- ¿Sabías qué… La Revolución Francesa puede ser estudiada desde un paradigma Cristiano y Católico, no sólo desde el típico Progresismo? Por ejemplo, la pirámide estamental. Véase la entrevista para Infocatólica https://www.infocatolica.com/blog/caballeropilar.php/2501020938-santiago-garcia-lucio-se-pone
«La insurrección es la garantía de los pueblos» (San Just). La nuestra, sencillamente, son ustedes. Preparense…porque… ¡Empezamos!
«Tiempos Convulsos. Cuando se decidió el futuro del mundo. Historia de la revolución francesa por Santiago García Lucio»
Vamos a dedicar este quinto capítulo de «Tiempos Convulsos» a poner sobre la mesa toda una serie de temas, de los cuales damos a continuación justo acuse de recibo, a saber:
Índice de contenidos
- Feudalismo y sus costumbres + pirámide estamental
- (Nobleza, Clero y Tercer Estado)
- «Los desclasados», olvidados de la Historia
Antes de comenzar, lo dejamos dicho —Vamos a ser tremendamente insistentes con esto aquí, en «Tiempos Convulsos»—, por favor: Miremos la Historia con los ojos de cada época. Hagamos comparaciones sincrónicas, no anacrónicas, porque entonces no entendemos nada, nos perdemos en buscar buenos, malos y demás trivialidades (Contrahistoria, 2016).
Estructuración social: radiografía de un pueblo
Fuente: Centro de Recursos Educar Chile (Fundación Chile, 2001)
La imagen muestra un dibujo de una pirámide que ofrece la distribución por estamentos de la sociedad europea (S: XV-XVIII, aprox).
DIDIER, HIJO DE ALTA CUNA
Didier es un muchacho jóven, bienparecido y elegante. Todos sus ropajes son de fina seda. Domina, además, el protocolo, ora a la mesa, ora para la recepción de individuos, debiendo defenderse, a menudo, en un más que aseado latín.
Didier ha recibido, además, estudios en los mejores lugares posibles, contando así con una formación académica sencillamente envidiable, dándole los mismos acceso a codearse con las altas esferas, muchos de ellos antiguos compañeros de formación.
Instruido en el manejo de las armas, Didier sabe también defenderse a espada, sable o incluso mosquete, cosa qué, quién sabe, quizá algún día pueda serle de ayuda.
Exultante, Didier está volviendo a casa, como cada dos semanas, de supervisar sus tierras a fin de esperar de ellas el prometido fruto, tan codiciado por los de su clase, teniendo así Didier lo que en Ciencias Económicas se denominaría un pasivo.
Mientras que para sus hombres ese terreno representa un activo, Didier únicamente ha de limitarse a esperar que sean estos los que, regándolo, arándolo y cosechándolo, le entreguen posteriormente unos impuestos en concepto de alquiler de los mismos.
Didier, quizá de esto el muchacho no sea plenamente consciente, representaba entre un 2 y un 6% de la población europea, esto es, una cifra mareantemente baja, convirtiéndose, de facto, en un auténtico privilegiado a ojos de su sociedad.
Su padre, conde de W, se ha ufanado a menudo, tiene el poder económico y político de la sociedad, conformando una mesa junto a los más elevados barones del Reino, decidiendo así los sinos del conjunto de la Nación.
La familia del joven goza además de exenciones en el pago de impuestos, pudiendo así aumentar sus fondos con extrema facilidad, gozando así de gran placidez y comodidad.
A cambio de todo esto Didier y su familia tienen, también, obligaciones como proteger los caminos con sus hombres, debiendo incluso alojar y mantener a los ejércitos cuando sea necesario
La marca real de nobleza, no obstante, eso Didier lo sabe bien, no es otra que el privilegio de su nacimiento, convirtiéndolo así en un infranqueable, no importando absolutamente nada más que esto.
Noche tras noche, recuerda, su padre le ha estado repitiendo, martilleante, esta retahíla. «Como el Padre Nuestro, hijo mío», acostumbra a decirle. ¡Qué sorpresa va a llevarse cuando vea que Didier al fin se la ha aprendido.
