15/08/2026 06:55
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Nota del autor:
Menciono a Francisco Javier Orenes Esquiva únicamente como ejemplo reciente de un fenómeno social creciente: la trivialización del sufrimiento humano. No cuestiono su persona, sino el gesto concreto que refleja una actitud extendida en nuestra sociedad. La crítica que sigue no es personal, sino estructural, aunque me resulte repugnante la descripción de los hechos.

Aquellos que somos normales, poseemos conciencia y sana intención, nos resulta imposible entender la psicopatía, la malignidad, la actitud en el daño contra el prójimo sin mediar ofensa. Algunas de esas insensibilidades patológicas se dan en las escuelas enseñando a jóvenes alumnos. Una gran tristeza, si no aberración.

Hay gestos que no hieren: delatan. El termómetro de la decadencia de una nación no solo se mide en los índices de su quiebra económica o en el descaro de sus instituciones secuestradas; se mide, fundamentalmente, en la atrofia moral de quienes contemplan la tragedia ajena como si fuera un decorado prescindible. Cuando la indiferencia o el desprecio se convierten en la respuesta automatizada ante el sufrimiento humano, el diagnóstico es definitivo: el sistema no solo está corrompido en sus estructuras, sino que ha inoculado su metástasis en el tejido ético de la sociedad.

Hace unos días compartí en LinkedIn una herida estrictamente personal —la pérdida de dos seres queridos en la fatídica primavera de 2020, bajo circunstancias que marcaron mi vida para siempre—. La réplica de la mediocridad no tardó en aparecer bajo el amparo de la frivolidad imperante. Bla, bla, bla… Una pretensión de ofensa propia de la psicopatía. Un despectivo reproche que pretendía despachar el duelo con el cinismo propio de quien ha sido anestesiado por el discurso oficial. No me sorprendió, pero me confirmó la gravedad del mal que padece España: la total incapacidad para reconocer el sufrimiento de las víctimas.

Asistimos a una era donde el dolor colectivo ha sido sometido a un protocolo de sedación masiva, una ingeniería social diseñada para anular la memoria histórica reciente. Se intenta borrar el rastro de las negligencias de la pandemia que costaron la vida a nuestros padres; se despachan de un plumazo las secuelas del volcán de La Palma, el abandono criminal de los valencianos tras la catástrofe de la DANA o las muertes derivadas de la falta de mantenimiento estructural en infraestructuras básicas. Para el sanchismo perpetuo y su red de estómagos agradecidos, las víctimas no son personas con rostro, sino meras estadísticas incómodas que amenazan la estabilidad de su blindaje institucional.

Por eso, la respuesta ante la denuncia nunca es el remordimiento, sino la agresión verbal o el vacío. Pero se equivocan. La muerte no es un argumento de debate; el dolor no se somete al consenso de una mesa de partidos y la memoria de quienes nos precedieron no es un juguete en manos de la propaganda estatal. Cuando el aparato del Estado se utiliza para extraer los recursos del ciudadano, neutralizar a los jueces que investigan la verdad y perseguir a la disidencia, el relativismo moral se convierte en la religión oficial del régimen. Quien aplaude o justifica este engranaje buscando el amparo del poder no demuestra fuerza: revela su propio vacío. No expone al crítico: se expone a sí mismo en su miseria.

No escribo estas líneas movido por el rencor contra individuos particulares, sino en defensa de la dignidad absoluta que merece cualquier tragedia humana. La verdadera altura de un intelectual y de un pueblo no se mide por la estridencia de su propaganda ni por la sumisión a unas siglas blindadas, sino por su capacidad para sostener la mirada a la verdad, por muy incómoda que resulte. La justicia penal llegará tarde o temprano para los responsables del expolio y el sufrimiento de esta nación, pero la condena moral colectiva ya es un hecho inapelable para quienes decidieron silenciar el dolor de las víctimas a cambio de la supervivencia del fango.

Y la vida da muchas vueltas.

Ignacio Fernández Candela

Perfil de Francisco Javier Orenes Esquiva en LinkedIn, la red profesional descrita en el artículo,

como profesor de Ciencias

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.

Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela

Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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