El sábado día 18 se celebró en el estadio sevillano de «la Cartuja» la final de «la Copa del Rey» de fútbol entre el Atlético de Madrid y la Real Sociedad. Este trofeo, que siempre entrega el jefe del Estado al capitán del equipo vencedor, da opción a que equipos de varias categorías compitan entre ellos y lleguen dos a la final pudiéndose dar el caso que un finalista no sea de la antes llamada «primera división».
Hubo un tiempo, ya lejano, en el que los equipos sólo podían alinear en este trofeo a jugadores españoles. Huelga decir que en este trofeo solo participaban equipos españoles y quien lo ganaba se ufanaba de ello con todo merecimiento: «¡Hemos ganado la Copa del Rey!» Eran las palabras emocionadas tanto de jugadores y cuerpo técnico como de aficionados. «¡Otra copa más para nuestras vitrinas!» Era otra de las frases pronunciadas por los mismos participantes.
Al ser un trofeo que entrega el jefe del Estado, es obligado que antes del inicio del encuentro suene el «Himno nacional español», pues además los dos contendientes son españoles. Bien es cierto que desde hace ya unos cuanto años, reinaba entonces Juan Carlos I, cuando uno de los dos contendientes o ambos eran vascos o catalanes el Himno y la presencia del Rey eran fuertemente silbados, algo inadmisible e intolerable en cualquier nación europea pero a este gravísimo hecho no se le daba importancia y se repetía año tras año si el Barcelona, el Bilbao o la Real Sociedad eran finalistas en un torneo donde nadie les obliga a participar si tan poco españoles se sienten. Es del todo punto incongruente, que seguidores de un equipo que tiene el título de «Real» piten al Rey y al Himno que conlleva sus acordes en actos oficiales.
Pero lo que agrava más este inadmisible hecho —el desprecio tanto al Himno nacional como al jefe del Estado— son los comentarios que hizo y hace a menudo el locutor, llamémosle, del régimen actual, Juan Carlos Rivero. Sí, el mismo que hace «héroes nacionales» a jugadores como Nico Willians y Lamine Yamal. Este veterano periodista no tuvo otras palabras cuando los aficionados de la Real Sociedad pitaban a rabiar el Himno nacional que las siguientes: «unos pitan el Himno y otros corean el “lo,lo,lo”, esa es la libertad de expresión que hay que respetar».
Esta barbaridad la dice un periodista de sesenta y cuatro años que lleva toda su vida en «TVE». Debe desconocer que al Himno nacional se le debe respetar, y que tiene acordes y notas específicas herederas de la «Marcha Granadera» y que, además, tiene dos letras diferentes una del año 1929 del maestro Marquina y otra de la posguerra del ilustrado gaditano José María Pemán. El «lo,lo,lo» que lo cante él en la ducha o en su casa.
Juan Carlos Rivero es un eslabón más de la cadena de protección que ha montado el «director de la corporación RTVE», nombrado en el Congreso, para que a modo de defensa como la que tenía el emir almohade Muhammad an -Nasir en 1212 en las Navas de Tolosa sea el evidente portavoz de los designios gubernamentales, como sucede cada año con la cadena pública por el mero hecho de serlo.
Esta cadena es fuerte y cuesta mucho romperla porque se ha forjado con una enorme cantidad de medios humanos y económicos, no solo Rivero; le acompañan un tal Broncano, y otros llamados Cintora, Fortes y Ruiz sin olvidar a dos mujeres cuyos apellidos son Inchaurrondo y Santaolalla. El príncipe de la Moncloa está bien protegido desde los medios públicos, los de todos —emiten el posesivo «suyos»— pero tengamos la esperanza que al igual que pasó en julio de 1212, el próximo año, también en verano, haya una reencarnación de los reyes Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra y el actual Miramamolin de la Moncloa y las cadenas, físicas y mediáticas, y medios que le protegen salgan en desbandada.
Las bochornosas declaraciones de uno de los defensores mediáticos de Sánchez desde las imágenes de «TVE» son de un cinismo atroz. Se escandalizó por los gritos improcedentes que se entonaron el 31 del pasado marzo en un partido de España contra Egipto cuando se decía «musulmán el que no vote», que, por supuesto no comparto, pero musulmán no es un insulto es simplemente la persona que profesa la religión de Mahoma como tampoco lo son católico, ortodoxo o budista. Todas ellas son opciones religiosas respetables de igual manera.
Lo que sí son insultos, señor Rivero, son muchos de los que usted y sus acólitos no quieren ver y si los comentan, son ruidos de fondo que no dejan de ser «canticos de libertad de expresión». Todos ellos se escuchan en campos de fútbol fundamentalmente en aquellos donde siempre hay presencia física de comentaristas que opinan en según que tonos. Algunos de esos «canticos a la libertad de expresión» son los siguientes:
- Osama, mátalos
- Nos vamos a …. a la virgen del Pilar
- Árbitro hijo de puta, cuando salgas te vamos a matar
- Guti maricón
- Beckham nenaza
- Ronaldo, putero, cerdo y gordo asqueroso
- Ese portugués, hijo puta es
- Morientes hijo de puta
- Salva Ballesta tiro en la nuca
- Queremos un avión en el Sadar
- Ese portero no es un portero es una puta de cabaret
- Calvo de mierda, no te enteras de nada, ¡levanta el banderín antes!
- Queremos goma dos en la Romareda
- Puta Pucela y pucelano de mierda el que no vote
Todas estas lindezas y otras más hirientes son libertad de expresión para comunicadores como Juan Carlos Rivero y pasan desapercibidas en los comentarios de muchos periodistas deportivos, pero ¡cuidado! si se vocifera —que no se menosprecia— la opción religiosa de muchos millones de personas que profesan libremente la religión de Mahoma. Todas las opciones religiosas y color de piel merecen el mismo respeto. Todas, repito todas, las religiones, también la católica, y el color de piel, también el blanco merece el mismo respeto. Al igual que los Símbolos Nacionales de todos los países.
Por todo ello, periodistas como Juan Carlos Rivero deberían ver ya estos acontecimientos deportivos desde su casa, desde la grada y no desde una cabina televisiva. Su cinismo y sectarismo ha tocado techo. Su tiempo ha pasado. Su servilismo es tan manifiesto que agota.
Su cinismo y sectarismo llegan ya no solo a la falta de respeto a los oyentes sino al adoctrinamiento dirigido y canalizado a través de «RTVE» por el príncipe de la Moncloa, Su Sanchidad Pedro Sánchez.
Que llegue pronto la segunda edición de las Navas de Tolosa y se rompan nuevamente las cadenas que protegen al inquilino de la Moncloa.
La cadena que se ha forjado en «TVE» costará una buena carga de arrojo y decisión para romperla, tanto o más como aquella que tuvo lugar el 16 de julio de 1212 para romper las cadenas que protegían al emir almohade en su puesto de mando.
¿Habrá el próximo año españoles que emulen a los bravos jinetes de Sancho el Fuerte de Navarra?
Yo, tengo mis dudas. Quizá tengamos que esperar unos cuantos años más hasta que llegue otra mujer de nombre Isabel.



Bravo!!!! No se
puede expresar mejor lo que hemos sentido muchos, muchísimos españoles. 👏👏👏👏👏👏👏🇪🇸🇪🇸