15/08/2026 05:43

In memoriam de los muertos de Adamuz

Frente a un político y a una política irresponsable lo peor, sin duda, sería una población inerte, dócil y sumisa, reacia a la revuelta, afrontando el desprecio por la sublevación o la ausencia de toda composición moral. Esto último es mero adorno. Se estigmatiza todo lo que no sea la concupiscencia adocenada de una población miserable.

Aquí, en España, en Occidente, en general, los únicos responsables del despropósito de las miserias políticas son sus poblaciones gregarias que, por lo demás, ya han dejado de ser las destinatarias de la política (salvo la de la redistribución de las rentas ya sea en forma de pensión o de trabajo inútil, ya sea renta mínima vital o subsidio) y que defienden con ahínco ‘como derecho’ cuando es arbitrariedad de las masas e indulgencia y derroche del poder.

Y no me refiero solo al desastre de Adamuz, a sus 45 muertos y a la debacle de las consecuencias provocadas. Eso no sería más que la punta de un inmenso iceberg de imposturas. Lo trascendente —en la probidad del análisis sereno que pretendo trazar— sería constatar la profunda desvergüenza de una población que solo sabe y quiere reaccionar ‘emocionalmente’. Ahí no hay apenas humanidad, luego es dudoso que se trate apenas de humanos. El mejor pensamiento íntimo que puedes encontrar en la mayoría de los vivos y de los indiferentes ha sido: «¡menos mal que no me ha tocado!».

No, no te quepa la menor duda y no desvíes la atención. Los únicos responsables son los muertos, los vivos que están haciendo cola y los que pronto serán la carne de cañón de las consecuencias y de los despropósitos de los depredadores que desde las instancias de las instituciones doblegan el destino natural de las cosas.

¿Por qué a la población le apetece estar sojuzgada? Varias hipótesis.

Nadie se siente adherido a una nación, existente o incipiente. El problema no es tanto la desafección hacia España sino la que también se alcanza, por propios y extraños, respecto de Cataluña, Euskadi, Andalucía, Galicia y demás entes territoriales. Nadie, salvo que sea un sectario y un entumecido enfermo mental, se siente identificado con nada.

-Estamos en una situación particular: que se han disuelto definitiva e irreversiblemente todas las estructuras de sujeción de la subjetividad allí donde antes permitían producir el juego de las naciones, de los grupos, del sentido histórico o de la senda del tiempo. Se ha abolido, de golpe, toda la metafísica de la organización clásica de las colectividades y las grandes aspiraciones ontológicas que le iban asociadas. No solo Dios ha muerto para muchos. Sinceramente, ha desaparecido también toda iglesia, todo credo y, si me apuran, toda religión sustituida todas ellas, punto por punto, por la adscripción de una población transformada en recurso a la realidad virtual y a la inteligencia artificial como culminación de un nuevo proyecto de civilización digital y el imperium total de un mercado digital.

¿No será esta indiferencia hacia el desastre de Adamuz, como a cualquier otro, limitada a una ínfima pulsión emocional, reflejo exacto de los nuevos tiempos que advienen sin indulgencia y como la peste arrasándolo todo?

-Son tiempos tenebrosos donde asola la más pura y estricta soledad agónica, aquella en la que cada miembro que conforma las poblaciones ya no aspira más que a sobrevivir en lo material despreciando todo lo espiritual. Seguramente todo se deba y sea causa directa de que comamos demasiado bien: satisfecho lo material deviene la miseria espiritual. Siempre, en toda historia, es el perfecto destino de los tiempos de bonanza.

España no está estructurada en dos bandos cuyo origen siniestro arrancaría en la guerra civil del siglo pasado. Nada de eso justificaría la completa desafección persistente y que cobra vida en cada uno de los miembros de esta población desestructurada.

