Aunque todavía haya quien finja ignorarlo o lo niegue, hace ya décadas que las instituciones educativas y culturales fueron tomadas por la izquierda, convirtiéndolas en plataformas de propaganda y adoctrinamiento. Fruto de lo cual no cabe extrañarse del embrutecimiento y fanatismo de una parte significativa de la población, convencida de que sólo existe una forma “correcta” de pensar: la dictada por el Partido.
Por esta misma razón, no faltan candidatos dispuestos a seguir propagando sus consignas y perseguir a los “herejes” que todavía se resisten… puesto que se sienten legitimados para odiar, insultar y agredir a su vecino si se sale del carril.
En lo que se refiere al atontamiento inducido de la sociedad, hemos llegado a un punto en que pasamos por alto o damos por “normales” cosas que no lo son. Un ejemplo reciente, el pasado viernes 2 de enero, en un conocido concurso televisivo[1] en el que compiten institutos de Enseñanza Secundaria de toda España, ninguno de los tres integrantes de un equipo andaluz –formado, presuntamente, por alumnos escogidos– supo decir qué escritor escribió La familia de Pascual Duarte y La colmena. Y una de las respuestas dadas fue ¡Federico García Lorca!
Circunstancia que, efectivamente, ya no nos sorprende, pero que no deja de ser muy grave. Porque ya sabemos que lo que no se enseña en casa ni en la Escuela, para el alumno “no existe”, pero lo cierto que es si ya son escasos los españoles que han leído a Cela, menos son los institutos de España donde se lee y se explica su obra. Y así como no hay niño español que desconozca el nombre, las inclinaciones sexuales y las circunstancias de la muerte de Federico García Lorca, son mayoría quienes todo lo ignoran del último Premio Nobel español. Lo que, por cierto, me trae a la memoria las palabras de un viejo conocido, profesor de Dibujo y Diseño, quien me contaba que todos los años, en la primera clase del curso, a fin de hacerse una idea del nivel de sus alumnos, les pedía que escribieran los nombres de diez artistas; constatando, invariablemente, que fuera cual fuera su edad y etapa formativa, dos, tres o más chicos citaban a Lorca ¡como artista plástico! Y dado que había observado que este hecho no era algo puntual, sino que se repetía con cada nueva hornada de estudiantes año tras año, no cabía despacharlo como anecdótico… concluyendo que el citado “fenómeno” era el resultado de un marco de enseñanza inequívocamente dirigido.
Para ilustrarlo, razonaba que, de igual modo que todo alumno madrileño visitaba con su instituto al menos una o dos veces el Museo Nacional Reina Sofía para ver el “Guernica” con su correspondiente “orientación” acerca de quiénes eran los “buenos” y, sobre todo, quiénes eran, son y serán los “malos”, no había chaval en España que no tuviera a Lorca grabado a fuego en su cerebro y lo esgrimiera, a la primera de cambio, como un comodín mágico cuya invocación siempre es “correcta”, aunque no sepa ni el siglo al que pertenece ni haya leído una línea suya.
Por otra parte, como apuntábamos al inicio, el control de las instituciones culturales no sólo ha consistido en propagar la ignorancia y el miedo entre la ciudadanía, sino también, y de forma muy destacada, en alentar el odio. Un odio presente en numerosos “eventos” culturales patrocinados con el dinero de nuestros impuestos y que sin duda impregna la ideología y la mayoría de las iniciativas zurdas. Pongamos por caso uno muy reciente: el pasado 18 de diciembre se firmaba en Gijón un convenio entre LABoral Centro de Arte[2] y el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza –representados por sus respectivos directores artísticos, Semíramis González Fernández y Guillermo Solana Díez– en un acto “amenizado” con un “espectáculo” –performance en el argot “artístico”– protagonizado por una pájara autoinvestida como “Santina Superwoman” y consistente en atacar a los católicos “satirizando” a la Patrona de Asturias; es decir, la Virgen de Covadonga o Santina, haciéndola bendecir berzas[3].
Un hecho ante el que no sólo hacemos nuestras las palabras de la ciudadana doña Covadonga Sánchez en su carta al director de El Debate, denunciando la gratuita “ofensa a la fe católica y al símbolo más querido de Asturias: la Virgen de Covadonga, nuestra Santina”, sino también su reflexión posterior: “Resulta especialmente doloroso que esta falta de sensibilidad provenga de una institución pública como LABoral, sostenida con fondos de todos los ciudadanos. Me pregunto si sus responsables habrían promovido una representación similar sobre figuras religiosas de otras confesiones. Estoy segura de que no, porque en esos casos prevalecerían la prudencia y el respeto”[4].
Por supuesto, tampoco nos escandaliza este tipo de ocurrencias en el actual director artístico del Thyssen –su pedigrí le avala[5]–, pero sí conviene recordar que si hubo un tiempo en que la toma de las instituciones encontró la resistencia de los profesionales que las hacían funcionar cabalmente, hoy apenas quedan voces que se atrevan a señalar la homogeneidad, la inoperancia y el sectarismo reinantes en todas ellas. Que para eso, y no otra cosa, coparon quienes lo hicieron los institutos y universidades, amparados, como siempre, bajo el mendaz paraguas de la “libertad”, la “pluralidad” y la “democracia”.
