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La podredumbre estructural que ha corroído las instituciones españolas durante las últimas décadas empieza a resquebrajarse por donde los capos del régimen menos lo esperaban. La última y fulminante sacudida en la Audiencia Nacional, con la confesión a tumba abierta del empresario Julio Martínez emulando la estrategia de Víctor de Aldama, no es un simple episodio judicial, sino la constatación definitiva de que España ha estado gobernada por los capos de una auténtica organización criminal. Una exhaustiva carta de sesenta folios detalla minuciosamente los andamiajes y las estructuras profundas de una corrupción sistémica que hunde sus raíces en la época de José Luis Rodríguez Zapatero y sus negocios ilícitos de múltiples vertientes, sirviendo como el mapa definitivo del fango sobre el que se edificó el actual sanchismo.
Esta declaración de intenciones radical, motivada por la obvia búsqueda de una reducción de penas carcelarias, supone levantar de golpe unas alfombras demasiado tiempo regadas por la complicidad mediática y judicial del poder. Lo que emerge de este océano de ocultación mafiosa no son meras irregularidades administrativas, sino cadáveres políticos y financieros de una gravedad tan extrema que en cualquier democracia sana del mundo exigirían una respuesta inmediata y contundente. La gravedad de los hechos descritos no admite más dilaciones ni paños calientes procesales; la magnitud de esta trama criminal debería servir para que la policía actuara a mano armada, con la misma determinación y fuerza con la que se descabeza a cualquier clan de la mafia calabresa o siciliana, procediendo a la detención fulminante de los responsables.
Ni uno solo de los ministros se libra de imputación cuando sabían y callaban sobre los tejemanejes del entonces impune Zapatero y sus sucios negocios con el PSOE, con Sánchez a la cabeza de la organización criminal en el poder.
La continuidad delictiva que une el pasado zapaterista con el presente de Pedro Sánchez ha quedado expuesta a la luz del día, despojando al Ejecutivo de cualquier atisbo de legitimidad moral para seguir ocupando el complejo de La Moncloa. Mantener a un presidente cercado por las revelaciones de sus propios testaferros y confidentes es una humillación intolerable para el pueblo español y un peligro absoluto para la supervivencia del Estado de derecho. La única salida digna y justa ante semejante pudridero institucional es la intervención directa de las fuerzas de seguridad para sacar en volandas a Sánchez de la sede de la presidencia y conducirlo sin escalas directo al banquillo de los acusados, donde los hechos y no la propaganda dicten la sentencia que la historia ya ha firmado.
Pedro Sánchez debe ser detenido.
RES NON VERBA
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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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