06/11/2026 12:43
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Hay que reconocerle al circo oficialista un mérito indiscutible: la capacidad sobrehumana de superar diariamente su propio umbral de ridículo. El último cuadro del sainete, con un elenco de vestales de la subvención desgañitándose entre gallos y gorgoritos para perpetrar una parodia del Cara al sol, no pertenece al ámbito del arte ni al de la política, sino al de la veterinaria ideológica. Ver a semejantes majaderas a las tres, desprovistas del menor atisbo de técnica vocal o pudor intelectual, pretendiendo escandalizar al personal a base de berridos es el retrato definitivo de una cultura devorada por la indigencia.

La provocación, cuando carece de talento, no es más que una rabieta de parvulario pagada a precio de saldo con el dinero del contribuyente. Estas supuestas transgresoras de moqueta y pesebre, tan sumisas a la teta del Estado como incapaces de sobrevivir diez minutos en el mercado libre de la creación, han conseguido el milagro de convertir el himno falangista en un bochornoso ejercicio de karaoke para histéricas. No hay ahí dinamita cultural ni rebeldía; solo hay la risita nerviosa y el servilismo grotesco de quien sabe que su única razón de existencia radica en aplaudir y rebuznar en el momento exacto en que lo ordene el amo que firma el cheque.

Lo verdaderamente irrisorio de la escena es esa sobreactuada gravedad con la que las adoctrinadas del régimen se miran entre sí, convencidas de estar protagonizando un hito histórico mientras la audiencia solo ve a un puñado de figurines desarticulados haciendo el canelo. El esperpento no reside en la partitura manoseada, sino en el abrumador vacío de las intérpretes. Son prescindibles, vulgares y cómicamente torpes, marionetas de un espectáculo en decadencia que confunde el arte con la charlotada y la libertad de expresión con el desafinado aplauso a la servidumbre.

Al final, cuando se apagan los focos del plató oficial y la resaca de la propaganda se evapora, solo queda el rastro imborrable de la zafiedad. Podrán seguir adjudicándose partidas presupuestarias, aplaudiéndose entre ellas en los pasillos de la complacencia y ensayando nuevos numeritos de circo, pero la realidad es tozuda: el talento no se financia por decreto y la tontería a las tres, por muy subvencionada que esté, jamás pasará de ser un indigesto ruido de fondo.

Y todo esto, como no podía ser de otra forma, sufragado a escote por el contribuyente. El dinero público, exprimido a la España que madruga y produce, fluye sin freno hacia las cañerías del sectarismo más zafio para financiar astracanadas que degradan la dignidad institucional. Son los más inútiles y chabacanos, la cúspide de la ineptitud y la corrupción moral, quienes abren las arcas del Estado para que las malas artes del esperpento tengan acomodo y sueldo. Han convertido la sede de la soberanía nacional en un circo donde las bufonadas subvencionadas sustituyen al debate político, una mascarada zafia concebida por los perfiles más grises y mediocres que jamás hayan pisado moqueta.

La gravedad de la farsa supera cualquier precedente. Este hemiciclo, mutado en pistas de guiñol y pasarela de payasos sin escrúpulos, marca un hito de envilecimiento que dejaría pequeño a cualquier capítulo sombrío de nuestra historia. Hay que remontarse a los tiempos oscuros en que Largo Caballero y las facciones del estalinismo antipatriótico empujaron a media España a defenderse del exterminio civil para encontrar semejante nivel de sectarismo y odio larvado. Hoy no usan fusiles, pero aplauden el desafío desafinado y la zafiedad subvencionada desde las mismas bancadas, demostrando que la mediocridad encumbrada sigue siendo la herramienta más peligrosa para dinamitar una nación desde sus propias instituciones.

Estas anormalidades sufragadas por la corrupción grupal, deberán ser desterradas para que estas anómalas humanidades vuelvan al estercolero de la mediocridad y la vulgaridad del que nunca debieron salir; hocicando como auténtico puercos del esperpento más sectariamente apestoso, mientras matan ciudadanos inocentes por su inepcia y corruptelas masivas, criminales.

Están al margen de la realidad de los ciudadanos en esas porquerizas pagadas con nuestros impuestos, revolcándose en la misma inmundicia colectiva en que diluyen la normalidad estos pedazos de anomalías  bestiales. Gilimbéciles todos.

RES NON VERBA

Ignacio Fernández Candela

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional Muck Rack, autor de 17 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en muchos medios de prensa escrita y digital como El Imparcial, Rambla Libre, Diario 16, Levante y ÑTV España entre otros, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.

Información en buscadores mundiales de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela

Perfil de autor, obra literaria y trayectoria indexada en Google con Google Knowledge Panel.

Propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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