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Irene, Irina, Irino-la del coño como una mesa que se siente halagada por su vergonzosa, digamos, versatilidad; la por antonomasia braga arriada de la ventajista «justicia social», la suya; la inescrupulosa oportunista que trepó gracias al derecho de pernada universitario, antaño sumisa a los deseos machistas de los miserables podemitas que la sacaron de cajera arrodillada ya se sabe para qué menesteres netamente feministas, serían, convertida después en ridícula marquesa representante de la dignidad personal vejada, tal cuál lo creen millones de asqueados ciudadanos-, en su ociosa inutilidad ministerial la ocurrencia del día a día la muestra hilarante, y despreciable, por la continuidad del desvarío, la repugnancia del ridículo y la náusea vomitiva del parasitismo más evidente con esa bocaza de perorata fácil y ejemplo moral inexistente. Disponer de quinientos millones de euros como presupuesto para una gestión propia de gandules permite hacer el gilipollas sin sonrojarse, ni pararse a pensar la imagen de ida que se percibe de una patética arribista de innumerables complejos que parece coleccionar desde que fuera tierna repelente; algunas verdaderas mujeres la perciben de tetas caídas, como el declive de las neuronas infrautilizadas en un ser, por lo visto y demostrado cada día, vulnerable a los delirios de lo neurótico. ¿Quién puede temer las tetas de una patética aventajada en las lides de la humillación pública y personal que cree representar a la mayoría de mujeres que especialmente la aborrecen? Nadie decente, ni a ella ni al numeroso rebaño de apesebradas que lidera con el rechazo implícito del genuino feminismo que la detesta.
A decir verdad, la femineidad encarnada por Irene Montero solo inspira el asco mayoritario por cuanto manifiesta tan ajeno al mínimo respeto por uno mismo siendo la cajera un hazmerreír detestable, por cuanto de trivial encarna como aprovechada de vida fácil en tiempos de subsistencia difícil, mientras España soporta una manada carroñera de vagos que la están esquilmando hasta la ruina.
De seres como la soez y prescindible cajera metida a ministra por arte del birlibirloque del chantaje comunista a un no menos estafador Pedro Sánchez, nada se teme que no sea la impunidad por hacer el imbécil malgastando el dinero público del que este desgobierno sectario suciamente dispone en ministerios de vergüenza ajena. No se salva ninguno.
Eso no es temor sino desprecio aguzado por la incontinencia discursiva de una caradura sin freno que repugna por igual a hombres y mujeres que, a diferencia de esta líder de pacotilla, se ganan la vida con honra.
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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