don de Dios, no de los políticos, de la declaración de DDHH, la constitución, las leyes, etc., aunque han tratado de engañar acerca de esto y son pocos los que creen en el origen divino de la verdadera libertad, que viene de conocer la Verdad, Cristo)
Perderemos nuestras propiedades (los okupas sirven de muestra)
Perderemos nuestro dinero en el banco
Perderemos nuestro patrimonio y la bolsa se hundirá arrastrando a toda la economía
Perderemos nuestro «prestigio internacional»
Nos invadirán millones de musulmanes y negros de África (en lugar de ir a los países árabes que tienen un PIB per cápita muchísimo mayor que el de España)
Perderemos la seguridad en las calles, ciudades y pueblos
Perderemos nuestra intimidad en un estado policial implacable
Perderemos la vida…

Nadie se pregunta si todo eso (aparte del alma y la salvación eterna) en realidad es lo que vamos a perder si seguimos votando, pues cuando en España no se votaba (y miren que pasaron siglos sin votar), esas cosas estaban muy lejos de cumplirse cuando no ocurría justo lo contrario. Pero bueno, parece ser que se prefiere creer que la «salvación» está en quienes justamente hacen todo lo posible para que todas esas amenazas sean una realidad: los falsos doctores o profetas políticos de cualquier signo. ¡Qué gran triunfo de satanás, padre de la mentira, hacer creer a la gente que la solución son sus lacayos!. Pero la gente sigue erre que erre en creer que la salvación de nuestra vida está en nuestros verdugos.
Aquí no parece interesar si las cosas son verdad o mentira, si se ajustan a los hechos, si el fruto del árbol es bueno o malo. Eso parece no interesar. Y eso solo puede explicarse en un mundo profundamente enfermo y ciego de soberbia y egolatría, que solo se busca a sí mismo y que ha rechazado a Dios (no hay posibilidad en la vida de amar a Dios sin renunciar a sí mismo, o lo uno o lo otro. O uno ama a Dios o se ama a sí mismo, esa es la clave. Caridad o soberbia. Y el mundo actual es un mar de personas buscándose a sí mismas, de otro modo no se entiende la insistencia en el error, en la aceptación de la mentira de modo continuo, la lucha por la mentira, cada vez más exacerbada).

