Qué militar, qué ciudadano enfrentado a la dramática situación de España —percibiendo a diario el reiterado intento del gobierno y sus socios de dinamitar el orden constitucional, la convivencia, la seguridad, en definitiva, dando pasos constantes para anular la herencia del pasado, y modificar una vida en paz, de concordia y progreso, por un campo de concentración de ciudadanos sin Patria y huérfanos de cualquier atisbo de espíritu Nacional— puede permanecer impasible, y no recurrir a los menguados medios que tiene a su alcance, con el fin de secundar, en la medida que corresponda a cada uno, la urgente necesidad de hacer frente al gobierno de Sánchez, y a la legión de «Nosferatu», que no pierden ocasión, para vampirizar a la odiada España.
La Constitución del 78, clara y expresamente en el artículo 8.1 dice: «Las Fuerzas Armadas, …tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional».
¿Acaso, alguien tiene alguna duda de que estos conceptos constitucionales, han de ser protegidos y defendidos por los Ejércitos de la Nación, tal vez, existan opiniones contrarias, pero, es evidente, que todos en su conjunto, son presa de violentos y taimados ataques?
Mientras no cambie la doctrina, la misión hay que cumplirla sin excusa ni pretexto, con todos los medios que el mando proporcione.
Y esa es la responsabilidad del mando, decidir, actuar y facilitar los medios.
Cuando se jura o promete, Guardar y hacer guardar la Constitución, hay que preguntarse, ¿Cuál de ellas? La vigente del 78, o la que pretende instalar con traición y engaño el enjambre social-comunista, contando con la colaboración de esa fiel mano derecha que preside el Tribunal de Garantías.
¿Tendremos que aceptar voluntariamente o por la fuerza, que los garantes de la soberanía, de la independencia, o de la defensa del territorio y del orden constitucional, no forman parte de la Nación?
Las Fuerzas Armadas, ¿son intangibles, etéreas, vaporosas, evanescentes?
Si odiamos vivir en una tiranía criminal, en una autocracia totalitaria, teniendo como modelo a Venezuela, ¿no es razonable, incluso práctico, contar con las Fuerzas Armadas y el cumplimiento de la misión constitucional?
Baroja, el 1 de Setiembre de 1936, expresó su deseo de que «el tumor republicano frentepopulista, formado y consolidado por mentiras, lo saje cuanto antes la espada de un militar».
No es están de más, estos apuntes históricos, siempre y cuando, no procedan del revisionismo sectario y excluyente de la izquierda.
El sanchismo, la mafia que detenta el poder, ha intervenido las instituciones, ha erosionado los pilares de la Constitución, ha intentado colonizar todos los organismos estatales; ¿los Ejércitos, y sus generales, han sido refractarios a la infiltración del mal del Frente Popular del siglo XXI?
¿Alguno de ellos, ha sucumbido a la tentación, a los ascensos, a las condecoraciones, a las puertas giratorias?
Solamente, por ahora, en caso de ser así, se verá afectada su reputación social y profesional, y quizá, una mala conciencia que se llevará a la tumba.
Con sinceridad, los componentes de las Fuerzas Armadas, por honor y honradez, son los que están más acorazados contra aquello que dice: «todos tenemos un precio».
Que así sea. Y por mucho tiempo, y en beneficio de España.
La Carta Magna, o cualquier otra norma legal, ¿acaso determinan qué se debe hacer, cuando el origen de una grave contingencia, cuando el ataque contra la Nación, o contra el orden constitucional, procede de un enemigo interno, del mismo gobierno que a su vez, da el beneplácito, el asentimiento para autorizar la intervención de los Ejércitos?
Una última pregunta a las Fuerzas Armadas, y especialmente a sus mandos, ¿sois conscientes de a quién estáis sirviendo, de a quién debéis obediencia? De ser sí, ¿estáis convencidos de cumplir con vuestro deber constitucional para con España?
Las respuestas, por el momento, permanecerán sumidas en la bruma inconfesable de un silencio abrumador.
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