Aquí, se quiera o no, estamos ante la presencia necrótica de la indiferencia absoluta hacia la otredad, hacia lo que representa lo otro y los otros (la negación de lo colectivo), el puro solipsismo voluptuoso, pero también, sin remedio, ante la indiferencia y el desprecio total hacia uno mismo. Esta población carece de marcas de pertenencia y, en su tragedia, ni quiere a los demás ni se quiere a sí misma. Y su comportamiento más auténtico podemos identificarlo como expresión radical del desprecio sintomático en que se cifra su altivez: su lenta autodestrucción, la aspiración por desaparecer.

-No es correcto aquel pensamiento que establece, para consuelo de los incultos, que el pueblo es traicionado por los partidos políticos. No. No es cierto. La lectura correcta es justo la inversa: que es ‘el pueblo’ quien se traiciona a sí mismo y, en su singladura, tiende hacia las aspiraciones de los partidos políticos que lo refleja y que son como el epítome de las corrupciones morales y materiales… hacia las que tiende conturbada una población corrompida.

-La población ya está más allá de todos los partidos políticos y hasta el infinito desbordado de todos sus proyectos políticos. No aspira a ser ‘el pueblo’ de ninguna mitología política (proletaria, capitalista, ecologista, feminista, etcétera). Niega constituirse como justificación práctica de actores de relleno de un cambio de sociedad decimonónico en la que no creen salvo que sea la de una orgía que contemple la escena de su propia miseria e indolencia, atraída por subsidios y subvenciones del Estado.

Todo el mundo ya debería estar convencido, más allá de la miseria ideológica de los políticos, de que el régimen que debe ser revocado no es el régimen del 78 con su Constitución, su sistema de partidos políticos, su falsa democracia representativa y esa execrable organización de las estructuras del Estado en un miliar de sistemas y subsistemas corrompidos. Eso ya está muerto desde hace decenios.

Aquí lo único que debe ser diluido, con urgencia, y como tarea principal es la España democrática que únicamente representa a sus partidos políticos, la democracia posmoderna y pánfila, es decir que desaparezca ese modelo de organizar a la población y su sociedad desde arriba y desde una neo filosofía política de las subjetividades radicales (el movimiento woke), esa propensión hacia la conversión sistemática de todo comportamiento en impiedad corrompida y vertebrado mediante el fundamento del ‘orden democrático’ a través de un sistema de partidos políticos que ha ahogado todo y a todos.

Así funciona in genere la población de este Estado. Se aspira ser ‘pobre’ para ser objeto de una subvención o de un subsidio. Se aspira a ser un enfermo mental para ser objeto de atención y mimo emocional. Se aspira a ser un ‘miserable’ para promover no tanto la indignación ajena como su compasión.

Los poderosos, los cleptócratas, los ricos, por lo demás, ya están fuera del Estado, desde hace tiempo y no lo necesitan.

No se trata del advenimiento de una crisis climática, de poder, ecológica o demográfica sino de una crisis civilizatoria digital extrema a la que le resulta indiferente las diferencias de las poblaciones que no se conviertan en nodos de los espacios cibernéticos, en los flujos de la red, puesto que las nuevas sujeciones ya no están basadas en el poder analógico, ni en la desigualdad sino en la conexión a la red digital y en la construcción de un universo artificial que lo abarque todo para todos los que sean necesarios (con destino a mutarse en contingentes).

Luego, si el hundimiento del sistema político solo puede venir desde sus mismas profundidades es necesario, urgente, perentorio que sea el propio sistema quien suma a la España democrática en el hundimiento de sus bases materiales y espirituales y haga de su Estado, un Estado fallido, inepto, arruinado y seco hasta alcanzar la aridez de la desolación y provocar la degradación transformadora. O tal vez no resulte. Ese sería el reto.

Solo la persistencia y continuidad en el gobierno de España del sanchismo (antes PSOE) dispone de suficiente capacidad efectiva y operativa para producir energía exterminadora tanta como para permitir la mutación del mismo Estado existente y hundir definitivamente sus bases materiales y amorales en las que se sostiene.

La alternativa no está dentro del sistema alternativo proyectado por el propio sistema constitucional de poder político. Por tanto, no podrá ser el PP (con o sin Vox) quien asuma el papel de transformador porque representa, como así ha sido desde 1978, la continuidad cerrada y perfecta de un sistema de partidos políticos que prolonga el drama de un Estado vacío, fallido y sin aspiraciones, sin más proyecto, ya agotado, que el de perpetuarse ab libitum.

