04/10/2026 16:35
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El P. Christian Viña nació en Rosario el 24 de febrero de 1961. Cursó su primaria y secundaria en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús de su ciudad natal, a cargo, entonces, de los beneméritos Padres Bayoneses. A los quince años comenzó a trabajar en el periodismo; se recibió de periodista y locutor. Trabajó en todos los medios escritos, radiales y televisivos de Rosario y, desde 1989, hizo lo propio en la radio y la televisión porteñas. Cumplió, en este 2026, cincuenta años de periodista.

Tras su conversión, volvió a sentir con fuerza el llamado al sacerdocio de sus años infantiles. Ingresó al seminario con 43 años y fue ordenado sacerdote por el entonces arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, el 30 de noviembre de 2012, fiesta de San Andrés, apóstol. Fue párroco de Sagrado Corazón de Jesús, de Cambaceres, entre 2013 y 2023. Fue fundador y primer párroco de Santos Mártires Inocentes, de Cambaceres, Ensenada (2013-2018). Estuvo a cargo de la Dirección de Prensa del Arzobispado de La Plata entre 2013 y 2018.

Lleva publicados, con este, quince libros: Católico… y periodista (1997); Lloré por ti, Argentina (1998); Aquí estoy (1999); Y en el 2000 también (2000); Gracias por todo (2001); Hoy rodeados de amor (2003); Nos espera lo mejor (2011); Católico, periodista… y sacerdote (2014); Aburrirse… y ser santos (2016); Católicos sin miedo; políticamente incorrectos (2017); ¿Y Jesús, para cuándo? (2022); Homilías en tiempos de ‘pestes’… Realeza Social de Cristo, o globalismo antihumano (2023); Agenda Jesucristo 2033. Para celebrar la Victoria definitiva del Rey de reyes (2024); y, en 2025, Buscando nuevos guerreros de Cristo Rey.

Entrevistamos al P. Christian Viña sobre su libro Centenario Cristero y lucha por la santidad, tomando como hilo conductor el prólogo del P. Cantera.

¿Qué supone para usted que le haya prologado el libro el padre Cantera?

Es un honor para mí que haya escrito el prólogo del libro el querido y admirado padre Santiago Cantera Montenegro, OSB. Me conmueven su fidelidad a Cristo y a su amadísima Iglesia; su lucidez y coraje; su firmeza y determinación. Gracias a Dios, no es «políticamente correcto». Y, con esa libertad de los hijos de Dios —propia de quienes solo buscan el heroísmo y la santidad para la gloria de Dios—, está haciendo muchísimo bien al Cuerpo Místico del Señor. Su única candidatura es al Cielo y, por lo tanto, está en inmejorables condiciones para responder, con valentía, a lo que la Iglesia le pide.

Nos conocemos desde hace varios años. Tuve la dicha de compartir con él, y los demás frailes, una inolvidable jornada en el Valle de los Caídos en enero de 2020. Es de aquellos sacerdotes de extrema necesidad en estas horas de la Iglesia. Además, su notable erudición en historia aportó un plus extraordinario, dada la temática del libro.

En su prólogo también cita otro libro del P. Olivera Ravasi en esa misma trinchera y a otros insignes sacerdotes argentinos como el padre Alfredo Sáenz o el padre Ezcurra…

Varios sacerdotes y seglares argentinos han contribuido notablemente al conocimiento de la epopeya cristera. Es más: en Argentina se comenzó a difundir la gesta mucho antes que en México. El párroco del Santuario de Guadalupe, en Guadalajara, donde están las reliquias de los mártires cristeros Anacleto González Flores y Miguel Loza, me dijo, emocionado, que es notable la cantidad de peregrinos de nuestro país que van hasta allí.

En efecto, los padres Alberto Ezcurra —de feliz memoria— y Alfredo Sáenz enseñaban sobre los cristeros en el inolvidable Seminario de Paraná en los años ochenta del siglo pasado. De aquel seminario extraordinario salieron varias generaciones de sacerdotes íntegros, viriles, de sana doctrina y fervorosos, que hoy dan testimonio de Cristo en distintas partes del mundo. El padre Sáenz —que peregrinó, en varias ocasiones, por el México martirial— investigó sobre Anacleto González Flores y otros cristeros. Dio un sinfín de conferencias sobre ellos y publicó su libro La gesta de los cristeros, en su saga sobre historia de la Iglesia, La nave y las tempestades. Luego vinieron, en efecto, los aportes del padre Olivera Ravasi y del seglar Enrique Díaz Araujo, entre otros. Sí, en Argentina, cuando en México estaba oficialmente prohibido, se hablaba de los cristeros con valentía y erudición. Es una honra para nosotros, sin duda.