Por otra parte, aquí, en España, en tiempos de nuestros padres, abuelos o bisabuelos, concretamente entre el 17/07/1936 y el 1/04/1939, tuvo lugar una Cruzada o guerra civil según quien se refiera a ella (creyentes para la primera definición, ateos, particularmente marxistas para la otra). En ella ocurrió algo con decenas de miles de españoles que tuvieron el destino de caer dentro de los términos territoriales donde triunfó la revolución marxista-soviética con sus colectivizaciones y persecuciones. En esa zona roja o marxista y antiespañola resultó que decenas de miles de hombres fueron apresados, mayoría a altas horas de la madrugada, en sus hogares, llevados a punta de pistola y fusil a chekas, torturados, vejados y, finalmente, fusilados o asesinados bajo acusación de «fascistas» o «reaccionarios», todo ello en nombre de la «democracia», pues Stalin obligó a medio mundo a creer que no hay otra democracia que no sea el comunismo. Y hoy Stalin manda mucho todavía, incluso más que en su tiempo, aunque la gente lo crea muerto, desde su tumba en el Kremlin. Se las apañó para que hasta sus «supuestos» enemigos angloparlantes, fueran sus más fieles servidores.
La aplastantísima mayoría de esos españoles asesinados por los rojos eran católicos, su única señal de «fascismo» era asistir, con toda su familia, a misa, diaria o al menos, dominical, además de los más de 7000 sacerdotes y religiosos y religiosas vilmente asesinados (incomprensible que un sacerdote, un fraile o una monja pudieran ser odiados hasta el punto de ser asesinados. Solo el odio del infierno puede explicar semejante barbarie). De hecho, los rojos no exterminaron a más (fuera de ese cuarto de millón de españoles a los que mataron de holodomor, mayoría católicos en su zona en la que se pasaba un hambre atroz, cortesía soviética de la colectivización generalizada y la juerga revolucionaria) porque las listas de los censos que cayeron en su poder reflejaban un hecho del que los historiadores no se han hecho eco por miedo, que los católicos no votaron en la II República en su inmensa mayoría. No cayeron en el engaño de los políticos, de uno u otro signo. El Espíritu Santo aleja de las urnas a los suyos, pues Dios protege a los suyos como la mejor madre a sus hijos.
Aquellos mártires incontables tuvieron oportunidad, en no pocas ocasiones, de renunciar públicamente a su fe, a blasfemar públicamente, a escupir un crucifijo, pisar una estampita del Señor o la Virgen María o a renegar de su fe públicamente, pudiendo de este modo seguir con su familia (mujer e hijos), quizá en su casa y con perspectiva de recuperar sus tierras o sus negocios o tiendas o profesión en un futuro próximo. Pero resulta que no se dio ni un solo caso de apostasía, salvo la de los curas del PNV que fue previa a la guerra (apostasía porque antepusieron el odio a España y los españoles de los hermanos Arana fundadores de su partido, al amor a Dios al que debieron ser fieles por ser sus ministros, de lo que ambos son incompatibles radicalmente), que colaboraron, de un modo peligrosísimo para los propios católicos más incautos, con sus políticos antiespañoles encabezados por el «lendakari» Aguirre, su caudillo regional, apóstatas todos ellos, en la caza y exterminio de los católicos españoles durante toda la guerra (los historiadores reducen con engaño inequívoco la persecución solo a los seis primeros meses de la Cruzada, pero eso es falso y lo saben, pues transcurrido algún tiempo, los católicos en zona roja celebraban misa a escondidas hasta el último día de la guerra, ocultos a la persecución roja, por eso pasados aquellos primeros meses hubo menos capturas de católicos, pero la persecución no cesó, siendo asesinados a pocos días de la rendición no pocos católicos a manos de rojos desesperados y huyendo).
Aquellos ESPAÑOLES, sí, españoles con mayúscula, aquellos ESPAÑOLES de verdad y no de «banderitas» y fiesta discotequera cubata en mano y gafas de sol, aquellos ESPAÑOLES de misa dominical y no de manifa patriotera atea descuidando lo que el Señor por medio de su Santa Iglesia Católica Apostólica mandó para el domingo, católicos como Dios manda, NO perdieron solo sus trabajos, cualificados o no cualificados, más o menos «prestigiosos», más o menos remunerados. No solo perdieron su libertad. No solo perdieron sus propiedades, su dinero en el banco (joyas incluidas en registros de hogares), sus inversiones, su patrimonio, su «reputación profesional y social», su seguridad, su intimidad, a sus hijos, esposas y parientes, sino que lo perdieron TODO, TODO POR CRISTO, pero ganaron el Reino de Dios para siempre. ¿Quedan españoles así? En los partidos políticos, sindicatos y patronales NI UNO SOLO. La putísima democracia ha destruido la fe de los más débiles, ha supuesto una prueba descomunal de la que pocos todavía siguen en pie. Como advirtió la Virgen María Santísima en Fátima: «los buenos serán suprimidos». Con toda seguridad NI UNO hay entre los demócratas. Y entre los votantes, raro es encontrar alguno que todavía no se ha enterado o que está bajo los efectos de cualquier tipo de droga (incluso las que dispensan en las farmacias), pues de otro modo no se entiende esa adulación por el mentiroso anticristo político y el apoyo que al mismo se le da en las urnas.

Aquellos españoles, en su mayoría NO fueron a votar. De otro modo, el exterminio de católicos se hubiese multiplicado por 10, 20 o quién sabe. Una de las sorpresas que los rojos anticristos se llevaron, pueblo por pueblo, ciudad por ciudad, es que en las listas del censo, los católicos no figuraban como participantes ni en 1931, ni en 1933, ni en 1936. Por desgracia, no son pocos los prelados que exigen que los católicos hoy participen en la perdición eterna de la política, con su voto e incluso con acción política. De momento se libran del infierno por la Infinita Misericordia de Dios, pero los católicos deberían estar bien prevenidos de quienes les llevan por sendas de perdición y rechazar todo lo que pueda ofender a Dios, por tanto todo voto en elecciones. NO merece la pena perder el alma por apoyar a un mentiroso sea del signo que sea, pues todos esos males que dicen solucionar, los han creado ellos mismos con el apoyo de sus votantes, que nadie se engañe. Por eso, por la no participación en las elecciones de la II República de la mayoría de los católicos, los rojos «solo» mataron a decenas de miles de ellos, pues su nombre no figuraba en las listas del censo electoral como votantes, como era lógico, pues un católico es a la izquierda lo que un santo a un demonio, y porque los católicos sirven a Dios y no a los ricos, pues ningún deber moral ni de caridad alguna tienen de ir a defender en las urnas el patrimonio de los ricos y poderosos como estos no defienden ni han defendido nunca a los católicos y sí han perjudicado claramente desde el siglo XIX con sus desamortizaciones o robos persecutorios a la Santa Iglesia Católica, nuestra casa, la de Nuestro Señor, toda para nutrir su ya abultado patrimonio en tierras y riquezas.

Surreal

Frente a los Juzgados de la plaza de Castilla en Madrid, cientos de personas han coreado hoy (1-06-2025 a las 12:11 apoyando a los jueces en su huelga):

¡PÉ – DRO – SÁN – CHEZ
A – PRI – SIÓN!

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