Didier tiene también Derecho de pernada, un privilegio especial de la nobleza, derecho por el cual determinados tipos de nobles podían reclamar el usufructo de una novia recién adquirido su casamiento el mismo día de la boda, pudiendo llegar, en ocasiones, incluso a desvirgarla. Todo ello, para más inri, ante los ojos de su ya marido. (CATEDRAL DEL MAR Y PILARES DE LA TIERRA
GIROUD, EL PÍO
Giroud, adolescente francés, acaba de ingresar en la Iglesia. Aquel es, sí, su primer día. El pequeño, esto resulta obvio, está ahora mismo bastante asustado. Innumerables historias acerca de la institución han llegado a sus oídos.
El Clero, ha empezado esa mañana el profesor, es una entidad especial, diferente. Se rige por tribunales particulares, encargados únicamente de sus asuntos, los de la Fe, generando así una suerte de ‘Estado paralelo’, pues no somos juzgados por un Tribunal ordinario a diferencia del resto de las clases.
Los Hijos de Dios ha continuado el maestro tras carraspear, cuentan también con exención absoluta del pago de impuestos, pudiendo así entregar dichos ahorros a la Madre Iglesia en lugar de al Estado y al Rey, a diferencia de lo que sucede con otras personas, permitiendo así un constante crecimiento para la institución.
Reciben, también, beneficios del resto de la sociedad, caso del diezmo de todos los productos de la tierra, asegurando así un crecimiento, no solo perpetuo, sino, además, sostenible en el tiempo.
El siervo, pese a todo, no puede quedar desamparado, por lo que cuenta en usufructo con grandes extensiones de tierra, en muchos casos utilizadas para la construcción de conventos, abadías o palacetes, ora públicos, ora privados.
El Hijo de Dios goza, por último, de rentas señoriales, las cuales cada quien empleará como estime conveniente, siendo la institución un tanto menos rígida a este respecto.
La campana acababa de sonar, acallando así al maestro. Uno por uno, guardando sus libros, los pequeños comenzaron a salir del aula.
Por si os lo estáis preguntando, Convulsos, el hecho de servir a Dios era tan rico, abarcaba tantos ámbitos que dicha doctrina debía escindirse para poder ofrecer plena cobertura de cara a la totalidad de sus funciones:
- Alto Clero (obispos, abades y canónigos)
- Clero Llano (curas, párrocos y frailes)
GEROMME O EL TERCER ESTADO
Jadeante, lleno de polvo, Geromme enfila el camino a casa. Aquel día, igual que todos los anteriores ha sido, ciertamente, muy duro. Aún respirando con dificultad, el hombre sacude el polvo de sus galas, por cierto, en extremo castigadas y humildes.
A diferencia de las clases superiores la gente como Geromme, dicen hoy los cálculos contemporáneos, conformaban el 97% del total de la población francesa. (David Jordan, profesor en Universidad de Illinois, Chicago).
Su mejor amigo, también perteneciente al Tercer Estado es un burgués. «Qué heterogéneo esto del Estado General, se dice, campesinos, burgueses, obreros, artesanos y comerciantes. Todo un galimatías».
Caminando lentamente, al tiempo que se pregunta qué tendrán que ver las churras con las merinas, Geromme lo recuerda. «Mi querido amigo. Nos prestaste aquel crédito el día de nuestra boda. Con el corazón en la mano. Gracias. Algún día terminaré de devolvértelo».
Recordó, con alegría, que ambos seguían viviendo en la misma ciudad. Al día siguiente le invitaré a una cerveza, decidió, cantarín. En realidad la práctica totalidad del Estado Llano se concentraba preferentemente en las ciudades, pese a ser tan distintos.
En su caso, el de los campesinos, solían contar con apenas una huerta básica y unas pocas cabezas de ganado. Eso era todo, pensó, a la par que caminaba. Todo y lo suficiente.
LAVASCHE, EL MALEANTE
Noche cerrada. Cinco siluetas echan a correr en la penumbra. Ante ellos, una sexta, cuya ventaja es cuanto menos considerable. Ahora, eso el ya lo sabe, no podrán darle alcance. Es ya demasiado tarde. Resollante consigue salir de aquella casa, a juzgar por su arquitectura, un palacete posiblemente nobiliario.
