15/08/2026 06:10

Las declaraciones del Rey, Felipe VI, con motivo de una exposición sobre México en el Museo Nacional Arqueológico, han resultado polémicas.

Por otra parte, nada extraño en el devenir tumultuoso de la política nacional.

El Rey reconoce que hubo «abusos» en la conquista de América, matizando que, para su valoración y análisis, es imprescindible tener en cuenta el contexto histórico del momento.

«Aquellos comportamientos vistos desde la óptica y los valores actuales, no son para sentirse orgullosos, pero es necesario conocerlos y aprender de ellos».

Estas palabras han abierto de nuevo la controversia suscitada de forma abrupta por el anterior presidente de México, López Obrador, que exigía «una disculpa, un perdón por parte de la Corona ante los agravios cometidos».

López Obrador, y el gobierno mexicano que le sucedió quedaron huérfanos de las disculpas oficiales de la Corona.

El gobierno español manifiesta que fueron informados con antelación y, por tanto, apoya al 100% las palabras del Rey.

Feijóo dice estar orgulloso del legado español en Hispanoamérica, y pide que las declaraciones se contextualicen; a su vez, pone de manifiesto, que se ha hecho un uso perverso de la Corona para hablar a través del Rey.

Vox afirma, que la conquista fue la mayor obra evangelizadora y civilizadora de la historia de los hombres.

Hasta aquí, los hechos y las opiniones, otra cosa es, especular con la oportunidad de realizar estas manifestaciones; sacar provecho y ventajas políticas de las mismas; e incluso, determinar con exactitud  de quién ha sido la iniciativa de expresarse de tal modo.

El anterior presidente, podemos interpretar que echó un órdago a la Corona, el desafío, la porfía de López Obrador resultó estéril.

En esta ocasión, ¡quizá!, hemos optado por razones políticas de hermanamiento, ofrecer una tregua, y perder voluntariamente un envite en el juego de la diplomacia.

Conocer y aprender de la historia de España, instruirse y entender como se llevó a cabo la conquista de América, esta es una de las lagunas en la educación de nuestros descendientes, la desidia,  la acedia y el desinterés por nuestra historia, es uno de los factores que coadyuvan a la dispersión del espíritu y la unidad nacional.

Me detendré sólo lo necesario para recrear mi espíritu de español, y alimentar el orgullo que siento por nuestros gloriosos antepasados, los conquistadores de América.

Quién puede negar la epopeya de Hernán Cortés, que con un exiguo número de hombres y aliándose con los pueblos sojuzgados por Moctezuma, acabó con un imperio opresor y sanguinario.

Sus virtudes como político, diplomático y estratega militar no tienen precedentes en la historia de la Humanidad.

Y qué decir de Francisco de Pizarro, insigne y valeroso extremeño, que haciendo gala de un infrecuente y desconocido arrojo, conquistó el imperio Inca, proporcionando a la Corona de España el mayor número de territorios y riquezas al otro lado del océano.

El primer europeo que holló las tierras del actual EE.UU en una travesía de 11.000 kilómetros, odisea llena de penurias, calamidades y desgracias, tiene nombre español, se trata de Alvar Cabeza de Vaca, que exploró lo que va desde la Florida hasta México.

El elenco, la lista de conquistadores está preñada de españoles como Esquivel, conquistador de Jamaica, Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Pacífico, Pedro de Alvarado, conquistador de América Central, Vázquez de Coronado que redujo a Costa Rica…

Gestas irrepetibles, empresas arduas y peligrosas que solamente están al alcance de hombres recios, de caballeros irreductibles con grandeza de ánimo; hazañas que requieren heroicidad, optimismo, arrogancia y desprecio de la vida.

No cabe duda de que cualquier acto o empresa humana acarrea connotaciones negativas, en el contexto histórico en el que se vieron involucrados, siempre hubo lugar para la expiación de culpas personales y colectivas en desagravio de puntuales actos de conquista, o para la reparación de posibles afrentas cometidas; ahora bien, después de más de 500 años es absolutamente perverso y malintencionado que una tropa infecunda y miserable trate de pervertir, dañar o viciar lo que España y sus conquistadores han llevado a cabo, «la mayor unión de culturas y razas de la historia de los hombres».