En el prólogo, el padre Cantera cita el maltrato de la jerarquía a los cristeros. ¿Ve paralelismos entre aquellos obispos de 1926 y la soledad del clero hoy?

Hubo obispos muy valientes, como monseñor Francisco Orozco y Jiménez, arzobispo de Guadalajara entre 1913 y 1936, y San Rafael Guízar y Valencia, entre otros, que estuvieron al frente de sus sacerdotes, consagrados y seglares. Otros optaron por cierto espíritu «componedor» y los hubo, también, que se opusieron tenazmente a la resistencia católica armada. El padre Santiago escribe en el prólogo que, en efecto, «aquellos héroes que lucharon y dieron su vida por Cristo Rey y la Virgen Guadalupana… fueron maltratados por una parte de la jerarquía, mancha en la historia de la Iglesia que San Juan Pablo II repararía promoviendo definitivamente sus causas de beatificación y canonización».

Dios pone siempre las cosas en su lugar. No es fácil comparar los procesos históricos. «Hay de todo en la viña del Señor». Siempre habrá obispos lúcidos y valientes que apoyarán a sus hijos sacerdotes como corresponde, y habrá otros que no ejercerán su paternidad como es debido. Es una cuestión de fe y de testosterona. Cuando la herejía arriana arrasaba, la inmensa mayoría de los obispos eran arrianos o semiarrianos. Permanecieron fieles al Señor y a su amadísima Iglesia un puñado de obispos y la inmensa mayoría de los sacerdotes del por entonces llamado «clero bajo»; los que hoy serían, por ejemplo, los curas de barrios, de zonas rurales o de arrabales… Dios se valdría del Concilio de Nicea para proclamar, con firmeza, la consustancialidad y, por supuesto, también del oportuno cachetazo de San Nicolás a Arrio…

¿Cómo el padre Cantera anima a la santidad y al Reinado Social de Cristo siguiendo el ejemplo y heroísmo de los cristeros?

El padre Santiago se sirve de los diversos testimonios recogidos en el libro para animar al heroísmo y la santidad. Escribe, al respecto: «Desfilan por estas páginas numerosas personas de los ámbitos socioculturales más diversos, pero a todas les une la humanidad y a la gran mayoría de ellas su vida cristiana o, al menos, la búsqueda del sentido religioso de la existencia. Muchas viven una vida cristiana que es a la vez sencilla y profunda, realmente santa o en la que luchan y se esfuerzan por ser santos. Son personas que pasan o han pasado por la vida del autor y para las que él tiene un agradecido recuerdo, proponiéndolas muchas veces como modelos de vida de fe en su cotidianidad». O sea: la santidad no es un privilegio de pocos, sino un deber de todos. Solo con su búsqueda sencilla, humilde, perseverante y obediente podemos darle gloria a Dios.

¿Cómo valora el padre su conversión tras una juventud un tanto alejada de Dios?

Escribe, sobre el particular, el padre Santiago: «El autor también revela su trayectoria personal en los capítulos o artículos de este libro. Los trazos autobiográficos son numerosos y es posible reconocer su camino de retorno a Dios después de una infancia piadosa en el hogar de la familia y en el colegio de los Padres Bayoneses y de haber atravesado una adolescencia y primera juventud alejado de Dios y, sobre todo, de la Iglesia, como dice él mismo. El agradecimiento del P. Christian Viña es total hacia la bondad infinita de Dios, que le esperaba con los brazos abiertos tras esos años de desorientación en la fe y en la vida pese a los éxitos profesionales que cosechaba como periodista. Y nos descubre cómo la llamada al sacerdocio y el ministerio desempeñado en esta vocación ha sido el gran regalo con que Dios le colmaría más allá de todas sus expectativas».

Y es así, realmente. ¡Estoy felicísimo de ser sacerdote! Lo digo una y otra vez: si volviese a nacer, diez mil millones de veces volvería a elegir ser sacerdote. Como muy bien nos enseñó el querido y admirado Benedicto XVI, «Dios no me quitó nada, y me lo dio todo». Solo Dios sabe cuánto sufrí en aquellos años por estar lejos de Él. Como rezamos en un bello himno de la Liturgia de las Horas, estaba «harto de todo y lleno de nada». El Señor, en su misericordia, lo permitió para pulirme, ir despojándome del hombre viejo, y para que las noticias me sirvieran de trampolín hacia la Buena Noticia.

¿Siente que el monje benedictino aprecia su labor como sacerdote, su cercanía a la gente, su celo por las cosas santas y el entusiasmo para promover vocaciones?

Ciertamente que sí. El padre Santiago, amigo y hermano del alma con quien hablo muy seguido, me alienta, me aconseja y me enseña con gran sabiduría y paciencia. Como él también procede del campo intelectual sabe, perfectamente, cuánto debe realizarse para hacer presente a Cristo en la cultura y en los ambientes más hostiles. Sus palabras y su testimonio son, para mí, muy importantes. S©e que en él tengo un amigo y hermano sacerdote leal, confidente y con ideas muy bien puestas.

