10/09/2026 12:13

Uno de los marcadores más evidentes de la destrucción moral de Occidente es su tolerancia y pasividad ante la basura posmoderna, o, dicho de otra forma, su mansa convivencia con la estupidez y la deformidad[1]. La insensibilidad ante lo aberrante no distingue de clases y, ya sean políticos, ejecutivos, oficinistas, médicos, profesores, obreros o repartidores, una inmensa mayoría parece haber asumido como «normal» un paisaje contaminado con experimentos «artísticos» deplorables. Indiferente a los delirantes extravíos que «decoran» su espacio de trabajo, ya sea un ministerio o una sucursal bancaria. Da igual si es el Palacio de la Moncloa, el Congreso de los Diputados o la sala de espera del dentista o de un abogado, las zonas comunes de la comunidad de vecinos, las paredes de un restaurante o los pasillos y habitaciones de un hotel. Se despista uno un momento y allá que nos agrede una «curiosa» atrocidad visual.

Naturalmente, nada de esto sería posible sin el esfuerzo prolongado y coordinado de todo un Sistema, y sin la aplicación sostenida de unas políticas destinadas a desactivar, alienar, deshumanizar y someter a la población, obligándola a respetar, fingir admiración o, simplemente, tolerar «creaciones» sin sentido ni valor.

Porque no nos engañemos; ni la extensión inicua del término «arte»; ni la consideración de la pieza artística como un mero objeto especulativo; ni la aprobación y el aplauso del fraude en todas y cada una de las ramas de las artes; ni la inundación de nuestro imaginario con motivos repulsivos y referentes perversos desde la escuela; ni la supresión del pensamiento crítico mediante la imposición de un creciente número de tabúes; ni la construcción de una Historia del Arte en la que cabe todo son «cosas que pasan», fruto del azar.

Tales despropósitos han sido instigados desde arriba[2]; sancionados por unas instituciones académicas corruptas al servicio del Poder, y puestos en el escaparate y vendidos a la masa por los medios de propaganda —mal llamados de comunicación— del Sistema.

Por supuesto, en tanto dependientes del Ministerio de Cultura, los museos estatales funcionan igualmente como instrumentos de ingeniería social y juegan un papel fundamental en la configuración de ese estado mental blando y degenerado que conviene a las élites gobernantes.

Así, el pasado 10 de junio de 2026, el Museo Thyssen-Bornemysza de Madrid acogió la «performance» Night Shift / Turno de noche, en la que la «artista» Maya Sarabia hacía lo siguiente: «recoge conversaciones con el personal de limpieza del museo en las que revelan su relación íntima y secreta con las obras. De ese diálogo en la tranquilidad de la noche nace una música tenue, que evoca la vida que las pinturas recobran en la soledad. La pieza se completa con la creación de una canción para el turno de noche, donde resuenan el trabajo invisible, la memoria y la contemplación solitaria del arte»[3].

Una «acción» comisariada por la «experta» Semíramis González Fernández[4] y coordinada por su compinche Laura Andrada de Lorenzo[5], con el patrocinio y la colaboración del Ministerio de Cultura; AECID (Agencia española de Cooperación Internacional para el Desarrollo) – Centro Cultural de España en Guatemala; el Cabildo de Gran Canaria; «The Social Hub»[6];  «Ellascrean»[7]; «Centro Atlántico de Arte Moderno»[8] y «LABoral, Centro de Arte y Creación Industrial / Principáu d’Asturies[9]». En definitiva, un tinglado ridículo pagado casi íntegramente con nuestros impuestos a través de instituciones públicas o de chiringuitos gubernamentales.

Así mismo, del 23 de junio al 2 de julio de 2026, el Museo Thyssen se sumaba a la campaña homosexualista anual del «Orgullo gay» con una exposición sobre «amor diverso», introducida y justificada como sigue en la web del Thyssen: «Temas, iconografía y personajes relacionados con la cultura, la sensibilidad y la experiencia del colectivo LGTBI han estado presentes en el arte, a veces de manera casi invisible» [10]. Una frase que encierra en sí misma tres falacias: 1) ¿Qué es eso de la «cultura LGBTI»? ¿Desde cuando la orientación sexual implica una «cultura» propia?; 2) La agrupación de individuos en el llamado «colectivo LGTBI», como si se tratase de una especie de colmena homogénea[11], presupone una uniformidad falsa que sólo responde al interés por apropiarse políticamente de sus voluntades; y 3) ¿Qué significa el ridículo constructo «a veces, de manera casi invisible»? ¿A dónde nos conduce tan sutilísima matización doble sino a la contradicción y a la nada?

En la misma línea, el citado museo madrileño organizaba otro sarao el 8 de julio para la difusión de la película Trambólika[12], un largometraje destinado a divulgar las andanzas de la «artista LGTBI+ Chelo». ¿Y quién es Chelo? Pues un transexual que se define a sí mismo como «une artiste multidisciplinar, DJ y performer LGBTIQ+ originarie de Villar de Olalla (Cuenca)»[13]. Todo un exponente de lo que cualquiera entiende por Cultura: intemporal, edificante, modélica y trascendente.