Y es que ya no parece haber nadie que considere noticiable el cribado ideológico para acceder a cualquier cargo en la Administración Pública, departamento universitario o en las empresas del IBEX; ni que muchos de quienes dirigen los departamentos de Recursos Humanos en pequeñas y medianas empresas hayan interiorizado la “corrección política” como primera directriz de reclutamiento. Al fin y al cabo, la normalización de la autocensura impide detectarla y corregirla.
En el caso concreto del Museo Nacional Thyssen-Bornemysza de Madrid, su deriva hacia el activismo político se aprecia con nitidez en el peso del departamento “educativo” dirigido por Rufino Ferreras y su nutrida cuadrilla (Alberto Gamoneda, Ángeles Rodríguez, Begoña de la Riva, Salvador Martín, Eva García, Felicitas Sisinni y María Quintas). Algo que los mismos protagonistas manifiestan veladamente al invocar a Nelson Mandela –“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el Mundo”–, pero que entendemos a la perfección cuando nos muestran su filosofía: “Damos una gran importancia a la investigación, la sostenibilidad y la innovación, incorporando sin dogmatismos metodologías, tanto de trabajo como de generación de conocimiento, basadas en el intercambio de ideas. Pretendemos generar preguntas, con múltiples respuestas, a una sociedad que entendemos como poliédrica y líquida. Creemos que es posible otra forma de acercar los museos y el arte, que la educación es una poderosa herramienta para el cambio o, al menos, que la educación es imprescindible para cambiar el lugar de la sociedad, de las personas, en el museo”[6].
No digamos ya cuando investigamos un poco acerca de las actividades “educativas” que organizan. Véase el proyecto Narraciones, destinado a la “resignificación” o tergiversación del pasado y del presente: “El proyecto Narraciones explora, desde hace años, el potencial del arte para generar vínculos reales y afectivos entre el museo y distintas comunidades. Cada edición, que parte de una exposición del museo, buscamos generar un proceso colectivo de escucha, memoria y creación con personas diversas. A través de encuentros, diálogos y acciones colaborativas, Narraciones propone repensar el patrimonio artístico desde otros lugares como lo rural, lo doméstico o lo no representado. Este proyecto, que entiende el arte como espacio de relación, reconoce en los saberes situados, especialmente los femeninos y populares, una forma de patrimonio vivo y necesario. Lejos de los relatos únicos, propone otros modos de mirar, de contar y de habitar el museo abriendo la posibilidad de resignificar lo cotidiano, de dotarlo de valor simbólico, de trazar una narrativa propia”[7].
O este otro, dirigido a impulsar la ideología de género: “Nos+Otras es un proyecto de colaboración, encuentro y creación protagonizado por diferentes colectivos de mujeres, artistas y educadores. Una propuesta que recoge, de manera orgánica, toda la experiencia y el trabajo de EducaThyssen en torno a cuestiones de género. Esta iniciativa surge por el interés de crear nuevos espacios de trabajo entre diferentes colectivos y asociaciones de mujeres (Comisión para la investigación de malos tratos a mujeres, CRPS Latina, Pueblos Unidos. Ventiallarte, CCM Lucero, Fundación Secretariado Gitano y Grupo Amás), artistas y educadores. Contamos además con la colaboración de la Rede de Museos de Lugo, que cuenta con una reconocida trayectoria en cuestiones de género e inclusión, así como el apoyo de la Fundación Edmond de Rothschild”[8].
Ejemplos, en definitiva, que vienen a constatar la convergencia de las instituciones educativas y culturales en la idiotización e intimidación de la sociedad mediante el ataque sistemático a los pilares de la Civilización, contaminando el Saber, la Cultura y el Arte con todo tipo de iniciativas aberrantes y disolventes.
NOTAS AL PIE DEL DOCUMENTO
[1] Saber y Ganar.
[2] Enlace a su página web: https://laboralcentrodearte.org/es/
[3] Divulgado por La Nueva España el 17 de diciembre de 2025: https://www.lne.es/fotos/gijon/2025/12/17/santina-superman-bendice-berzas-show-124879517.html
[4] Enlace a la carta completa publicada en El Debate el 28 de diciembre de 2025: https://www.eldebate.com/opinion/cartas-director/20251228/santina-no-profana_369136.html
[5] Al respecto: https://okdiario.com/espana/director-artistico-que-monto-exhibicion-descolonizadora-del-thyssen-fue-listas-sumar-13622902
Emblema de todo un sistema: profesor titular de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad Autónoma de Madrid y crítico de arte de El Cultural del diario El Mundo.
[6] Enlace a la página web del Museo Thyssen-Bornemysza: https://www.educathyssen.org/nuestra-filosofia
[7] Enlace a la página web del Museo Thyssen-Bornemysza: https://www.educathyssen.org/programas-publicos/narraciones
[8] Enlace a la página web del Museo Thyssen-Bornemysza: https://www.educathyssen.org/programas-publicos/nosotras-red
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