15/08/2026 04:23

«La insurrección es la garantía de los pueblos» (San Just). La nuestra, sencillamente, son ustedes. Preparense…porque… ¡Empezamos!

 

«Tiempos Convulsos. Cuando se decidió el futuro del mundo. Historia de la revolución francesa por Santiago García Lucio»

Vamos a dedicar este último capítulo de la temporada de «Tiempos Convulsos» a poner sobre la mesa toda una serie de temas, de los cuales damos a continuación justo acuse de recibo, a saber:

 

Índice de contenidos

  • Importancia cristianismo

 

Antes de comenzar, lo dejamos dicho —Vamos a ser tremendamente insistentes con esto aquí, en «Tiempos Convulsos»—, por favor: Miremos la Historia con los ojos de cada época. Hagamos comparaciones sincrónicas, no anacrónicas, porque entonces no entendemos nada, nos perdemos en buscar buenos, malos y demás trivialidades (Contrahistoria, 2016).

Hacernos una idea, en nuestro mundo moderno, de la importancia del cristianismo es, a todas luces, imposible. ¡Francamente tengo que decíroslo!

Pero Santiago. ¡Tú estás aquí para eso! Me objetaréis, además, con toda la razón del mundo.

Sencillamente, basten unas nociones básicas de Historia, tal cosa resulta prácticamente imposible.

Simplemente ni siquiera podéis figuráoslo. Siento tener que decirlo así:

¿O acaso cabría esperar otra cosa de un mundo asediado, carcomido hasta la misma raíz por el materialismo, el ateísmo, el Nietzscheanismo y el hedonismo? ¿Pensáis lo contrario? ¿Estoy equivocado? Si es así, demostradlo, hacédmelo saber en los comentarios. ¡Estaré encantado de escuchaos!

“Quepa, para comenzar, la siguiente anécdota, extraída en este caso del magnífico programa La Contrahistoria: “Cuando dos familias de religiones dispares se casaban ello con frecuencia suponía el negar la palabra durante días, semanas, meses o incluso años, llegando en no pocos casos a resultar lo suficientemente afrentoso como para iniciar serias disputas o incluso cortar matrimonios, redefiniendo así proyectos de vida completos en nombre de la religión”.

 

Esta anécdota resulta vital de cara a introducirnos paulatinamente en el tema de hoy, el cual,  —ahora vamos a verlo— irá, poco a poco, “subiendo la temperatura”.

 

«La religión desempeña un papel decisivo en dar un significado a la vida y a la realidad». Canal Historia (n/c)

 

¡Fijaos!:

 

«Si pudiéramos viajar en el tiempo y preguntásemos nadie nos diría soy francés, soy belga, soy alemán, soy lombardo, soy aragonés. No. Nos dirían yo soy cristiano» (La Contrahistoria, 2016)

 

¿Os dais cuenta de lo que esto significa?

 

¡Su DNI, su Pasaporte, su Carné de Identidad era el cristianismo! No la riqueza. No el oro. No el «tanto tengo, tanto valgo», tan típico de nuestro Siglo XXI. No el poder, no el «Qué dirán». No. ¡El cristianismo!

 

Noche. Exterior. 25 de junio. Valeroso, aquel hombre vuelve a embestir nuevamente con su espada, torrencial. ¡Aquellos mandobles! ¡Aquel brío! Asustado, el contrincante ha ido cediendo terreno. ¡Aquello, sencillamente, no puede ser humano! “¿Su ira?”, ha alcanzado a pensar, apenas un segundo antes de que aquel acero se le ensarte en el pecho, partiéndole el costillar por la mitad. Certero, el corte ha sido limpio, profundo, bestial.

 

– ¡Roarghhhhhhhhhhh!

 

Han alcanzado a escuchar aquellos infieles a la par que se retiran llorando a un tiempo a su general. Corazón de León ha vuelto, sí, a ganar otro asalto.

 

Tanto significó que incluso llegaron a segarse vidas en su nombre. Seres humanos acabándose entre sí, enardecidos, febriles. ¡Y todo ello en nombre de su Fe! ¡No por Dinero, no por Poder! ¡Por Fe, esto es, por cristianismo! Aquello, sí, recibió el nombre de «Cruzadas», evento histórico de no poca importancia.

