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La ingenuidad es el vicio más caro de la política moderna y la trampa perfecta en la que se amparan los corruptos para disfrazar de torpeza lo que no es sino traición calculada. Hablar de simple incompetencia o de imprevistos ante la invasión coordinada de nuestras fronteras es caer de lleno en el engaño sanchista.
Las casualidades no existen cuando el flujo del dinero público sigue un trazado tan preciso y perverso: regar con seiscientos millones de euros las arcas de una red asistencial justo antes de que se desate la embestida en Ceuta no es previsión, es la preparación minuciosa del terreno para consolidar un negocio multimillonario levantado sobre las ruinas de la soberanía nacional.
Estamos ante un entramado tan oscuro y sistemático como el del saqueo de las mascarillas, pero con una dimensión infinitamente más destructiva porque cotiza directamente con la seguridad de la Patria. Un conglomerado de ONG afines y entidades parasitarias se ha transformado en el brazo logístico de una política de claudicación, absorbiendo partidas presupuestarias monstruosas que terminan retornando en forma de dividendos políticos, poder e impunidad para el propio Gobierno. Se financia el efecto llamada con el dinero de los contribuyentes españoles mientras se maniatan a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, convirtiendo la gestión migratoria en una industria lucrativa donde cada patera representa una factura cobrada por la trama y cada cesión fronteriza, un paso más en la erosión programada del Estado. Es la complicidad manifiesta de un desgobierno que ha decidido vender la integridad de España al mejor postor, disfrazando de caridad institucionalizada lo que en realidad es una trama de corrupción masiva y una auténtica alta traición contra la Nación.
Tenemos en este gobierno criminal la perfecta mafia de la corrupción universal por la insensata ingenuidad y pasividad de los perjudicados que todavía no advierten los tiempos de supervivencia que sobrevienen si no se arranca de raíz el cáncer sanchista.
A esta rendición presupuestaria se le suma el cinismo sangriento de Rabat, que no pierde ocasión para mostrar su desprecio absoluto hacia la debilidad española. Con la delación y la chulería que caracterizan al régimen alauita, Marruecos se apresura a exigir la entrega formal de Ceuta y Melilla argumentando, con una sorna deleznable para cualquier mando militar que se precie, que sus fuerzas no pueden frenar la avalancha humana porque los miles de migrantes que se abalanzan sobre la valla simplemente se dirigen a «suelo marroquí». Esta maniobra de chantaje híbrido, urdida con la complicidad tácita del sanchismo, convierte la tragedia de la frontera en un arma de desposeimiento territorial donde el agresor se mofa abiertamente de las víctimas y de la incapacidad voluntaria de un Gobierno que actúa como agente de propaganda de las pretensiones expansionistas del monarca vecino.
Un insulto geopolítico de esta magnitud, donde la soberanía de la Patria es pisoteada y las plazas de soberanía española son tratadas como botín a entregar, exigiría la respuesta rotunda de un gobernante con valor militar que pusiera a buen recaudo las plazas amenazadas y aplastase de forma incontestable el desafío. El único antídoto ante la alta traición cometida desde los despachos del poder civil sería la restitución de la autoridad defensiva, una firmeza patriótica dispuesta a proteger cada milímetro de suelo español por encima de pactos oscuros y servilismos internacionales. Sin embargo, nos encontramos ante un páramo de liderazgo donde la dignidad constitucional ha sido desplazada por el cálculo cobarde y la resignación sumisa.
En medio de este desguace nacional, la mirada busca desesperadamente a la institución que debiera encarnar el último bastión inexpugnable. Se esperaría ver al Rey, Capitán General de las Fuerzas Armadas, asumir con determinación sagrada el mandato constitucional de garantizar la soberanía e integridad territorial de España. Pero al que no está ni se le siente, tampoco parece que se le pueda esperar al frente de un Ejército acuartelado en la cobardía, paralizado por la complacencia con el mal y sometido a la disciplina del silencio mientras la Patria se disuelve.
España contempla atónita la deserción de sus élites institucionales mientras el régimen alauita y la trama sanchista terminan de ejecutar, entre risas de sorna y sobres presupuestarios, el reparto definitivo de los despojos de la Nación. Solo el Pueblo salva al Pueblo. Cierto.
RES NON VERBA
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional Muck Rack, autor de 17 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en muchos medios de prensa escrita y digital como El Imparcial, Rambla Libre, Diario 16, Levante y ÑTV España entre otros, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores mundiales de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Perfil de autor, obra literaria y trayectoria indexada en Google con Google Knowledge Panel.
Propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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