15/08/2026 09:20

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero como para toda regla hay siempre una excepción que la confirma, voy a centrarme en ella.

En el 711, apenas unos 12.000 mahometanos consiguieron la derrota de Don Rodrigo, cuyo ejército era extraordinariamente más numeroso, en la batalla de Guadalete, por varios factores: la corrupción que imperaba entre la “élite”, o sea la clase dirigente visigoda; las luchas intestinas de poder; la misma degradación y decadencia se observaba entre el pueblo, contaminado por el ejemplo de aquéllos; el relajo espiritual general por la carencia de pastores de verdad; y, por supuesto, por la traición, de la cual los máximos exponentes históricos siguen siendo el obispos Don Oppas y el conde Don Julián, es decir, traición de parte de los poderes fácticos de entonces, bueno y de siempre, la Iglesia y las FFAA, ambas columnas siempre vertebrales sobre las que se asienta secularmente España.

Así, aún resulta increíble, pero es verdad, que esos 12.000 mahometanos, más contingentes posteriores que de todas formas se calcula que nunca pasaron en total de unos 50.000 efectivos, ocuparon y sometieron toda la península ibérica, sí, toda, en apenas 15 años; y con los medios de entonces, no se olvide. Tanto es así que hasta Covadonga no se conoce prácticamente ni una sola crónica, ni visigoda ni mahometana, de haberse producido más grandes batallas, resistencias numantinas o zonas infectadas de molestas guerrillas.

Es decir, que aquellos españoles más bien se sometieron que se opusieron al invasor; que, además, debieron parecerles “marcianos” pues eran en todo diferente a ellos. La debacle de aquella España fue total, repito, hasta Covadonga. No ocurrió lo mismo con los franceses que no se dejaron hacer. El resultado ya lo conocen: no sólo esos ocho siglos de reconquista que debieron ser un par de décadas, sino que lo peor fue el cambio profundo de nuestro ADN, de forma que el individualismo y demás defectos que nos aquejan siempre he creído que proceden de la mezcla de sangre de esos ocho siglos que no fueron lo que muchos se empeñan en sostener hoy, o sea, mezcla pacífica de culturas y demás, bastando para negarlo, entre infinidad de otros ejemplos, el hecho de que para encontrar una iglesia románica, visigoda, hay que ir a Asturias, porque en el resto de la península los invasores no dejaron ni una, ni tan siquiera su recuerdo; como seguro que tampoco una doncella intacta.

Hoy, nuestra penosa situación muestra las mismas características que en el 711; lógicamente adaptadas a los tiempos de la informática y el motor.

La corrupción de nuestras “élites”, de nuestros dirigentes, está desbocada. La del pueblo español le anda a la zaga pues la admite, y no sólo la cree irremediable, sino que la asume como normal. Igual que aquellos visigodos, se ha perdido la Fe, por lo que se acepta cualquier creencia, que no religión, pues sólo puede haber y hay una verdadera, la católica, como buena. Todo vale en las costumbres, siempre y cuando sean degeneradas. Y, para no aburrirles porque ustedes mismos lo saben, lo peor de todo es la traición que campa a sus anchas de tal forma que no sólo no se esconde, sino que alardea. Traición de los dirigentes que trabajan individualmente o en grupos organizados; traición de las FFAA y de seguridad que obedecen sumisamente todo de parte de aquéllos, aún sabiendo que va en contra de nuestra unidad, soberanía, independencia e integridad; traición del clero, empezando por los obispos, todos ellos, en activo como eméritos, que los hay, que no creen y sólo buscan el beneficio del mundanal ruido.

Llegados a este punto, dirán ustedes que para que sea válida la comparación con el 711 falta el invasor, y a ser posible mahometano. ¿Pero todavía ustedes, como tantos españoles, no se han dado cuenta? Ya estamos invadidos y esta vez hasta Covadonga incluida. Miren si no a su alrededor, sean ciudades o pueblos e incluso aldeas. Vean cómo se les trata trayéndoseles incluso en los buques de la Armada; cómo se les defiende; cómo se les ampara; cómo se les financia; cómo se les pone en todo por delante de ustedes y de los nuestros. Miren cómo hay una masa nada despreciable de españoles, aunque en realidad son detestables, que, entre peperos, sociatas, comunistas –¡hay que joderse, que todavía los haya!– y secesionistas, siguen aupando a esa casta dirigente de todo color repleta de Don Julianes y Don Oppas que todo lo inunda y destruye hasta límites insospechados.

Miren, por favor, y vean, no cierren los ojos, porque no estamos en el 2025, sino en el 711, otra vez.

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Francisco Bendala Ayuso
Francisco Bendala Ayuso
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Alvar

Bueno, la España moderna ha cometido algunes errores puntuales que nos han llevado al precipicio; introducir la dinastía borbónica en 1705, supongo que por ignorancia, ha sido demoledor para España. España necesita reyes oriundos de España, aunque sean menos nobles pero más guerreros. Esa dinastía borbónica innoble fue incapaz de frenar el liberalismo y se dejó comer la soberanía por las asociaciones masónicas constituidas en partidos políticos. Error trascendental también el de los españoles al apoyar a Isabel II y a los liberales en vez de defender una patria sometida a los mandamientos de Dios.
Una vez triunfante el sistema liberal y descabezado el pueblo español, quedando a partir de entonces la cabeza separada del cuerpo y como mero adorno (la monarquía constitucional) pastoreado y exprimido ahora por las logias que son las que detentan el poder, era irremediable acabar como en el 711.
Ahora si queremos salir de toda esta montaña de mierda en la que hemos caído hace falta que el Papa de la Iglesia Católica apoye y anime a la recristianización.
Es de esperar que cuando los moros empiecen a exigir el tributo de las 100 doncellas aparezca algún Pelayo o algún conde don Pedro que diga «hasta aquí hemos llegado».
Hace unos meses, en la dana de Valencia, faltó poco para que los habitantes, enojados e iracundos, diesen merecido final al sátrapa de la Moncloa, fue un conato. No faltarán en el futuro motivos para el enojo y la ira, y habrá que saber canalizarlas bien.

Roberto Valdez.

La situación ahora es peor porque no hay ningún don Pelayo ni hay esperanza.
Por otra parte, siempre he creído que el pueblo español es eminentemente ladrón y vago debido a la mezcla de ADN con los árabes durante los 8 siglos de reconquista. Cualidades a las que ahora se ha añadido la indolencia y la cobardía.

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