15/08/2026 07:45

Para mí, no ha habido sorpresa, sabía que el Recinto del Santo Valle de los Caídos se llenaría de fieles, como así ha sido.

De por sí, era difícil de encontrar una plaza de aparcamiento entre las miles que hay repartidas alrededor del mayor y maravilloso Templo de la Cristiandad. Muchos vehículos estaban aparcados al borde de las vías que van a las explanadas.

Sin duda, este pasado Domingo de Ramos era un día grande, pero el pasado Domingo y el anterior, así como los sábados y días laborables el Recinto se llena, no sólo de turistas, sino también de feligreses.

Feligreses que acuden por la llamada de Pedro, no se trata de San Pedro, no, sino de la llamada del salvaje comunista, profanador y talibán de SánchETA. Y los buenos católicos hemos cogido el testigo para que sea una llamada a la oración, para la defensa de esos humildes monjes benedictinos, para aunar corazones alrededor de nuestro querido y admirado Santo Padre, que no es otro que Dom Santiago Cantera, que ha sido desterrado por esa caterva de criminales y vengativas hienas que manejan todo a su gusto, sin que nadie se oponga, junto a un Vaticano y Jerarquía de herejes, perjuros, traidores y que una vez más han cometido apostasía. Y cómo no, por un Partido Popular, mentirosos y traidor en grado sumo. Así como unos monarcas que siempre han estado junto a los peores enemigos de Dios y de la Patria.

Miles de feligreses, nos apostamos al borde de la escalinata a la entrada principal, de tan bella y emblemática Basílica. Allí esperamos la salida de los monjes celebrantes de la Santa Misa, acompañados de novicios muy jóvenes y de toda la Escolanía de niños Cantores que componen esas maravillosas Voces Blancas.

Nos repartieron a todos, ramas de olivo, que luego fueron Bendecidas.

Una vez leído un texto católico, previo a la Santa Misa, con la Bendición para todos los que allí estábamos, entró toda la comitiva religiosa, después los niños cantores y seguidos de ellos los miles de feligreses, que acudimos a tan Alto Acto religioso.

Como estaba previsto, con una gran asistencia, los monjes junto con sus queridos niños cantores, pusieron a un lado y otro de la Basílica, cientos de sillas que la llenaban al completo, dejando el paso central.

Lo curioso y por primera vez, en la Homilía el monje celebrante, no ha pedido Oración por El Obispo o por el Papa. Ya era hora que esto sucediera, porque aunque los monjes, verdaderos católicos de fe en Cristo Redentor, son muy devotos y piden en todas las misas, por todos y por toda la iglesia y siempre con el ruego de una oración por la reconciliación.

Estos humildes y austeros, buenos monjes que dan el ejemplo de supervivencia, rezando al Altísimo, ante la herrumbre de corazones plegados al comunismo y crimen, que ejercen los injustamente entorchados de una Jerarquía Eclesial Bolivariana, pagana, perjura y que ha cometido apostasía. Y como no, de un Vaticano vacío, porque el actual Papa y su curia, no representan a Dios, ni a la cabeza de San Pedro, porque se han convertido en herejes, fornicadores de la fe en Cristo, perjuros y apóstatas.

El holocausto católico de la Segunda República: en memoria de los mártires

Triste es recordar a esos miles de jóvenes monjes, sacerdotes y monjas, que sufrieron los mayores horrores en sus muertes por seguir abrazados a Dios, sin cometer apostasía. Algunos sólo tenían 16 años. A nuestros mártires no sólo les asesinaban por llevar una Cruz en su pecho, sino que se enzarzaban con ellos, con horribles tormentos, como era el caso de esas monjitas y novicias, menores de edad, que después de fornicarlas decenas de veces por esta banda de hijos de Satanás, las metían palos por su partes íntimas o les cortaban los pechos estando vivas.

Y ahora, con la Memoria Comunista y Asesina convierten a esa manada de bestias asesinas, hienas, infames, desalmados carniceros y salvajes salidos del infierno, en los buenos, y a los que después de cinco años de soportar lo insoportable, el Bando Nacional Católico, harto de tanta ignominia y crímenes abominables que según hijos y nietos de hoy, desconocedores de quienes fueron sus padres, siguen buscando, han implantado cambiando la historia que se trataba de una “democracia” fantástica.

