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En medio del dantesco escenario de inanición institucional que sufre España, ha tenido que ser el expresidente José María Aznar quien ponga palabras exactas a lo que la inmensa mayoría de los españoles contempla con estupefacción e indignación contenida. Sus declaraciones no admiten atenuantes ni rodeos diplomáticos: señalar que la inacción del Ejecutivo en Ceuta responde a una trilogía devastadora, cobardía, incompetencia y traición, no es un exceso retórico; es el diagnóstico riguroso de una quiebra de Estado sin precedentes en nuestra historia reciente.
Cuando el principio de autoridad se disuelve y La Moncloa decide alinearse tácticamente con las pretensiones de los artífices del asedio, dar la razón al invasor mientras se maniatan las capacidades disuasorias del propio Estado no constituye una mera disfunción política. Es una traición de hecho a los intereses nacionales y un desacatado incumplimiento del deber supremo de custodia del territorio soberano.
Aznar ha recordado una verdad elemental de nuestro Ejército que la hegemonía del relato oficialista pretende sepultar bajo anestesia mediática: las Fuerzas Armadas tienen la obligación constitucional ineludible de garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. Exigir la movilización e intervención militar en la frontera sur no es un recurso drástico ni una postura extrema; es la respuesta ordinaria, proporcional y legítima que cualquier nación seria articula cuando sus fronteras son violadas mediante estrategias de guerra híbrida.
Frente a la pasividad complaciente del Gobierno central, que ha convertido la rendición en norma procedimental y deja a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado vendidas en primera línea sin medios ni respaldo político, la denuncia del expresidente rompe el muro del silencio. Ceuta no puede sostener el embate harto hostil mediante componendas cosméticas mientras se ningunea el papel disuasorio del Ejército; es condenar a la ciudad autónoma a la asfixia paulatina. Cuando la soberanía de la Patria se rinde por cálculo o cobardía, la voz de la conciencia moral y del rigor jurídico debe alzarse sin tibiezas para señalar a los responsables de esta aberración histórica.
Cuando la sospecha de alta traición deja de pertenecer al ámbito del debate político para convertirse en una evidencia fáctica incontestable, el papel de las Fuerzas Armadas deja de ser meramente operativo para erigirse en el último baluarte de la existencia misma del Estado. Las Reales Ordenanzas y el mandato supremo articulado en el texto constitucional no conciben al Ejército como un mero instrumento supeditado al capricho o a la componenda de un Gobierno circunstancial, sino como la reserva moral y soberana que custodia la integridad de España. Frente a órdenes vaciadas de legitimidad que pretendan desarmar los confines de la Nación o amparar la cesión camuflada de territorio, el estamento militar halla en su juramento a la Bandera el deber ineludible de prevalecer sobre la arbitrariedad de quien haya decidido vender la soberanía nacional al enemigo exterior.
La doctrina de la defensa y el propio ordenamiento sancionan con absoluta nitidez que la obediencia debida encuentra su límite infranqueable en la comisión de delitos contra la propia Constitución y la integridad del territorio soberano. Someter a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad al escarnio de presenciar impotentes la ocupación paulatina de Ceuta, mientras la dirigencia política ejerce de colaboradora necesaria del chantaje extranjero, constituye un estado de excepción de facto. Ante la claudicación deliberada de las instituciones civiles, la activación de los mecanismos de disuasión y custodia militar no es solo una facultad legal respaldada por la norma fundamental: es una exigencia histórica, un mandato ético innegociable y la última garantía de que España no será desmembrada desde el servilismo de sus propios despachos.
RES NON VERBA
Militares de España: El honor sin honra es infamia. Por Ignacio Fernández Candela
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional Muck Rack, autor de 17 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en muchos medios de prensa escrita y digital como El Imparcial, Rambla Libre, Diario 16, Levante y ÑTV España entre otros, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
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Perfil de autor, obra literaria y trayectoria indexada en Google con Google Knowledge Panel.
Propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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