Por descontado, la apropiación de «la cultura» por parte del Globalismo, izquierda mediante, responde a la misma vocación totalitaria que lleva a colectivizar a los homosexuales y agrupar a las mujeres bajo una misma bandera. Porque una «cultura» domesticada tiene una única función: servir de ariete político y herramienta de manipulación. No por casualidad, el Thyssen sirve también de plataforma y altavoz de la posición gubernamental en el conflicto entre Israel y Palestina, prestándose así a una mayor, si cabe, politización del ámbito artístico. Porque cuando «el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, inaugura el encuentro «Ágora por Palestina», que se celebra los días 14 y 15 de julio en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, un espacio abierto al público en el que se presentarán proyectos culturales y programas de apoyo y cooperación de la sociedad civil con Palestina»[14], ¿qué pretende sino apropiarse de la cultura y arrogarse la representación de la sociedad civil en su conjunto para revestir una causa política de una legitimidad que no tiene?

«Por suerte», si el panorama del Thyssen no nos basta, el Museo CA2M (perteneciente a la Comunidad de Madrid) presenta una propuesta cultural casi «mejor», exhibiendo del 9 de julio de 2026 hasta el 10 de enero de 2027 la muestra de Blanca Gracia titulada Antidotum tarantulae, así justificada en la web de la institución: «Esta instalación audiovisual que forma parte de la Colección del Museo CA2M plantea una hibridación entre la representación teatral, la animación y el sonido con el fin de reflexionar sobre el poder del lenguaje y la voz como herramienta social. Una propuesta inmersiva donde los visitantes pasan a formar parte de esta teatralidad. El trabajo de Blanca Gracia (Madrid, 1989) alude a la mitología para explorar mundos de pseudo-ficción con los que ha desarrollado narraciones asimiladas a nuestra propia contemporaneidad»[15] (sic).

Ahora bien, si el lector no tiene suficiente, el Museo Reina Sofía nos ofrece Leche, nieve, lágrima, mano. El saber hacer de Blanca Sánchez. Y, si todavía quiere más, el espacio CentroCentro (perteneciente al Ayuntamiento de Madrid) nos regala otro rico repertorio de ocurrencias[16]. Por ejemplo, «La exposición titulada La tempestad propone un recorrido por la obra del artista Avelino Sala a modo de ejercicio de resistencia crítica y poética. La exposición se despliega como un campo de tensiones: entre amenaza y fragilidad, entre símbolos heredados y nuevos imaginarios, entre los gestos del poder y las grietas por donde se filtran otras narrativas. […] En series como la Biblioteca de Babel los libros se convierten en artefactos de memoria y de lucha, dando cuerpo material a consignas y movimientos que habitan los márgenes de la historia oficial» (sic).

¿Y qué nos encontramos en la citada exposición —comisariada, por cierto, por la ubicua Semíramis González—? Pues ¡ojo al parche! un busto de maniquí empleado en frenología, grupos de globos terráqueos apilados verticalmente sobre los que se ha vertido pintura, plumas colgando del techo sobre un enorme punto rojo situado en el suelo, consignas en la pared y un montón de perros de plástico idénticos… Según Semíramis, un ejemplo de «compromiso social», «que nos interpela como sociedad», que «tiene que ver con la crisis ecológica y la emergencia climática… con los movimientos de las mujeres, la lucha feminista, los movimientos antirracistas y también esa preocupación que tenemos con el futuro del planeta…»[17] (sic).

Aunque, por supuesto, esto no es todo lo que CentroCentro puede ofrecernos. Así: «La serie Albino, de todos los terrores, la terrible blancura se desarrolla a partir de la investigación pictórica en torno al albinismo tomado como territorio de tensión simbólica, política y corporal. Lejos de entender esta mutación como un motivo documental o biológico, el proyecto se aproxima a aquellos cuerpos que la cultura ha situado históricamente en los márgenes de la representación: cuerpos hipervisibles, ambiguos, difíciles de clasificar, atravesados por la fascinación o el temor. En este sentido, el proyecto dialoga con algunas ideas de Michel Foucault acerca de los cuerpos considerados anómalos y de los mecanismos culturales que otorgan visibilidad, clasificación y diferencia» (sic).

Y para ilustrar esta monserga, la «artista» Isabel López Liebre nos planta un elefante sobre un fondo de tela rosa que ella misma explica así: «ha sido como una puerta para abrir una reflexión en torno a la vida, a los procesos de visibilidad y exposición […] yo trabajo desde hace tiempo con soportes metálicos, reflectantes… me gusta que el propio soporte participe de la obra… que sea un elemento más que aporte capas de significado»[18] (sic). Y aunque Isabel no nos cuenta qué capas de significado son esas que aporta un soporte, lo importante es que su obra tiene muchas capas de significado, y, por lo tanto, es compleja. Y lo más relevante: ella misma, como artífice de una obra compleja, también es un ser complejo e inteligente. Y así debemos verla. No como una charo simple y vanidosa[19].