Y ahora estos barrigones indecentes, festineros, hipócritas, perjuros a Dios y a todos los católicos, que han abandonado a nuestra suerte, abrazan a Satanás y cometen el peor pecado de todos que es la traición en la tierra y el perjurio y la apostasía contra Dios.

La persecución religiosa durante la Guerra Civil (Parte 1 de 2)

Tenemos a un Gobierno con el marchamo y ADN de sus padres y abuelos, matarifes en una contienda de verdaderos cristianos que lucharon por la fe en Cristo y por la gran Patria Evangelizadora y Eterna, que sembró la semilla de la religión Católica Apostólica y Romana por medio mundo y no dispuso de más tiempo para convertir al resto.

Lo que sí está claro, que la “Memoria Comunista Criminal” ha sido impuesta por la Banda de profanadores, talibanes, tiranos, indeseables e infames asesinos de covid y danas que padecemos en esta III República bolivariana; pero no es menos cierto, la rendición, el colaboracionismo, la ayuda, el soporte, que tanto el PP hereje, mentiroso y traidor, les ha dado, con la total ayuda y confirmación de Leyes sádicas y Decretos contra natura, que ha firmado esta sumisa monarquía con ascendencias dignas de olvidar.

Pero para completar esta época en la que prevalece la mayor traición de toda la historia, vemos también a su lado, a un Papa “progresista” y a una Jerarquía bolivariana, que no sólo han cometido traición con todos los católicos del mundo, sino que han cometido el mayor pecado contra el Altísimo como es el perjurio y la apostasía.

Lo más curioso fue que, el Papa advirtió a Pedro Sánchez que «las ideologías sectarizan, las ideologías destruyen la patria» Cuando es él quién lo apoya.

Afortunadamente, aún no han quitado todos los vídeos sobre los horrores que esa II República cometía contra las personas más débiles, mejores católicos, honrados, fieles y leales a Cristo. Pero dentro de su inocencia y supuesta debilidad, demostraron su fortaleza de espíritu, su cristianismo, su valentía y heroicidad, ante los diabólicos mas carniceros y asesinos de la historia mundial de todos los tiempos.

La Cruz, el Perdón y la Gloria ~ La Persecución Religiosa en España)

Este pasado Domingo de Ramos fue una demostración católica de los buenos españoles que no renunciamos ni a la fe en Cristo, ni a la Patria, libre de hijos de Satanás, profanadores, talibanes y carniceros.

Aproveché y hablé con muchos jóvenes, chicos y chicas, con menos de 25 años, algunos menores de edad, que eran mayoría, dentro y fuera de la Santa Basílica. Jóvenes que están con Dios, con Dom Santiago Cantera, con nuestros amados monjes benedictinos y con la Patria, que una vez fue admirada, respetada y temida.

RÉCORD GUINNESS PARA LA CRUZ DEL VALLE DE LOS CAÍDOS

 

¿Acaso estos buenos chavales, muy jóvenes, serán nostálgicos?

También aproveché para dar un abrazo a mi querido monje José Antonio, que tuvo el honor de llevar la Santa Cruz de Cristo, desde el Altar hasta la entrada de la Basílica y luego la vuelta.

Y por último, pongo este video maravilloso, que es la guinda de la gran tarta católica que presencié este inolvidable Domingo de Ramos. Video preciosista, austero y genial, que ha sacado al público la Fundación Francisco Franco. Gracias, mi querido y admirado General Don Juan Chicharro Ortega. Un valiente militar que lleva años luchando por la verdadera Memoria Real, sobre Francisco Franco que miró por todos los españoles y sobre la Guerra de Liberación, que comenzaron las hordas marxistas con sus asesinatos a inocentes feligreses y del clero que los valientes católicos del Bando Nacional terminaron. ¡Volveremos!

¡Algún día podremos escribir la verdadera historia que está escrita y es inamovible;  con documentos y vídeos enseñarla a nuestra juventud que está vilmente siendo adoctrinada en Colegios, Universidades e incluso en Guarderías!

Miguel Sánchez

Caballero Legionario

Autor

Miguel Sánchez

Empresario. Licenciado en Marketing y en Dirección de Ventas. Escritor de varios libros, sin publicar, aún.  Aficionado a la escritura y a la historia de España.