El nobel de literatura, Octavio Paz, manifestó: «Seríamos, probablemente, un conjunto de pueblos divididos por creencias, lenguas y culturas distintas, si ellos, los españoles no hubieran llegado a México».

España llevó al otro lado del Atlántico la religión, la cultura y la civilización, se produjo un mestizaje, una mezcla de razas que no observamos en las colonizaciones anglo-sajonas, bien al contrario, sus colonias carecían de leyes justas, fueron para esos pueblos enjambres opresores y racistas, su objeto era casi exclusivamente comercial.

«El encuentro entre los dos mundos» ha quedado parcialmente descalificado merced a la «Leyenda Negra», rosario de injurias y calumnias vertidas a lo largo de los siglos por la historiografía anglo-sajona, unida a la gran carga de odio, envidia e ignorancia de los competidores europeos y de las élites o dirigentes criollos que pretendían alcanzar una identidad interesada en cada una de las naciones hispanoamericanas.

Pero, no todos los males nos llegan del exterior, la Hispanidad, también ha quedado maltrecha por la indolencia y pasividad de nuestros propios dirigentes o representantes políticos; la galbana, la indiferencia con que se ha tratado u olvidado la conquista de América, ha dejado huella, los envites no siempre se han visto, y los intentos de órdago están por ver; sus promotores, ¡cómo no! los bolivarianos, esta morralla infecunda, esta turba peligrosa, la que va a continuar erosionando los cimientos de España, a no ser que el próximo gobierno, deje de poner paños calientes o cataplasmas a los graves problemas de la Nación.

Sería muy conveniente y fundamental, que en las escuelas se explicara que la conquista creó  gran  número de ciudades, que en el 1524 se fundaron escuelas para los indios, que en 1575, en la ciudad de México se imprimieron libros en diferentes dialectos aborígenes, que la primera universidad que se creó en el nuevo mundo, fue la de Santo Domingo en 1538.

La reina Isabel reconoció el carácter de súbditos, que no de esclavos, a los indios; Fernando El Cátólico, promulgó las «Leyes de Burgos» en 1512, ordenanzas que protegían a los nativos, en 1542 el emperador Carlos promulga las «Leyes Nuevas de las Indias» para proteger y mejorar la vida de los indios, prohibiendo las «Encomiendas», en 1550 detiene la conquista por las denuncias que llegan a la Corte, provocando la «Controversia de Valladolid», de la que se desprende la actualización de las «Leyes Nuevas» y la creación de la figura del «Protector de los Indios».

Dña. Elvira, en la obra teatral de Eduardo Marquina, Las hijas del Cid, después de haber sido violentada y humillada por los Infantes de Carrión en el robledal de Corpes, grita desesperada: «¡Paso, que llevo sobre mis espaldas el deshonor, que es la lepra más negra!».

Alerta, pues, los enemigos duermen en casa, los tenemos dentro, los alimentamos; los Infantes de Carrión existen, como existen las meigas.

Son al modo de la «Leyenda Negra», quienes actúan de zapadores para dinamitar la dignidad Nacional y la convivencia y, de paso, el régimen parlamentario,  la monarquía y el Estado de Derecho.

Así como, las sirenas pestilentes y hediondas pretendieron que Ulises y sus marineros escucharan sus cantos de hechizo y de muerte,  por  lo que, tuvieron que taparse los oídos con cera para proseguir con el viaje; así, los padres y educadores deberán tapar los oídos de sus hijos, no con cera, sino con educación integral y rigurosa información que les posibilite alejarse de los cantos de las sirenas de la revolución socio-comunista.

Dña. Elvira, cuando se la quiere proteger y amparar, en tono agrio y convencido exclama: «¡Sangre de Cid, ella misma se guarda!».

¿Quién, en la situación penosa y enloquecida de España, está en condiciones de proteger, amparar o defender  la sangre y la vida de los españoles?

O se empieza con tesón, esfuerzo, trabajo y determinación a arar debidamente las tierras de España, y neutralizar la multitud de interferencias disgregadoras, surgidas de la «Leyenda Negra» o de los enemigos del orden constitucional, de modo y manera que las diferentes parcelas queden limpias de ponzoña, o la mala hierba prosperará hasta dejar el solar nacional yermo, baldío y seco.

Autor

Antonio Cebollero del Mazo
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Juana

Del masón, la traición

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