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En mis años de primera juventud, cuando el judo no era para mí una simple disciplina deportiva sino una escuela de vida que me llevó a proclamarme campeón de Castilla, aprendí que sobre el tatami la fuerza bruta no sirve de nada sin técnica. En las clases que nos impartía el maestro Ortega , donde entrenaba aquel célebre campeón de España del colegio Claret, nos afanábamos en perfeccionar la fluidez, la rapidez del movimiento, el agarre preciso y el momento exacto de la proyección. Sabíamos que el judo es, en esencia, la victoria de la inteligencia sobre la masa.

Sin embargo, en aquel tatami había una excepción maravillosa que desafiaba cualquier manual. Era un muchacho de apenas doce o trece años que debía de bordear, sin exagero alguno, los 150 kilos de peso. Verle entrar en la sala inspiraba una mezcla de ternura e incredulidad. Se movía con la parsimonia de un perezoso recién despertado de la siesta, ajeno al ritmo frenético de los calentamientos y a las piruetas del resto.

Pero cuando el árbitro daba la señal de inicio, la ternura se convertía en una inapelable realidad física. Aquel chico no intentaba hacer un ippon magistral, ni buscaba el barrido elegante, ni entraba a una llave de cadera. Su estrategia era de una simplicidad aplastante: se aferraba a la solapa, bloqueaba cualquier intento de respuesta técnica y, con una lentitud casi cómica pero implacable, dejaba caer todo su peso sobre ti.

Era imposible proyectarle; cualquier maniobra de judo sutil chocaba contra una pared inamovible. Al final, vencido por el puro volumen y la gravedad, terminabas en el suelo, sepultado bajo una inmovilización lenta, pesada e ineludible. Ganaba siempre. No por técnica, no por elegancia, sino por el uso concienzudo y calculadamente cansino de su peso específico.

Esa escena de mi juventud me viene hoy a la memoria al contemplar la estrategia geopolítica que Marruecos despliega contra la soberanía de España.

La guerra híbrida que el reino alauita libra sobre Ceuta, Melilla y el horizonte de las Islas Canarias se parece de forma asombrosa a la táctica de mi antiguo compañero de tatami. Marruecos ha comprendido que no necesita la rapidez de una acción militar convencional ni el brillo de la legalidad internacional. No busca ejecutar una maniobra limpia ni someterse a las reglas del derecho de gentes.

Su estrategia es la del perezoso de 150 kilos: un avance lento, exasperante, aplastante y sin prisa, pero sin pausa.

Utilizan la presión migratoria masiva, el chantaje fronterizo, el uso de seres humanos como ariete demográfico y la constante alteración de la rutina en nuestras ciudades autónomas para cargar su peso sobre las instituciones españolas. Saben que enfrente tienen a un Ejecutivo maniatado por la tibieza y el chantaje, incapaz de aplicar la contundencia de las leyes y paralizado ante el peso bruto de la provocación.

Poco a poco, con esa parsimonia estratégica que busca el desgaste definitivo, el vecino del sur no pretende convencer ni litigar; pretende sofocar. Pretende que España, asfixiada bajo la masa de una invasión por goteo y la erosión constante de sus fronteras, termine por ceder por puro agotamiento, inmovilizada en el suelo de la historia mientras ellos se adjudican el combate.

Aquella anécdota del tatami nos hacía sonreír a todos por lo ingenuo de la infancia y la astucia del muchacho para aprovechar sus voluminosas virtudes. Pero en el tablero internacional, cuando lo que se tambalea no es un combate escolar sino la integridad de la Patria, la lentitud del agresor deja de ser graciosa para convertirse en una amenaza mortal.

Es hora de recordar que en el verdadero judo de las naciones, la masa solo aplasta a quien renuncia a mantenerse en pie. La firmeza legal, la defensa taxativa de las fronteras y la dignidad de un Estado no pueden seguir dejándose sepultar por la estrategia del desgaste. Frente al peso de la traición y la astucia del invasor, a España solo le queda una respuesta: levantarse, fijar el agarre y devolver la autoridad a la moqueta de la historia.

RES NON VERBA.

Ignacio F. Candela

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional Muck Rack, autor de 17 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en muchos medios de prensa escrita y digital como El Imparcial, Rambla Libre, Diario 16, Levante y ÑTV España entre otros, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.

Información en buscadores mundiales de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela

Perfil de autor, obra literaria y trayectoria indexada en Google con Google Knowledge Panel.

Propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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