 

Con el árabe llegaría posteriormente la Yihad o Guerra Santa. Hablando en plata, la persecución al infiel. Básicamente un paralelismo con el evento anteriormente citado.

 

¿Es acaso nimio aquello que, alzando a un país pareciera obligarlo para, alzándose en armas comenzar una conquista, aún más increíble, una guerra?

 

Cristianismo y Literatura

A fin de dar por zanjada la incuestionable importancia del Cristianismo vamos, a continuación, a llevar a cabo una tríada de lo que en investigación viene a conocerse como «Estudio de caso».

 

CATEDRAL DEL MAR

Siglo XIV. La ciudad de Barcelona se encuentra en su momento de mayor prosperidad; ha crecido hacia la Ribera, el humilde barrio de los pescadores, cuyos habitantes deciden construir, con el dinero de unos y el esfuerzo de otros, el mayor templo mariano jamás conocido: Santa María de la Mar.

Una construcción que es paralela a la azarosa historia de Arnau, un siervo de la tierra que huye de los abusos de su señor feudal y se refugia en Barcelona, donde se convierte en ciudadano y, con ello, en hombre libre.

El joven Arnau trabaja como palafrenero, estibador, soldado y cambista. Una vida extenuante, siempre al amparo de la catedral de la mar, que le iba a llevar de la miseria del fugitivo a la nobleza y la riqueza. Pero con esta posición privilegiada también le llega la envidia de sus pares, que urden una sórdida conjura que pone su vida en manos de la Inquisición…

La catedral del mar es una trama en la que se entrecruzan lealtad y venganza, traición y amor, guerra y peste, en un mundo marcado por la intolerancia religiosa, la ambición material y la segregación social. (Ildefonso Falcones, 2024).

La Catedral, habéis podido verlo, va a representar un antes y un después en la vida del protagonista de esta historia.

En este ejemplo, acabamos de verlo, la Catedral estaría cambiando para siempre la vida de una persona: Arnau, quien pasó de fugitivo a ciudadano libre gracias a poder emplearse en su construcción.

Y esque, cuando aquel pobre hombre apenas tenía qué comer, aquel edificio se transformó, súbitamente, en su salvación, debiéndose, desde entonces y hasta el final de sus días, a Cristo Jesús.

La catedral es, por último, un proyecto de vida, pues, cito textualmente «es construida con el dinero de unos y el esfuerzo de otros». Dinero y esfuerzo. ¿No es eso, en definitiva, una vida? Sino, que se lo pregunten a un padre de familia.

«Una vida extenuante, siempre al amparo de la catedral de la mar, que le iba a llevar de la miseria del fugitivo a la nobleza y la riqueza». Y esque a Arnau aquella catedral, aquel gigante granítico termina, en última instancia, por cambiarle la vida para siempre.

LOS PILARES DE LA TIERRA

El gran maestro de la narrativa de acción y suspense nos transporta a la Edad Media, a un fascinante mundo de reyes, damas, caballeros, pugnas feudales, castillos y ciudades amuralladas. El amor y la muerte se entrecruzan vibrantemente en este magistral tapiz cuyo centro es la construcción de una catedral gótica. La historia se inicia con el ahorcamiento público de un inocente y finaliza con la humillación de un rey. (Ken Follett, 2001)

En la novela su protagonista, constructor de profesión, busca ganarse la vida construyendo, pero, no construyendo cualquier cosa. A aquel solo le basta con una catedral: «Esta construcción es para Dios, así que ha de ser perfecta», se afirma entre sus páginas.

Desesperado, Tom Builder, que así se llama el protagonista, camina de pueblo en pueblo buscando una catedral en la que poder trabajar, buscándose así, también, a sí mismo, pues su sueño es ser maestro constructor.

Aquí nuevamente podemos verlo. Las catedrales cambian vidas, pues para muchos fueron la diferencia entre morir en la más absoluta pobreza o encontrar un trabajo que les mantuviese, ora a ellos, ora a sus familias.