«Je, je, je. La suerte ha estado hoy con nosotros», canturrea mientras, al tiempo, extrae de entre sus ropajes una raída petaca, por su fuerte olor, llena de alguna suerte de licor, alcohol o cerveza.
Lavasche acaba, sí, de asaltar el palacete del obispo, llevándose consigo una codiciada pieza artística. El plan ha salido a pedir de boca. «Esta noche comeré caliente», se dice para sí, regocijado.
Lavasche, ya lo habréis adivinado era un ladrón. Aquello que en la época se conocía como «desclasados o errantes», cuya población oscilaba entre el campo y la ciudad.
Llevándose la petaca a la boca, el truhan volvió a darle un buen trago, amplio, sereno para, a continuación, eructar con suficiencia.
«Mañana es el Gran Golpe». Nada puede salir mal. Todo estará infestado de guardias. Yo y los míos hemos de ser rápidos, coordinados y precisos como un reloj suizo. Mañana, sí, el Obispo echará en falta aquello».
Todo estaba muy coordinado. Neuf, el mendigo, atraería la atención de dos de los guardias con su insípida salmodia. Vía libre al interior. A continuación, Anette, la señorita de compañía se haría cargo de los cuatro custodios de la entrada para, una vez todo desierto, aquello fuese hurtado por el eficaz grupo de bandidos. Después irían a ver a Gilbert, contrabandista de profesión, quien, a buen seguro, ofrecería una enorme suma para colocar aquel objeto en el mercado negro. O, para ser exactos, para que fuera colocado por sus siempre leales temporeros, sus fieles manos derechas.
Dicho grupo quedaba, a su vez, subdividido en:
- Trabajadores esporádicos o temporeros
- Mendigos
- Prostitutas
- Contrabandistas
- Bandidos
Estos pues van a dedicarse fundamentalmente a asaltar los caminos, robar, traficar, intercambiar, pedir y suplicar, trabajar por periodos acotados u ofrecer servicios de compañía desde una intensidad moderada hasta una intensidad elevada, siempre al gusto del cliente.
¿Pero qué es un estamento? Del latín stamentum es definido por la RAE como «Estrato de una sociedad, definido por un común estilo de vida o análoga función social. Estamento nobiliario, militar, intelectual». (RAE, 2023).
Hablando en plata: un estamento es una realidad de índole socio-cultural compleja. Social: Porque marca, delimita y define patrones y cánones de comportamiento a adoptar; cultural, porque genera una cultura propia compleja y rica, aportando mucho más que un mero marco social de referencia.
La aritmética parlamentaria era la siguiente: cada escalafón contaba siempre y sin excepción con 1/3 de los diputados, por lo que las dos cámaras fundamentales, que ahora veremos, podían, siempre que así lo deseasen, anular la votación de la tercera.
En la cúspide de la pirámide puede verse al rey, delegado de Dios con poder absoluto y hereditario, quien representaba la categoría social más elevada. La monarquía, el monarca son, simplemente, un «privilegio natural», que habría dicho Hunt.
Lo seguía la nobleza, fundamentalmente conformada por príncipes, condes y duques y controladores del Cargo Público por excelencia. Este grupo tenía el poder económico y político de la sociedad, eligiéndose, de entre sus círculos, a la realeza, gozando además de ciertos privilegios (exenciones en el pago de impuestos) y obligaciones (proteger los caminos, alojar y mantener a los ejércitos cuando fuera necesario). En última instancia, pese a todo lo visto, lo que va a diferenciar a los nobles de los grupos inferiores será el privilegio de su nacimiento sujeto, además, a título hereditario.
El Clero, soporte ideológico del sistema, va a organizarse en otro grupo teniendo privilegios similares a los mostrados por los nobles (regirse por tribunales particulares, exención absoluta del pago de impuestos, recibir beneficios del resto de la sociedad como el diezmo, proveniente de todos los productos de la tierra). Poseían, también, grandes extensiones de tierras y gozaban, a su vez, de rentas señoriales. Dentro de este grupo había, sin embargo, diferencias sustanciales, quedando por un lado el alto clero (obispos, abades y canónigos) y por el otro, el clero llano, la casi totalidad de los curas, párrocos y la mayoría de los frailes.
