Se ha dicho habitualmente que los periodistas y comunicadores constituyen un «cuarto poder» en democracia, al lado de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, cuya división de poderes estableció Montesquieu durante el siglo XVIII, división que ha ido formando parte de las constituciones liberales de las sociedades democráticas desde entonces hasta nuestros días, comenzando por la «Constitución de Estados Unidos de Norteamérica», que entró en vigor el 4 de marzo de 1789, y que es la «decana» de las constituciones del mundo libre. Son, de algún modo, un control «informal» de los otros tres poderes.
De hecho, el así llamado «cuarto poder» ha incrementado grandemente su importancia en la actualidad, en relación a hace unas décadas, por varios motivos:
- El grado de alfabetización es cada vez mayor a nivel mundial.
- El acceso a la información es cada vez más global, y muchas veces acompañado de imágenes en tiempo real.
- Internet ha «democratizado» dicho acceso a la información, convirtiéndola además en información prácticamente inmediata, lo que ha ido en detrimento de la calidad de la misma, y el contraste y verificación de las fuentes.
- Se ha extendido el hablar de la «opinión pública» como un ente abstracto o institucional, conformado por lo que, en teoría, opinan los ciudadanos de una determinada colectividad, cuando en realidad se trata de la «opinión publicada» por periodistas y comunicadores, que se constituyen en auténticos «creadores» de dicha opinión.
- Los políticos, artistas, influencers, deportistas y, en general, cualquier persona con una vida pública, viven a golpe de dicha «opinión publicada», que les compromete, de forma importante, en su intención de voto, su fama, su influencia o, incluso, sus ingresos en promociones y esponsorizaciones. Estamos hablando de «las cosas de comer», y no se juega con eso.
La inmediatez, la globalidad, los intereses creados, hacen que, bien por no contrastar las fuentes, por no buscar fuentes alternativas, o simplemente por profesionales de la información y de la comunicación «vendidos» a intereses espurios (políticos, económicos, comerciales, etc.), cada vez aparezca más ruido informativo, que no aporta nada a los ciudadanos, e inclusive se difundan noticias e informaciones intencionadamente falsas, lo que se conoce internacionalmente con el anglicismo de fake news.
En este sentido, es importante resaltar que la búsqueda de la verdad periodística ha de ser constante y requiere dedicación por parte del profesional. Después de todo, la credibilidad de la prensa está en juego con cada información transmitida. La difusión de noticias falsas y la manipulación de la información han contribuido al escenario de desconfianza hacia los medios. Por ello, es fundamental que los periodistas actúen con responsabilidad y ética en su actividad profesional, buscando siempre la transparencia e imparcialidad en la difusión de las noticias. La pluralidad de fuentes y la diversidad de opiniones son fundamentales para construir unos medios informativos sólidos y confiables.
En la actual era digital, y dada la velocidad a la que circula la información en las redes sociales, el papel del periodismo serio y comprometido con la veracidad de los hechos se vuelve aún más urgente. Combatir la desinformación y promover el pensamiento crítico son desafíos constantes para los profesionales del periodismo y la comunicación. Así lo expresa el «Código Deontológico de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España», que en su punto 2 dice que «el primer compromiso ético del periodista es el respeto a la verdad».
Para un católico, además, la verdad es un mandato moral, el cumplimiento del 8º Mandamiento de la Ley de Dios. El Papa Francisco, que Dios tenga en su Gloria, en su catequesis de 14 de noviembre de 2018, afirmó que «vivir de comunicaciones que no son auténticas es grave, porque impide las relaciones y, por lo tanto, el amor. Donde hay mentira no hay amor. No puede haber amor». El Pontífice subrayó que «la verdad es la revelación maravillosa de Dios, de su rostro de Padre, y de su amor sin límites. Esta verdad corresponde a la razón humana, pero la supera infinitamente porque es un don derramado sobre la tierra y encarnado en Cristo crucificado y resucitado».
La verdad es algo tan sublime que el mismo Pilato, durante la Pasión del Señor, le preguntó: «Y, ¿qué es la verdad?» Jesús no contestó entonces, pero la respuesta es clara: la verdad es vivir con la actitud de Jesús, de cara al Padre y a los hermanos, con humildad y con amor. Esta obligación, que atañe a todos los católicos, y a cualquier persona de buena voluntad, es aún más grave por parte de los profesionales de la información y la comunicación. Al final, de su profesionalidad y deontología, y de nuestro criterio ciudadano para discernir lo verdadero de lo falso, y sólo difundir lo verdadero, está en juego la ética y la moral de nuestras sociedades y, en definitiva, las libertades privadas y públicas de todos.
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Fundación Enraizados
La Fundación Enraizados nace como asociación en 2012 con el objetivo de ser una voz católica en la vida pública. Nuestros valores se basan en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia: dignidad de la persona, subsidiariedad, bien común, solidaridad y justicia social. Trabajamos en defensa de la Vida, la Familia, la Educación,
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