15/08/2026 11:05

A los nombres -individuos e individuas- públicos y menos públicos que se pasean estos últimos tiempos por los tribunales, les pasan estas cosas por su delictiva actuación sociopolítica y por su manía de mentir continuamente y de desafiar a la Justicia, que todo espíritu libre interpreta como chantaje al Estado.

Y suelen acudir acompañados de un silencio que si fuese roto de manera radical iba a poner en aprietos a más de uno de los que los acompañaron en su desbocado bandidaje y que, en estos días, no las deben tener todas consigo.

Estas buenas piezas requeridas por las cortes judiciales buscan el secreto a toda costa, y ello les hace más sospechosas ante la opinión pública, porque la verdad -«los buenos dichos»- no busca el secreto. Y ocultarse es propio de la conciencia criminosa.

El cúmulo de la suciedad que se oculta bajo las alfombras del poder político, empresarial y financiero de las cinco últimas décadas es tal, que, si algunos de los protagonistas de la Farsa del 78 se decidieran a tirar enérgicamente -no con pellizcos de monja- de la manta, nos asombraríamos de hasta dónde llegaría la catástrofe, con sus múltiples consecuencias.

Pero nadie quiere hacer de Sansón, porque nadie tiene alma de patriota entre los situados. En España, los hampones y grandes delincuentes de la política, las finanzas y la comunicación, no están dispuestos a derribar el templo ni siquiera parte de él, porque aun no estando ellos personalmente dentro, sí lo están sus intereses. Y a ninguno le beneficia el derrumbe del chiringuito, hogaño Sistema.

Eso sí, las luchas cainitas de estos ventajeros de la política, de las finanzas y de la comunicación existen, aunque la mayoría de ellas tampoco salgan a la luz, si bien, cuando lo hacen, siempre se justifican por la democracia, por el bien de España y por la razón de Estado.

Aunque, como es de común conocimiento, su objeto suele ser más áptero y burdo, y sólo consiste en protegerse a sí mismos y a los afines a la causa.

La cárcel, que no suele ser asunto de bromas, sería hoy una noticia purificadora del ambiente. Especialmente en relación con esos múltiples casos que, aun estando a la vista de todos, sólo parecen visibles para quienes quieren verlos.

Si para la trama delictiva del PSOE, por ejemplo, se abriera por fin de veras el portón de Soto del Real o de cualquier otro presidio, cabe imaginar que los mafiosos de una época y sus protectores podrían acabar reunidos -como así habría de ser justicieramente- en las mazmorras más siniestras.

El Gobierno y los principales responsables del PSOE y de sus cómplices -la familia al completo- en las puertas de la cárcel serían la mejor foto del socialcomunismo, de la casta partidocrática y del Sistema en nuestra patria. El cartelón o gran afiche de la Farsa del 78. Y si hubiera de verdad Justicia, el principio del fin de una época de abusos, escándalos, perversiones y horrores de todo tipo.

Aberraciones y abominaciones que dañaron profundamente a las instituciones del Estado y arrastraron a España a la agonía. Y que convirtieron la convivencia en un fangal, revelando las carencias de una Constitución ambigua y tramposa, dictada bajo el influjo de la traición a un código de valores, a la unidad nacional y a la palabra empeñada.

Ante la realidad de esta deriva sociopolítica que está pidiendo a gritos en los juzgados y en el acontecer cotidiano la regeneración, alguien tendrá que dar el paso definitivo para alzar la oriflama restauradora. Los ídolos dorados, elegidos y reelegidos por una plebe irresponsable e insolidaria ya han demostrado ser de purpurina y enseñado por activa y pasiva sus pies de barro.

Esos gatos cebados, esos energúmenos (personas poseídas por el diablo) a quienes, desde su abusiva impunidad, tanto les gusta desafiar y comportarse como fanfarrones de taberna, deben ser finalmente desprovistos de sus privilegios judiciales y enviados a galeras. Lo exige el sentido común, que en este caso se tiñe de justiciero, y la dignidad ciudadana.

Y detrás de ellos deberán ser aherrojados -o privados de su influencia- otros muchos popes que, más o menos ocultos, se hallan incrustados en los entresijos de la vida pública o privada: empresarios ventajeros, sicarios multinacionalistas, aristócratas de las finanzas, sodomitas con poder diverso, traficantes LGTBI, conspiradores desleales a la nación, lóbis y parásitos de varia catadura, intelectuales de pesebre…

Toda la monstruosidad moral que hoy se pasea impune por campos y ciudades debería ver el resurgimiento de la patria desde el calabozo más sombrío.

Autor

Jesús Aguilar Marina
Jesús Aguilar Marina
Madrid (1945) Poeta, crítico, articulista y narrador, ha obtenido con sus libros numerosos premios de poesía de alcance internacional y ha sido incluido en varias antologías. Sus colaboraciones periodísticas, poéticas y críticas se han dispersado por diversas publicaciones de España y América.
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