Caballero Legionario que fue del  IV Tercio Sahariano Alejandro Farnesio, en dónde estuvo en Mando Bandera. Escogido para portar al Santo Cristo de la Buena Muerte, representando a la Xª Bandera.

Congregante del Santísimo Cristo de la Fe, Cristo de los Alabarderos y María Inmaculada Reina de los Ángeles, en la Catedral de las Fuerzas Armadas

Luchador nato por el  Valle de los Caídos y sus monjes Benedictinos, por nuestro Cristo Redentor, la Familia, contra el Aborto y la Patria Grande, Unida y Gloriosa, desde la muerte del General Invicto.

Amigo, seguidor y admirador de la figura más transcendental y entrañable del siglo XX español, D. Blas Piñar, mi Caudillo, siempre junto a él, tuve el honor de aplaudirle, ovacionarle, dialogar y abrazarle, porque era mi ídolo y lo seguirá siendo por toda la eternidad. Y tengo el orgullo, que de  sus magníficos libros escritos, poseo unos diez, dedicados, con cariño y con su pluma de oro, como escritor en la excelencia.

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Hakenkreuz

Con aprecio le digo, don Miguel Sánchez, que hagan lo que hagan los obispos o los papas que nos toque soportar como una cruz, que no desobedezca ud. ni ningún otro lector de este diario, la Santísima Voluntad de Dios. Si Nuestro Señor Jesucristo pide que recemos incluso por los que nos odian y persigan, háganlo, aunque le cueste más que una puñalada.
Hágalo por Cristo, porque ama a Dios incluso sobre el rechazo que sentimos por los perseguidores de nuestra fe (a lo cual seguro que Dios no puede objetar nada), pero supere la justicia del «ojo por ojo» judía. Rece por todos, incluso por los musulmanes que asesinan a cristianos, por los rojos, por los antiespañoles, incluso los genocidas terroristas y seguidores de ETA, por TODOS sin excepción, por los papas, cardenales y obispos que más que pastores son políticos a sueldo, desde luego cruces terribles añadidas que tenemos que soportar, como a lo largo de estos dos mil últimos años con tantos papas, cardenales y obispos de dudosa fidelidad al Señor y no pocos cismáticos. No deje de rezar por todos ellos como manda el Señor, pues su mandato está por encima de todos nuestros afectos.
Haga lo mismo que el el valiente y admirado P. benedictino Santiago Cantera, cuya orden lleva décadas rezando incluso por esos milicianos rojos y antiespañoles que descuartizaban con sadismo a monjes y fieles católicos y profanaban sus restos mortales durante la cruzada exponiéndolos públicamente en medio de un demencial regocijo macabro y enfermo. Rece con los benedictinos por los comunistas, por los socialistas y por los antiespañoles, por los conservadores y los liberales, por los animalistas y los ecologistas, sean como sean, no por amor al mal y a sus promotores, que eso es imposible, sino por amor a Jesucristo Nuestro Señor, que ha de prevalecer sobre toda otra voluntad o afecto nuestro, aunque le cueste como si le apuñalaran. Por encima de todo, cumplir la Voluntad de Dios, precisamente para que todos aquellos que son sus enemigos mortales se conviertan o nos libre de ellos para siempre lo antes posible. No deje de rezar, como el P. Santiago Cantera, por TODOS.