El Tercer Estado, también llamado Estado Llano o Estado General, en torno al 95% de la población, era muy heterogéneo, estaba formado por la burguesía, la cual desde sus orígenes se había escindido del campesinado y estaba conformada por obreros, artesanos y comerciantes, concentrados preferentemente en núcleos urbanos. Los campesinos, aferrados a una casa modesta, a una huerta básica y a unas pocas cabezas de ganado vendrán a conformar también este estamento inferior.
Cierra, a continuación, un último grupo del que, probablemente, jamás hayáis oído hablar —Un servidor nunca lo hizo— por mucha atención que prestara en el colegio. Y esque son precisamente este tipo de detallitos los que nos impulsaron a la creación de este, nuestro programa sobre Revolución Francesa.
Por último, dentro de este grupo también se contaba con la existencia de los llamados desclasados o errantes conformado a su vez por trabajadores esporádicos o temporeros, mendigos, prostitutas, contrabandistas y bandidos, por norma general, oscilantes entre campo y ciudad.
¿Qué estamos sosteniendo una bravuconada? Las fuentes, sencillamente, no son de la misma opinión:
“- Apártate de mi camino, centinela -dijo Aliena-. Todo ciudadano tiene derecho a presentar peticiones al Rey
– Sí, pero los de tu clase, los pobres, no son lo bastante locos para intentar ejercer ese derecho…” (Ken Follett, 2001)
Subrayamos la expresión “Todo ciudadano”, haciendo énfasis en ella. ¿No se ha sido, acaso, lo suficientemente claro? Si esto no prueba, a todas luces, la existencia de una clase invisibilizada, que venga Dios y lo vea…
Según los cálculos contemporáneos, apuntó David Jordan, profesor en Universidad de Illinois (Chicago), los primeros dos estados los formaban el 3% de la población y el Tercer Estado el 97%.
“En la Europa del Antiguo Régimen te decían lo que tenías qué pensar. El Clero y los gobernantes te daban la información. La idea de que una persona con algo de dinero pudiera acceder, a través de la alfabetización al conocimiento humano de manera libre era revolucionaria”. (Sarah Maza, Entrevista).
Estructuración social: radiografía de un pueblo (y 2)
La llegada de la Revolución va, zarandeando violentamente, a subvertir este sistema. En primer lugar, haciendo desaparecer al Rey, quien morirá sentenciado por la guillotina, la nueva arma revolucionaria, dinamitando así el sistema del que acabamos de hablar, haciéndolo saltar por los aires.
Todo ello, como es lógico, va a conducir a una variación en el dibujo, cambiando el panorama de forma radical. Las riendas del timón serán, a partir de ahora, tomadas por «la burguesía», grupo mayoritariamente integrado por comerciantes y artesanos, otrora miembros del Tercer Estado.
No habrá ya súbditos, sino ciudadanos, quienes tendrán derecho a escolarización obligatoria de carácter gratuito con todo francés económicamente independiente siendo un elector quedando, tal vez en su cúspide un sistema basado en el mérito intelectual, y no en las ventajas de la cuna o la fortuna.
“Fue la revolución que más alteró las cosas si consideramos que se deshizo de la Iglesia Católica, de la cristiandad, de la nobleza, del Rey, de todo aquello que es tan fundamental antes del nacimiento del mundo moderno”. (Historiador. Entrevista).
Conocemos ya el Feudalismo y sus costumbres, la pirámide estamental (Nobleza, Clero y Tercer Estado), así como la existencia de una clase hasta hoy invisibilizada, «Los desclasados».
Hemos visto, además, —No nos hemos quedado ahí— como se organizaba cada estamento o qué privilegios y/o tipo de vida ostentaban.
Autor
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Experto en Revolución Francesa de relevancia Nacional e Internacional, (Argentina, Colombia, Venezuela, México, Chile).
Propietario y Editor de ÑTV ESPAÑA. Periodista y corrector editorial.
Cuenta con una colección de libros (Tiempos Convulsos - Historia de la revolución francesa).
Cuenta, además, con un Podcast especializado ubicado en Youtube (Tiempos Convulsos - Historia de la revolución francesa).
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