15/08/2026 06:14

Aunque la Educación se suele pasar por alto en los medios de comunicación y, por lo tanto, queda fuera de las preocupaciones de los españoles, no deja de ser una cuestión crucial; y como es probable que el lector ignore aquello de lo que nadie habla, quizá le interese saber algo acerca de las recientes pruebas de nivel en los institutos de Enseñanza Media de Madrid.

La primera de las «consideraciones generales para la corrección» de la prueba de Lengua Castellana y Literatura de este año en la «Evaluación final de etapa» de alumnos de 4º de la ESO (entre 15 y 16 años) es: «La ortografía y la puntuación sólo se tendrán en cuenta en el dictado». Es decir, que la ortografía y la puntuación no se tendrán en cuenta en el resto del examen; de modo que si en las dos preguntas que exigen una respuesta explicada escrita –¡ojo!, dos de nueve, pues siete son tipo test– no se ponen puntos ni comas o se escribe en mayúsculas… no pasa absolutamente nada.

También como «consideración general» encontramos que «la caligrafía y la presentación de las respuestas no se tendrán en cuenta para la calificación». Esto es, que da igual si el alumno no sabe escribir correctamente o lo hace con descuido o negligencia, falta de limpieza y orden. No importa si su escritura dificulta la lectura y la corrección de su examen… porque, al parecer, para nuestras autoridades educativas ninguno de estos aspectos son demasiado relevantes a la hora de evaluar la llamada «competencia en comunicación lingüística». Como si una escritura correcta y legible no fuera condición sine qua non para comunicarse por escrito[1].

Así mismo, y descendiendo a lo particular, la primera de las «consideraciones para la corrección del dictado» es la siguiente: «La repetición de una misma falta (por ejemplo, b/v o g/j) solo se tendrá en cuenta una vez». De forma que si un alumno escribiera «barco» con «v» tres, siete o catorce veces no sólo no suspendería su examen de Lengua y Literatura, sino que únicamente sería penalizado con ¡una falta! por el lote completo.

En definitiva, una inmensa farsa que será utilizada de nuevo por las autoridades autonómicas para sacar pecho y mentir una vez más sobre lo bien que aprenden nuestros chavales gracias a los esfuerzos de la Administración por «implementar» la «digitalización en las aulas» y «metodologías innovadoras». Que a eso se dedican desde hace décadas; a lucrarse renovando equipos y a encubrir bajo la brillante bandera de la «innovación» una inexorable devaluación de los contenidos. Una de cuyas consecuencias más obvias y desastrosas es el progresivo empeoramiento, por ejemplo, de la «comprensión lectora». Porque, ¿qué comprensión va a haber si para «mejorar la Educación» de unos alumnos incapaces de fijar la atención por la hiperestimulación visual y psicodependencia del teléfono móvil ¡se dota a los centros de nuevas pantallas digitales en sustitución de las pizarras y la tiza, y se induce al profesorado a subir contenidos a un aula virtual para que los alumnos estudien también mirando una pantalla!? ¿¡Pero, es que a nadie se le ha ocurrido investigar los evidentes y perniciosos efectos de tanta pantalla en la vista de los chavales!? ¿Y la disminución de la retentiva en generaciones acostumbradas desde hace años a delegar en una memoria externa? Resulta patente que a los «expertos en Educación», no.

Eso sí, para justificar la mala educación que hoy se dispensa en Primaria y Secundaria, ahí están los «departamentos de orientación», destinados a fingir que la Administración educativa proporciona una «atención personalizada» a los hijos de los padres que no se preocupan por la educación de sus hijos. Y, para excusar el fracaso de todos (de padres, hijos y educadores), ahí está ese riquísimo y creciente catálogo de «patologías» o pseudopatologías que facilitan el autoengaño y la titulación de los previamente victimizados. Ahí tenemos, por ejemplo, las coartadas de la «disortografía» o la «discalculia»; la charada de las «inteligencias múltiples» y las reiteradas vueltas de tuerca con la terminología pseudocientífica; la última de la que he tenido noticia no tiene desperdicio: «neurofeedback».

Por desgracia, la Educación está en manos de políticos y activistas sin escrúpulos y no tiene otro fin que el de entontecer, adoctrinar y emascular a unas masas cada día más estúpidas y dependientes. Con premeditación y alevosía. Como los medios de propaganda y desinformación.

Con frecuencia no pocos periodistas dicen cosas como «atletas y atletos». Y esto está pasando ya hoy.  Imagínense los ministros y periodistas «formados» con la «Logse» y ahora con la «LOMLOE».

NOTAS AL PIE DEL DOCUMENTO

[1] Resulta revelador que una prueba que pretende comprobar las aptitudes de alumnos de 16 años en Lengua y Literatura esté tan alejada en fondo y forma de la “competencia lingüística” y de lo que algunos profesores (pocos ya) intentan enseñar en sus clases. Y llama la atención el empleo de preguntas tipo test, sin duda más fáciles de contestar –y de corregir–, frente a la redacción de respuestas completas en las que los estudiantes tengan que explicar ideas y conceptos, mostrando su capacidad de síntesis, expresión, coherencia sintáctica y riqueza léxica.

Autor

Filipides
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