Con respecto a la humillación satánica que sufrimos por el asunto del Valle de los Caídos y su Santa Cruz y Basílica (y por muchas otras cruces y nombres de caídos por Dios y por España, en incontables lugares de nuestra amada patria), habría que pedir en oración que esa santa orden benedictina tuviese algún santo o más que intercediese por medio de sus oraciones ante Dios mismo para evitar que ningún gobierno toque ni una sola piedra o tapiz del recinto ni «resignifique» o dinamite nada.
Ojalá hubiese un alma santa en el Valle de los Caídos similar a la del santo P. Pío de Petreccina, que evitó milagrosa y personalmente el bombardeo aéreo de los yankees sobre San Giovanni in Rotondo, su abadía, en plena II GM, evitando lo que por desgracia hicieron con la antiquísima Abadía de Montecassino en aquel mismo fatídico año del Señor de 1944, aunque no fuese en absoluto «objetivo militar aliado».
Que El Valle de los Caídos, Basílica y Cruz, que todo el recinto sea respetado, restaurado y abierto al culto todos los días, así como a los turistas, como lo fue la abadía de aquel santo estigmatizado italiano de tan grato recuerdo para todos los católicos.
Recemos también para ello, pues la oración es más fuerte que las armas y los mejores y más valientes soldados nunca dejan de rezar, menos en tiempos de guerra y ante los mayores peligros. Si tuviésemos fe verdadera, nada le pasará al Valle de los Caídos, Dios mismo alejará a todo enemigo suyo de allí, por muy empedernido que sea. Así pues, récese. Y pídase a todos los obispos de España que consagren ésta al Sacratísimo Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, en una ceremonia a celebrar allí precisamente, en el Valle de los Caídos, como previamente hicieron en el Cerro de los Ángeles de Getafe (Madrid) en 2019, centenario de la primera consagración al Sacratísimo Corazón de Jesús a la que asistió Alfonso XIII y se arrodilló ante el Rey de reyes. No se deje de rezar, ni por prejuicio, ni por complejo, ni por presión alguna, ni por nada de nada del mundo. La oración de los humildes que aman de verdad a Cristo, siempre es escuchada. Si no hay fe, no habrá templo que se salve de su completa destrucción. Por eso, recúrrase, cuando todas las instituciones, incluido ejército, fallan, al que Todo lo puede. Y nada de no rezar por tal o cual persona. Eso no. Eso nos hace igual que los soberbios.

Hakenkreuz

El funeral del papa Francisco, a quien Dios haya perdonado, ha despertado una expectación mundial enorme. Ni en el fútbol se ha dejado de guardar un minuto de silencio por su alma. Nada extraño entre los que somos católicos, pero sí en que los que ahora acuden a su funeral, jefes de estado y de gobierno, políticos diversos, medios de comunicación, altas magistraturas y personalidades, son en su práctica totalidad enemigos acérrimes de Jesucristo Nuestro Señor (no dejar de rezar por su conversión, lo manda Dios. Prohibido dejar de rezar por todos). Los más ilustres abortistas, divorcionistas, eutanasiadores, ladrones fiscales, ladrones subvencionados, enemigos de la castidad, porno fanáticos, anticlericales, acusadores de pedofilia a todos los curas y fieles, asaltacapillas, incendiarios, torturadores de cristianos, etc., todos se agolpan a dar el pésame con negros crespones en el Vaticano. Eso es lo extraño que se viene repitiendo desde hace ya varios papas. Y más si consideramos los evangelios:

Lc 6, 26: «¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas».

Los católicos tenemos entendido por las enseñanzas de Nuestro Señor que nuestra vida, elegida en libre albedrío fundada en la esperanza de la Vida eterna prometida por el Señor con quien queremos estar todos los momentos de nuestra miserable vida terrenal y no digamos más allá, es una vida de persecución, incomprensiones, burlas, insultos, vejaciones, desprecios, marginación, ultrajes, agresiones, odio, rechazo, «descarte» (como decía Francisco), «cancelación» (como dicen otros más «sofisticados»), etc.
Los católicos, entendemos según los Santos Evangelios, deberíamos ser como el Maestro, llevar la cruz a cuestas y soportar todo lo que nos echen encima, no por ser «buenos» que no lo somos en absoluto, qué mas quisiéramos, sino por amor a Cristo, que murió entre desprecios, insultos, vejaciones, agresiones, salivazos, azotes, puñetazos, golpes, mofas, insultos, intereses políticos mesiánicos vanos y demoníacos, decepciones de expectativas y odio indisimulado, perdonando y con una mansedumbre inigualable, pues la venganza está solo en el Señor. Y no por gusto o por ser algo así como masocas gilipo*** o algo así, sino porque hemos alcanzado una comprensión de la cruz y del dolor y el sufrimiento que encaja plenamente con lo que esperamos, con aquello en lo que confiamos y en lo que tenemos puestas todas nuestras confianzas, como expresamos en nuestros símbolos de la fe (el credo apostólico y el constantinoniceno), en el Señor. Entendemos la cruz de modo diferente a como lo entienden los demás «normales» (que sobre eso habría mucho que hablar, sobre su «normalidad»), que suelen tener a eludirla o quejarse como el ladrón malvado crucificado junto al Señor (es decir, nosotros somos como Dimas, el ladrón arrepentido y contrito). Entendemos además que la Voluntad de Dios ha de ser la que prevalezca sobre la nuestra, porque Dios es Bondad Infinita, ante todo y todos, porque nos ama y nos ha amado hasta el extremo, como nadie nos amará jamás, ni nuestros más amantes seres queridos. Hasta el extremo de enfrentarse y vencer a la muerte, una muerte de cruz, por todos nosotros, sin excepción, aunque a algunos ni siquiera eso les basta (supongo que prefieren a aquel del desierto que tentó al Señor).

