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Causa- Ineludible efecto: apertura insensata de fronteras sin saber quién las traspasa, riesgo extremo para la Seguridad Nacional. La responsabilidad política de estas decisiones exige una rendición de cuentas severa, inmediata y ejemplar.
Existe una máxima en la geopolítica de la seguridad que los laboratorios de propaganda de la Moncloa pretenden ignorar: el terrorismo internacional no descansa, no improvisa y, sobre todo, no desaprovecha la debilidad ajena. Mientras el debate público se entretiene en el barullo de la última ocurrencia mediática, España asiste a una demolición silenciosa pero sistemática de sus mecanismos de control soberano. El diagnóstico es tan crudo como alarmante: nos están convirtiendo en el coladero perfecto.
La alteración irresponsable y tramposa de la lógica censal, sumada a una política de fronteras completamente desdibujada, ha transformado nuestro suelo en un receptor descontrolado de delincuencia común. Pero lo grave no se queda en el menudeo o la inseguridad ciudadana que ya castiga a nuestros barrios; el verdadero drama de este «efecto llamada» institucionalizado es que actúa como un imán para las células del terrorismo internacional.
Las organizaciones yihadistas y los enemigos de Occidente operan bajo la estricta lógica de la oportunidad. Saben perfectamente dónde golpear y cuándo hacerlo. Y en este momento, España ofrece el escenario ideal para sus intereses: un Estado de derecho cuarteado, unas fuerzas de seguridad maniatadas por el dogma político y, a la cabeza de la nación, una fontanería gubernamental dispuesta a quebrar la separación de poderes y anular la validez de las urnas con tal de perpetuarse en el poder. La debilidad institucional de un ejecutivo débil y entregado a sus socios es la mayor autopista que se le puede tender a quienes pretenden atentar contra nuestra civilización.
Si la historia y la memoria —esa que algunos quieren enterrar— nos han enseñado algo, es que la vulnerabilidad pagada con negligencia política se termina pagando en sangre. De producirse una catástrofe provocada por esta deliberada ceguera gubernamental, la responsabilidad no podrá diluirse en comisiones parlamentarias ni en promesas de alcantarilla.
Ante un escenario de quiebra absoluta de la seguridad nacional, la respuesta de la España real no podría ser la sumisión. Un gobernante que desprotege a su pueblo de esa manera merece la reprobación más severa, inmediata y ejemplar de la historia. Quien mercadea con las instituciones y abre las puertas al peligro debe saber que, tarde o temprano, la historia y la justicia, la de los tribunales y la de la decencia popular, le exigirán cuentas sin contemplaciones, desalojándolo de la Moncloa por la vía de la dignidad democrática.
Es hora de despertar antes de que el daño sea irreversible. La seguridad de la nación y la supervivencia del Estado de derecho no se negocian. El gran pooblema es la inacción, la complacencia o la cobardía de quienes poseyendo una intrínseca responsabilidad, eluden sus deberes incluso de conciencia.
Ignacio Fernández Candela
RES NON VERBA.
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
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Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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