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Hay tragedias que no se explican por el azar, sino por la inevitable factura que cobra
la desidia institucional. El gravísimo accidente ferroviario registrado a primera hora
de esta mañana en Urda (Toledo), donde un convoy AVE de Renfe y un tren de
Iryo han colisionado provocando que varios vagones descarrilen y caigan por un
terraplén en la línea de alta velocidad Madrid-Andalucía, es la constatación dramática
de un colapso anunciado.
Durante meses, el ministro de Transportes, Óscar Puente, ha preferido ejercer de ariete político en las redes sociales, soliviantando las calles, insultando a la oposición y agitando el enfrentamiento social antes que gestionar las infraestructuras críticas que vertebran España. Mientras el titular de la cartera malgastaba la dignidad de su cargo en el choque ideológico y la propaganda del régimen, la red de alta velocidad, antaño, antes del sanchismo, orgullo de la ingeniería y la seguridad española acumulaba un deterioro escandaloso, fallos continuados en la señalización, averías recurrentes y una falta flagrante de mantenimiento.
El resultado de anteponer la agitación partidista al deber de protección y gestión pública está hoy volcado en un terraplén toledano. Cuando la soberbia política sustituye al rigor técnico, el sistema colapsa y la factura la pagan los ciudadanos de a pie.
Óscar Puente no es solo el rostro de un cinismo político insoportable; es el responsable directo de un Ministerio que ha abandonado la España real para convertirse en un puesto de mando de la confrontación. Quien llamaba a incendiar la calle ante la pérdida del poder es hoy el máximo responsable del incendio real de la seguridad nacional y la gestión
del transporte.
No caben ya las excusas retóricas ni los balones fuera: este desastre exige dimisiones
inmediatas y una fiscalización judicial y política inflexible sobre la cadena de
omisiones que nos ha conducido hasta aquí. La verdad y la exigencia de
responsabilidades deben prevalecer sobre el muro de frialdad institucional.
La incapacidad para priorizar la seguridad vial y ferroviaria sobre el debate partidista
representa una quiebra profunda del compromiso con la función pública. Cuando
la acción de un Ministerio de Estado se traslada del rigor operativo de los puestos
de mando a la confrontación diaria en la esfera pública, la cadena de supervisión
técnica se resiente inevitables consecuencias. Los avisos y las incidencias previas
acumuladas en la red de transportes exigían una dedicación absoluta en materia
de auditoría, inversión y mantenimiento preventivo, compromisos que quedaron
relegados frente a la sobreposición del perfil ideológico del departamento.
El estilo político basado en el choque directo y el desdén hacia la fiscalización
parlamentaria no solo erosiona la dignidad de las instituciones, sino que distancia
al gestor de la realidad operativa que afectan a miles de usuarios diarios.
La acumulación de episodios críticos en las infraestructuras del país invalida
cualquier intento de trasladar la culpa a administraciones anteriores o a factores
externos. La gestión pública se evalúa por la capacidad de garantizar la prestación
segura de los servicios esenciales, y la insistencia en la evasión de responsabilidades
resulta incompatible con los estándares exigibles a un alto cargo del Gobierno.
La exigencia de responsabilidades ante este escenario no constituye un ataque político,
sino el ejercicio legítimo de control sobre quienes tienen encomendada la protección
de la ciudadanía en el transporte público. La gravedad de los hechos acaecidos en la red
de alta velocidad demanda un cambio radical en la dirección del Ministerio, situando
la solvencia técnica y la rendición de cuentas por encima del rendimiento propagandístico.
La ciudadanía requiere gestores centrados en la resolución efectiva de los problemas
estructurales de las infraestructuras, no perfiles dedicados a la agitación mediática
mientras los servicios básicos se degradan.
La sucesión de episodios críticos en los servicios esenciales de transporte, sumada
al paulatino deterioro de los contrapesos institucionales y del propio proceso
democrático, dibuja un escenario de irresponsabilidad sistémica sin precedentes
en nuestro periodo constitucional. Cuando la gestión del Estado se supedita de forma
continuada a la propaganda, al blindaje de facción y a la evasión de garantías,
el resultado previsible es la degradación acelerada de las infraestructuras clave del país.
España no puede quedar rehén de una praxis política que antepone el control del
aparato a la protección efectiva de la ciudadanía, acumulando quiebras de seguridad
y gestión que exigen un cambio radical de rumbo y un ejercicio inflexible de fiscalización
y responsabilidad taxativa y sin concesiones a un burdo sectarismo, como repugnante,
emanado del tufo sanchista,.
RES NON VERBA
Ignacio Fernández Candela
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional Muck Rack, autor de 17 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en muchos medios de prensa escrita y digital como El Imparcial, Rambla Libre, Diario 16, Levante y ÑTV España entre otros, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores mundiales de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Perfil de autor, obra literaria y trayectoria indexada en Google con Google Knowledge Panel.
Propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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