Nosotros, los católicos, somos como unos parias, unos zumbados, unos lunáticos, unos locos de atar, unos peligrosos de mucho cuidado, unos «paquetes», un «lastre» del mundo, unos abortos como diría san Pablo, basura de este mundo, lumpen, somos incómodos a más no poder, molestos como un dolor de muelas, «aguafiestas», muermos, aburridos, insociables, retrógrados cavernícolas y cavernarios, trogloditas pasados de moda, anacronismos encarnados, carcas como los dinosaurios, un «estorbo» para el progreso, un estorbo para la «flicidad» (digo «flicidad» que no felicidad, pues el mundo vaya ud. a saber lo que entiende por felicidad), unos ingenuos, unos débiles, unos afeminados, unos maricas, unos pedófilos, unas viejas de rezar rosarios, unos «fanáticos», unos integristas, unos desobedientes a la autoridad del César, unos supersticiosos, una carraca mal sonante, unos cretinos, unos descarados, unos insensibles, unos homófobos, unos puritanos, unos infantiloides, unos inmaduros, unos fuera de toda realidad, el nota de cualquier banda bien «afinada», el caso, el vecino molesto, el pelmazo hasta en el saludar a los que no hay que ni oír una sola palabra pues no quiere nadie oír sermones, que ya no va a misa «nadie».

Los católicos deberíamos ser como, perdónese la vulgaridad, como las «moscas cojoneras» allí donde vayamos, pues solo vernos (ni siquiera dirigirse a nosotros, solo vernos, cruzarse con nosotros en un pasillo, como si llevásemos un sello en la frente), a algunos se les revuelven las tripas (por poner uno solo de millones de ejemplos. Si unos compañeros de trabajo quieren irse a una orgía y te ven, sin decirte nada siquiera, puede que se les quiete las ganas de orgía, por muy bellas que sean las muchachas a las que tendrían pensado invitar y «cortejar», ya me entienden. Solo vernos se les quita las ganas de «libertad, libertad, chiquilla libertad». Por eso, porque somos unos «aguafiestas», unos «cenizos» de la juerga, se nos echa de todas partes como indeseables auténticos, de todo ámbito, incluso de nuestras casas, que no es broma, como bien señaló un sabio y santo teólogo español, Juan Antonio Sayés, que a buen seguro ya goza de Dios, en referencia a lo que significa ser católico, sinónimo de cristiano, que no de luterano o calvinista o anglicano o ortodoxo, éstos últimos no cristianos por mucho que honren a Dios solo con los labios y perseveren en ser hijos pródigos y no volver a casa del Padre y del Hijo, que son Uno con el Espíritu Santo que une).
Los católicos, en definitiva, deberíamos ser como el Señor en la Cruz, como san Pablo y Santiago, decapitados, como san Pedro o san Andrés, crucificados, como san Esteban apedreado, como incontables mártires desde tiempos de la demoníaca Roma y de la degenerada Grecia de tiempos de san Pablo, hasta el último siglo de las chekas, paseos, Lubiankas, paseos, holodomores, genocidios, todo en aras de la «democracia» obrera o empresarial. Los católicos, se entiende, que deberíamos ser como el Señor nos advirtió según Jn 15, 18 y ss. Por eso sufrimos con lo del Valle de los Caídos entre otras muchas cosas y ofensas. Si se odia al Señor, ¿cómo no se nos va a odiar a nosotros, al fin y al cabo, tan hijos como los peores de Adán y Eva, tan hijos del pecado que odiamos cometer y tan ajenos al bien que queremos y no logramos hacer?