En definitiva, es el sanchismo el único agente que está, realmente, en las condiciones apropiadas para hundir rápidamente España, es decir, para diluir, por simple colapso, toda esa estructura constitucional de poder político con forma democrática. El sanchismo no es el veneno sino su acelerador que lo ha expandido como un cáncer maligno hasta acabar con todo lo sano de una nación y de su población que ya no tiene más sueño que la de desaparecer. No hay regeneración posible.

Hay que pensar más allá: sin trabajo, todo son máquinas; sin humanos, todo son conexiones en red; sin alma, todo se ha convertido en nodo operacional; sin religión, todo se torna en alucinación digital; sin salud, todo se reduce a farmacopea génica; sin dinero, todo es moneda digital o subsidio; sin alimentación… sin nada que nos pertenezca ni siquiera una gota de sangre en las venas ¿cómo crees que será el nuevo orden de sujeción política?

Si piensas en que la alternativa al sanchismo (antes PSOE) está representada por Feijoo (ahora PP) como solución, si piensas, en definitiva, en las ‘ilusiones’ de la alternancia que genera un régimen autoritario de partidos políticos que rige esta chusca «democracia», pues, bien, estamos a mil años luz de distancia. Sin regeneración posible, está a la orden del día acabar pronto con este sistema arcaico de poder activando su propia autodestrucción.

¿No te gusta lo que expongo? Dame una solución que no sea algunas de las ya ensayadas y fracasadas, o el repertorio de las estulticias frustrantes de políticos o el conjunto cíclico ideológico de rumiantes decimonónicos.

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Jose Sierra Pama
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Pablo Blas Villarmín

Los acontecimientos como la Dana y estos ferroviarios al igual que todo el caos que están poduciendo en nuestro medio agricola-ganadero, no es incompetencia sino que es provocado por esbirros de Satanas que okupan nuestras instituciones y siguen instrucciones del «grado 34» de la masonería que ya no es humano.
La lucha siempre pacífica (las armas las tienen ellos) consiste en la propagación del mensaje hasta conseguir la denominada «Masa crítica. Solo la paz conduce a la Paz.

Enzo Coll

Excelente análisis, que complace leer por su dominio del léxico, su sintaxis y su ironía fina. Efectivamente, el pueblo no existe, solo existe la población. Sumida en el marasmo, lo viejuno jamás la sacará de su modorra. Hace falta un espasmo paea despertar. Cuestión de tiempo, de suerte y de acción. Por supuesto que la apelación mediática a la emoción, solo sirve para que el despertar sea más difícil, lento y desagradable. Menos emoción y más acción. Felicidades al autor

navarjm

Desde luego que vivimos tiempos CONVULSOS y cada vez mas alejados de lo mejor de la humanidad que no es otra que la COHERENCIA. Cada vez mas, vemos el resurgimiento de la POLARIZACIÓN, lo que nos lleva a resultados como los actuales, llámese Ucrania, llámese Putín, llámese Trump, llámese Sánchez y en todo esto, nada que ver la DIGITALIZACIÓN. La partitocracia, desde luego, no es la solución democrática, para esta España nuestra, que tanto costó a nuestros padres y abuelos levantar de los rescoldos de la guerra. Nos va a costar, resurgir de las calamidades a los que nos tienen sumidos, como rehenes, la actual izquierda polarizada en su máxima expresión. Espero que la justicia, finalmente, ponga las cosas en su sitio

Fernando guerrero

Es verdad, la poblacion esta asqueada de todo, le da igual todo lo que esta pasando en España y no despierta o no quiere ante lo que esta realizando este puñetero gobierno.
En cuanto a lo que refieres del sanchismo y lo que esta llevando a cabo para exterminar todo tipo de valores, ante esto, si espero a que la gente despierte, espabile y reaccione antes de que destroce este,aunque me llames iluso, creo que buen pais.

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