 

«¿Es que no lo ves? —dijo enojada— Tú posees Shiring. Piensa en toda la prosperidad que la catedral traerá a la ciudad. Durante años habrá centenares de artesanos y peones construyendo la Iglesia. Todos ellos tendrán que vivir en algún sitio y pagarte una renta, tendrán que comer y vestirse de tu mercado. Luego estarán los canónigos a cargo de la catedral, y los fieles que acudirán a Shiring por Pascua y Pentecostés en lugar de hacerlo a Kingsbridge, y los peregrinos que acudirán a ver los sepulcros… Todos ellos gastarán dinero. (…) Si manejamos bien esto convertiremos a Shiring en una de las ciudades más importantes del reino». (Ken Follett, 2001).

En este párrafo, ha podido observarse, no se habla ya de una prosperidad individual, véase la de Arnau en La Catedral del mar, no. Se habla ya de la prosperidad de gremios enteros y, con ellos, de comarcas, condados e incluso reinos, pasando así, en última instancia, del microcosmos al macrocosmos.

La construcción de una catedral era, pues, un innegociable. Las mismas, ha podido verse, daban la vida a un condado, nación o ducado. Y esque el mentado párrafo ya lo está diciendo: la catedral, sencillamente, lo era todo, pudiendo incluso marcar la diferencia con respecto al resto de vecinas potencias.

Dejamos para el final el ejemplo más ilustrativo, que no es otro que el de El nombre de la Rosa, de Umberto Ecco.

 

EL NOMBRE DE LA ROSA

 

Valiéndose de las características de la novela gótica, la crónica medieval y la novela policíaca, El nombre de la rosa narra las investigaciones detectivescas que realiza el fraile franciscano Guillermo de Baskerville para esclarecer los crímenes cometidos en una abadía benedictina en el año 1327. Le ayudará en su labor el novicio Adso, un joven que se enfrenta por primera vez a las realidades de la vida situadas más allá de las puertas del convento.

En esta primera y brillante incursión de Umberto Eco en el mundo de la narrativa, que dio lugar a una manera de concebir la novela histórica, el lector disfrutará de una trama apasionante y una admirable reconstrucción de una época especialmente conflictiva de la historia de Occidente. (Umberto Eco, 2003).

Este libro sencillamente viene a mostrarnos la gran importancia de las catedrales. Simplemente la catedral era el mundo. En la catedral se aprendía, esto es claro, a leer, pero no solo eso. También a escribir. Hablando en plata: se alfabetizaba a la población, convirtiéndose así, por méritos propios, en lugares clave dentro de la geografía nacional de todos y cada uno de los países.

En la catedral —Cuenta el autor— también se traducía e incluso se copiaba. Véase la figura del archiconocido «amanuense».

La catedral era, pues, lugar de cultura. La cultura en sí misma, si se quiere.

Albergaban, qué duda cabe, las mayores bibliotecas del continente, no en vano eran ellos quienes, entregando su vida, se dedicaban a copiar, mimar y transcribir todos y cada uno de los manuscritos que allí entraban.

Sería así y no de otra forma como llegarían al pueblo doctrinas tan básicas como la medicina, la cocina o la arquitectura, esto es, conocimiento elevado a la enésima potencia.

Y esque, a menudo, quedar dentro o fuera de la catedral marcaba la diferencia entre alfabetizarse o no. Véanse curas, obispos y sacerdotes frente a pueblo llano.

 

 

Dejamos, para el final, el mejor de los ejemplos, ahí donde la religión, no sólo justificaba todo sino que se convertía, a la larga, en un modo de vida.

Estamos refiriéndonos, por supuesto, a la Santa Inquisición Española

«Se conoce de esta manera al Tribunal creado por la Iglesia Católica Apostólica Romana dedicado a la persecución sistemática y al castigo de los llamados herejes y disidentes religiosos. A partir de 1542, a expensas del Papa Paulo III, también se lo dio en llamar Santo Oficio.

El historiador J. Guiraud la define como: “sistema de medidas represivas, unas de orden espiritual y otras de orden temporal, promulgadas simultáneamente por el poder civil y el poder eclesiástico en defensa de la ortodoxia religiosa y del orden social, igualmente amenazados por las doctrinas teológicosociales de la herejía”.

