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En los espejos retrovisores de los coches de la UCO quedan reflejados la sede del PSOE en Ferraz y la Dirección General de la Guardia Civil después de recabar información decisiva.Hay mañanas en las que la realidad no solo supera a la ficción, sino que se ensaña con ella con una crueldad verdaderamente artística. Lo vivido en la madrileña calle de Ferraz y la Dirección General de la Guardia Civil es un vuelco político de primer orden; es la traca final de un relato de superioridad moral que ha terminado devorado por sus propias veleidades. Ver a los furgones de la Guardia Civil y a los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) cruzando el umbral de la sede central del PSOE es una imagen para la historia que condensa, en un solo instante, toda la hipocresía de una era.
Es de una ironía exquisita que el partido que asaltó el poder con la bandera de la «regeneración democrática», el que convirtió el banquillo ajeno en su única propuesta de gobierno, haya acabado con la persiana bajada y los ordenadores requisados por sospechas de financiación ilegal. El guion es tan predecible como castizo: aquellos que dictaban cátedra desde la tribuna sobre la decencia institucional y miraban por encima del hombro al resto de los mortales, hoy contemplan cómo los agentes de la ley buscan las pruebas de las cloacas contables en sus propios despachos.
Para colmo de este esperpento nacional, la humillación del régimen se ha completado con una estampa inaudita: la propia UCO entrando a registrar las dependencias de la Dirección General de la Guardia Civil. Lo suyo sería un registro del despacho del mayor encubridor Marlaska, además de mamporrero y obstaculizador de la acción policial en cumplimiento del deber. No sería extraño verlo salir esposado por los mismos agentes a los que ha hecho la vida imposible en defensa de los criminales contra los que ha desarmado, literalmente.
Este golpe demoledor está decisivamente destinado a recabar información y desenterrar los papeles ocultos en esos sótanos perversos de la impunidad socialista, allí donde se cocinaban los favores y se tapaban las vergüenzas de la trama a costa del prestigio de una institución benemérita. El sanchismo ha logrado la deshonra suprema de obligar a los guardias a investigar los despachos de sus propios mandos políticos para destapar el fango.
La autoridad moral es un patrimonio sumamente frágil: requiere una coherencia que el actual sanchismo, en su huida hacia adelante, decidió liquidar hace tiempo a cambio de la pura supervivencia. Durante años nos han vendido que su corrupción no era como las demás; que lo suyo eran «errores administrativos» o, en el colmo del cinismo, «montajes de la fachoesfera». Hoy, sin embargo, el lenguaje oficial de las ruedas de prensa se ha visto sustituido por el léxico frío, aséptico e inapelable de los autos judiciales de entrada y registro. Las sonrisas de suficiencia se han congelado en los pasillos de Ferraz.
Lo que estamos viendo en directo no es un simple bache judicial; es el colapso absoluto de un decorado. La maquinaria propagandística de Moncloa, tan hábil a la hora de inventar cortinas de humo y enemigos imaginarios, se topa hoy con el muro de la realidad. A los agentes de la UCO no se les puede despachar con un eslogan de campaña ni con una pirueta parlamentaria de última hora. Ellos solo entienden de facturas, de discos duros, de agendas y de contratos bajo sospecha.
Si esto fuese el guion de una película que pretendiera sobrepasar en imaginación a la propia realidad, lo único que quedaría por dilucidar es si las detenciones masivas se practicarían a mano armada, buscando esa estética democrática proporcional a la corrupción que se dice combatir sin ambages. Cualquier guionista con un mínimo de realismo optaría por una espectacular operación con un Consejo de Ministros en pleno desfilando hacia los furgones policiales.
Pero la cruda realidad de nuestro país supera con creces cualquier ficción cinematográfica, y el panorama es bastante más tétrico. Lo que tenemos delante es una banda organizada que todavía retiene el poder suficiente para manipular el BOE, atacar la independencia de la justicia y seguir emponzoñando un Estado de Derecho que no dudarán en hacer implosionar para salvar el pellejo. El sanchismo nació prometiendo limpiar las instituciones y termina dejando las sedes gubernamentales registradas a plena luz del día.
Al final, la historia no atiende a relatos ni a disciplinas de voto. Veremos qué pirueta inventan mañana para explicarnos que un registro judicial por financiación ilegal es, en realidad, un ejercicio de transparencia. La función continúa y el público ya ha encendido las luces de la sala, pero el peligro real persiste mientras los principales responsables sigan libres, manejando el escenario de este circo cuyos payasos no pararán hasta que alguien tenga el buen criterio de bajarlos definitivamente de las tablas.
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional Muck Rack, autor de 17 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en muchos medios de prensa escrita y digital como El Imparcial, Rambla Libre, Diario 16, Levante y ÑTV España entre otros, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores mundiales de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Perfil de autor, obra literaria y trayectoria indexada en Google con Google Knowledge Panel.
Propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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