También valora mucho el padre que usted defienda la vida y la familia…

«¡La defensa de la vida y la familia no son una opción más. Es el camino de la Iglesia para este Tercer Milenio!». Estas palabras, vibrantes, fueron dichas por el cardenal Alfonso López Trujillo en Buenos Aires, en 2005. Yo estaba en mi segundo año de seminario. Y, si bien venía de una intensa militancia provida y profamilia, sus expresiones, categóricas, me conmovieron. Él se estaba muriendo de cáncer y nos estaba dejando a los futuros sacerdotes un desafío concreto; no condicional, sino obligatorio. Junto a San Juan Pablo II, el padre Juan Claudio Sanahuja y otros sacerdotes fieles e íntegros fueron valientes profetas. Y anunciaron, con precisión, lo que se vendría.

Vemos cómo el antinatalismo está llevando a la muerte a continentes enteros, como el europeo. Europa, a este paso, dejará de ser cristiana en apenas unos pocos años. La invasión musulmana no solo es por Ceuta y otros puntos. Se viene dando desde hace décadas con sus altos índices de natalidad, frente a tantos europeos que ven a los niños como una amenaza, y a los perros y gatos como insustituibles. El abominable crimen del aborto extenderá sus ríos de sangre aquí y allá. En Argentina, también, se está muriendo más gente de la que nace. A esto nos han llevado, desde el nominalismo y el protestantismo en adelante, siglos de descristianización y hasta de guerra declarada contra Dios y su única Iglesia.

El prólogo exalta su amor a la Hispanidad. ¿Por qué el globalismo actual tiene tanto empeño en triturar nuestras raíces católicas comunes?

Lo dijo en su hora el entonces cardenal Ratzinger: «El demonio jamás perdonará a España que haya llevado el Evangelio a medio mundo». Por eso el globalismo, de inspiración masónica y materialista, es anticristiano, antihumano y antihispano. Duele muchísimo ver a España, nuestra amada Madre Patria, secuestrada por él. Confiamos, de cualquier modo, en que renacerá de sus cenizas y que volverá a dar al mundo un ejemplo contundente de su fidelidad.

Las jóvenes generaciones, ya de vuelta del hippismo y de otros experimentos siniestros de la izquierda —hoy unida en sorprendente maridaje con la derecha—, tienen mucho más sentido de la vida, del matrimonio y de la familia. El problema, como bien lo advirtió el cardenal Sarah, está en la «generación del 68» del siglo pasado, que ya está próxima a su fin. Los «progresaurios» tienen fecha de vencimiento. Lo que viene, gracias a Dios, es más ortodoxo y tradicional.

¿Cómo une el padre Cantera la peregrinación a Covadonga con la de Luján?

Señala sobre el particular: «El autor nos pone ante los ojos verdaderos modelos de una fe profunda, vivida y combatiente, de tantos y tantos seglares. Es el caso también de los jóvenes que acuden año año a las peregrinaciones de Nuestra Señora de la Cristiandad en Argentina y en España (sin que olvidemos las de Francia). En el ambiente de descristianización progresiva, un hecho que llama la atención y que aquí se expresa es cómo a veces hoy son los hijos que viven o han descubierto la fe los que piden auxilio al sacerdote para ayudar a sus padres a que la encuentren, cuando antes era a la inversa».

Por último, también lo valora mucho a usted como periodista y escritor…y también su poesía.

El padre Santiago es muy generoso. Valoro muchísimo sus enseñanzas. Todo el tiempo aprendo de él. Solo trato de poner a disposición del Señor los dones y talentos que Él, en su bondad, me da. Nada me pertenece. Estamos para buscar su gloria y hacer de la Iglesia una «fábrica de santos». Enhorabuena que podamos valernos de todos los medios para ello.

Autor

Javier Navascués
Javier Navascués
Subdirector de Ñ TV España. Presentador de radio y TV, speaker y guionista.

Ha sido redactor deportivo de El Periódico de Aragón y Canal 44. Ha colaborado en medios como EWTN, Radio María, NSE, y Canal Sant Josep y Agnus Dei Prod. Actor en el documental del Cura de Ars y en otro trabajo contra el marxismo cultural, John Navasco. Tiene vídeos virales como El Master Plan o El Valle no se toca.

Tiene un blog en InfoCatólica y participa en medios como Somatemps, Tradición Viva, Ahora Información, Gloria TV, Español Digital y Radio Reconquista en Dallas, Texas. Colaboró con Javier Cárdenas en su podcast de OKDIARIO.
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