15/08/2026 08:33
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Hay momentos en los que el guion de la farsa institucional se agota y los figurantes se ven obligados a mirar de frente a la realidad, por mucho que les fastidie el despertar. El último auto del juez Juan Carlos Peinado sobre los presuntos delitos de Begoña Gómez no es solo un documento jurídico; es un puñetazo en la mesa de esa siesta ética que tanto gusta en los despachos del poder. El castillo de naipes, edificado sobre la soberbia y el andamio de la impunidad mediática, empieza a tambalearse porque el comodín del bufón ya no sirve cuando la justicia decide, simplemente, cumplir con su deber.

La expectativa jurídica es clara y no admite relativismos de salón: si la investigada decide no comparecer, el manual de procedimiento no se dobla para complacer a nadie. Entran en juego las medidas cautelares y, en última instancia, la orden de detención. Resulta de una ironía quirúrgica e inapelable pensar que esa orden tendría que ser ejecutada por la misma policía que, de manera desproporcionada y obedeciendo rastreras órdenes, se movilizó en anteriores ocasiones para blindar los juzgados, transformando una cita judicial en un desfile de sumisión institucionalizada para tapar las costuras de la impostura.

Vivimos rodeados de una fauna que ha hecho de la apariencia su oficio y que ahora asiste con pánico al filo de la precisión judicial. Los ingenieros de la manipulación ya no encuentran colchón mullido donde acomodar la narrativa del agravio. En este trance, cuando la línea recta de la ley se aplica sin mirar las siglas del momento, muchos quedan patéticamente desnudos. No se trata de gritos ni de histerismos de redacción, sino del silencio sepulcral que precede a la verdad. La justicia opera en la certeza de los hechos, y frente a eso, la máscara de la hipocresía que en este país es descomunal, termina siempre por caer.

Se avecinan malos tiempos para la impunidad socialista. Diríase que el destino ha dilatado en el tiempo una carrera criminal premiada con años de impunidad que, con carácter retroactivo, va a obtener la obligada punición de la ley; esa que se ha conculcado como modus operandi de una soberbia monclovita que ha arrastrado al socialismo en pleno. Justicia sería la detención de todo el Consejo de Ministros, porque cada elemento, desde que Sánchez abordó el poder, es responsable por acción u omisión de las corruptelas que se han de juzgar.

Por lo pronto, la altiva esposa del capo de la corrupción va a convertir la solemnidad de su chulesco desafío a la Justicia en un práctico ejemplo de cómo bajar los humos con un auto judicial impecable por múltiples delitos que, tarde o temprano, el mismo Sánchez habrá de penar. A ver quién se pone chulo ahora… Quiero decir chula. Entretanto se avecina una rueda de detenciones que ni el mamporrero de la Moncloa, Marlaska, va a poder evitar… Todo sea que, al final, no sea él mismo detenido por las propias Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a las que ha perjudicado como el número uno de los enemigos internos que soportan los agentes de la ley.

De esta no se libra nadie que esté pringado de Zapatero, y su impunidad ya erradicada, hasta las Zejas… Empezando por Sánchez. Bástele al discípulo ser como su maestro.

Ignacio Fernández Candela

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.

Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela

Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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