Pero eso de que tanta adulación mundial despierte el funeral de un papa no es buena señal en absoluto. De hecho, es señal de la intensísima presión por politizar en un sentido u otro la Santa Iglesia Católica Apostólica, la Santa Iglesia de Jesucristo Nuestro Señor, la de san Pedro y todos los santos y santas de todos los tiempos, el Cuerpo Místico de Cristo, la Sociedad Espiritual Perfecta, la Santa Esposa del Cordero de Dios, el Pueblo de Dios, la Comunión de peregrinos y santos, el Templo del Espíritu Santo. Se trata de politizar en un sentido u otro, en sentido progresista o de izquierdas, en en un sentido derechista o liberal conservador, por los que no son de Cristo, sino del mundo. Esa es la lamentable realidad que experimentamos con dolor los cristianos de hoy. Una Iglesia a la que los lobos tratan de devorar sacando la mayor tajada que pueden de Ella mientras Dios Todopoderoso lo permita, que no ha de ser por mucho tiempo, seguro. Por eso se especula tanto entre los políticos sobre el nuevo pontífice, si se someterá a unos intereses u otros.
La culpa de esta situación, que siempre ha estado presente desde Nerón a hoy, también la tienen muchos prelados que han señalado la política como «la forma más noble de caridad» o han enseñado con error herético que la política es «la búsqueda del bien común» o sandeces como esa, transgrediendo la Santísima Voluntad de Dios de no enseñar falsos preceptos de falsos doctores o falsos profetas. Sin ir más lejos, no hace mucho tiempo, Monseñor Omella, cardenal de Barcelona, no tuvo ningún escrúpulo en declarar que «la política es caridad». Y ojo, que Omella puede ser el próximo papa si Dios no lo remedia. Debería ser un santo, pero me temo que los santos, hoy denostados incluso entre muchos prelados (dicen «eso solo son revelaciones particulares, no hay porqué creerlas». Que Dios se apiade de ellos por el mal que esa declaración causa a tantas almas. Los santos NO mienten. Y el que miente no es santo), como afirma san Juan en el Apocalípsis, tendrán que esperar pacientemente a la caída de la Gran Ramera de Babilonia o corrupción de los pueblos, la ciudad maldita según san Agustín, la política. De hecho, no hay nada más antipolítico que los Evangelios. Jesucristo sí que destruyó toda pretensión política por medio de su Palabra. Por eso los políticos y los seguidores de éstos, tan amantes de placeres, de pecados convertidos en «derechos», tan amantes de lo material, le odian tanto, porque Cristo no se adaptó a los intereses mundanos ni de unos ni de otros, frustrase las expectativas que frustrase en Jerusalén, y sí que invitó a seguirle a Él y no a los falsos profetas de cada tiempo, esto es, los políticos de cualquier signo. Hoy la política, sea del signo que sea, transgrede la práctica totalidad de los mandamientos de Nuestro Señor. No hay salvación posible de las almas en la política y si perdición asegurada. Que cada cual sopese si merece la pena vender la gloria eterna ofrecida por el Señor por un plato de lentejas (entiéndase, vanidad, orgullo, reputación, patrimonio, placeres, privilegios, paguitas, pagotas, contratos, puestos, subvenciones, lujos, bienes materiales, casas, coches, joyas, obras de arte, campos de golf, vacaciones exóticas, mansiones, chalets, etc.), que es toda la riqueza de este mundo.

Dios quiera que la Santa Iglesia Católica Apostólica solo atienda la Voluntad de Dios, rechace la política, invite a todos los católicos a rechazar la política y a seguir a Cristo cueste lo que les cueste. Que todos los prelados sean santos, nunca políticos. Que se vuelva a la Tradición Apostólica de dejar la Iglesia en manos de los elegidos de Dios, los santos. Como elegidos por el Señor fueron aquellos pescadores humildes de Galilea, incluso el traidor Iscariote. Que se vuelva a los 12 cardenales santos, no a un parlamento de 135, que a buen seguro ofende a Dios, pues la democracia, el gobierno de las mayorías, no es lo que rezamos en el Padrenuestro que el Señor nos enseñó. No es la voluntad nuestra, ni la de un iluminado político, ni la de la mayoría la que ha de prevalecer, sino la de Dios, santísima Trinidad, tal como rezamos «hágase tu Voluntad, en la tierra como en el Cielo».

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