Ahora bien, la cuestión no es por qué se da tanta cancha a tanto majadero. Ya hemos explicado que todo el entramado de las «artes» tiene un objetivo disolvente y persigue la idiotización y desmoralización del personal. La cuestión es cómo mucha gente con cerebro acepta vivir en este páramo de esperpento y colorines como si no pasara nada.

NOTAS AL PIE DEL DOCUMENTO

[1] «LAS OPINIONES VERTIDAS EN LA SECCIÓN DE OPINIÓN CORRESPONDEN EXCLUSIVAMENTE A SUS AUTORES Y NO REFLEJAN NECESARIAMENTE LA LÍNEA EDITORIAL DEL MEDIO».

[2]     Alimentando la ambición de los arribistas e intimidando a los ingenuos.

[3]     Véase el enlace: https://www.facebook.com/MuseoThyssen/videos/la-performance-night-shift-turno-de-noche-de-maya-sarabia-recoge-conversaciones-/2568896593524916/

[4]     “Gestora cultural, comisaria de arte contemporáneo, curadora, feminista y directora de LABoral, Centro de Arte y Creación Insdustrial de Gijón”. Su formación: “Máster en Historia del Arte Contemporáneo y Cultura Visual en el Museo Reina Sofía de Madrid por la Universidad Complutense”. Id est, puro y genuino producto del Sistema.

[5]     Su cuenta de Instagram es un auténtico filón-repositorio de las enriquecedoras iniciativas en las que ha participado; véase: “Revelaciones, proyecto que visibiliza el legado de las mujeres que han sido silenciadas a lo largo de la historia”, o “Ways of Seeing (Coñovisión) es una alquimia feminista que sacude la visión, la representación, el cuerpo y el ocularcentrismo  (sic). Una acción multimedia…”

[6]     Propiedad de Charlie MacGregor, cofundador de la ONG Movement on the Ground.

[7]     Festival feminista dirigido por la “gestora cultural” Concha Hernández Hernández y organizado por el Instituto de las Mujeres, dirigido a su vez por Cristina Hernández Martín, licenciada en Sociología por la Universidad de Salamanca y Master of Arts (Refugee Studies Program) por la University of East London. El Instituto de las Mujeres está adscrito al Ministerio de Igualdad. Es decir, que todo este negocio se sostiene con los impuestos de los españoles.

[8]     Chiringuito dependiente del cabildo de Gran Canaria, regido por el activista socialista (oficialmente “crítico y gestor cultural”) Orlando Britto Jinorio. Enlace a la web del CAAM: https://caam.net/

Merece la pena escuchar la elocuente entrevista a Orlando Britto en “El espejo canario”, el 24 de febrero del presente 2026: https://www.elespejocanario.es/entrevistas/orlando-britto-la-cultura-debe-habitar-el-tiempo-que-nos-toca-vivir-y-no-estar-al-margen-de-lo-que-ocurre/

[9]     La preciosa Universidad Laboral de Gijón, construida entre 1948 y 1957, es hoy otro foco más de propaganda socialista financiado con dinero público. Enlace a la web de LABoral Centro de Arte y Creación Insdustrial: https://laboralcentrodearte.org/es/

[10]     Enlace a la página web del Museo: https://www.museothyssen.org/actividades/turismo-amordiverso

[11]   Aunque, en ocasiones, como bien ilustran las marchas del “Orgullo”, pueden conducirse como una turba irresponsable. En la película-documental En el filo de la duda (1993), por ejemplo, que no es precisamente homófoba, se muestra cómo una horda exaltada de homosexuales se niega al cierre de los baños públicos después de que se les explique que estos centros son un foco de difusión del SIDA.

[12]   Noticia en Shangay del 8 de julio de 2026: https://shangay.com/2026/07/08/trambolika-chelo-artista-lgbtiq-estreno-thyssen/

[13]   Enlace, 1 de julio de 2026: https://migratoriumcontent.com/title-item/una-mente-trambolica/

[14]   Europa Press, 14 de julio de 2026: https://www.europapress.tv/politica/1104285/1/urtasun-inaugura-encuentro-agora-palestina

[15]   El contenido del siguiente enlace no tiene desperdicio: https://ca2m.org/exposiciones/blanca-gracia-antidotum-tarantulae

[16]   Enlace al calendario de exposiciones: https://www.centrocentro.org/

[17]   Enlace al vídeo completo: https://www.centrocentro.org/exposicion/avelino-sala

[18]   Enlace a la web de CentroCentro: https://www.centrocentro.org/exposicion/isabel-gomez-liebre-albino-de-todos-los-terrores-la-terrible-blancura

[19]   Al menos tan vana –si omitimos el agravante de la edad– como esas jóvenes que vemos en los museos posando y poniendo morritos para un selfie sexy. Porque lo importante no son las obras de Rubens, Tiziano o quien quera que sirva de marco a su infinita frivolidad; sino ellas, las verdaderas protagonistas, ombligo del mundo.

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Filipides
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