 

Su fundación tuvo lugar durante la Edad Media, durante el Sínodo de Toulouse (Tolosa) de 1229. El documento emitido entonces expresaba: ‘En cada parroquia de la ciudad y fuera de ella los obispos designaron a un sacerdote y a dos o tres laicos, o más si es necesario, de reputación Intacta, que se comprometan por Juramento a buscar asidua y fielmente a los herejes que vivan en la parroquia. Visitarán minuciosamente las casas sospechosas, las habitaciones y cuevas y lugares más disimulados, que deberán ser destruidos si descubren herejes o personas que prestan apoyo o favor, asilo o protección a los herejes, tomarán medidas para impedir que huyan y los denunciarán lo antes posible al obispo y al señor del lugar o a su lugarteniente. Los señores temporales harán buscar con cuidado a los herejes en las aldeas, las casas y los bosques donde se reúnen y harán destruir sus cobijos’ ”.

¿Quiénes fueron las principales víctimas de tal institución?

Particularmente consagró sus energías en perseguir implacablemente a musulmanes, judíos y,  luego de sucedida la Reforma, a protestantes y personas que practicasen la brujería o estuviesen poseídas por el demonio». (El Historiador, 2002).

¿Os fijáis? ¡Hablan, incluso, de destruir hogares! ¡De delación! A esta gente, sencillamente, no le dolían prendas a la hora de asesinar, condenar o juzgar. ¡Destruir un hogar! ¡Perseguir a seres humanos! ¡Como a ratas! Todo en base a sus creencias religiosas.

 

¿La importancia de la religión? Capital. No me crean a mí ¡Compruébenlo! En nuestro Siglo XXI la gran mayoría de los colegios e instituciones de enseñanza siguen aún llevando la huella de sus constructores, los eclesiásticos, quedando la mayoría dirigidos por monjas o, en su defecto, por alguna institución de índole netamente religiosa».

P.e.j:

San Pablo CEU

Patrocinio de San José

Los Maristas

Etc.

Cuando estudiaba, hará apenas 15 años, me dijo una muchacha de mi quinta -permítasenos la anécdota- se obligaba a rezar en los colegios. Cada mañana, por megafonía, los curas rezaban, ora el Padrenuestro, ora el Avemaría, haciéndonos, en pie, hacer lo propio a los alumnos. ¡Hablamos de nuestro Siglo XXI, ojo, Convulsos!

«Si pudiéramos viajar en el tiempo —Volvemos a repetir— y preguntásemos nadie nos diría soy francés, soy belga, soy alemán, soy lombardo, soy aragonés. No. Nos dirían yo soy cristiano». (La Contrahistoria, 2016) ¡Preguntémonos porqué!

 

Dejamos, en prenda que certifica nuestra teoría, de manera definitiva, rotunda, una frase. También de Pilares de la Tierra.

«Al fondo había (…) tres libros. Tom se quedó pasmado. Nunca había visto libros en una casa, y menos aún en una cueva. Los libros pertenecían a las iglesias». (Pilares de la Tierra, pág. 94).

 

Por si todo esto fuera poco, el cristianismo no actuaba solo como sostén y pegamento cultural, sino que incluso llegaba aún más lejos —alargados tentáculos estos— tornándose así en un imprescindible:

 

« — Si los oficios divinos te cansan. ¿Por qué te has hecho monje?

 

  • Soy el quinto hijo de mi padre

 

  • Y sin duda donó algunas tierras al priorato a condición de que te admitiéramos

 

Era una historia corriente. El hombre que tenía muchos hijos daba uno de ellos a Dios, y para asegurarse de que este no iba a rechazar el regalo entregaba al mismo tiempo un pedazo de tierra suficiente para que el monasterio le mantuviera». (Ken Follett, 2001).

 

¿Que qué hacían entonces los campesinos con sus pequeños, os estáis preguntando? Buceemos, una vez más, en otro interesante pasaje de Pilares de la Tierra:

 

“(…) Prometió que tendría al bebé en secreto y lo dejaría morir de frío tan pronto como hubiera nacido, como hacían los campesinos cuando tenían demasiados hijos”. (Ken Follett, 2001)

 

Acabamos de ver que la Iglesia, literalmente, fue la encargada, ya no solo de educar niños, sino, además, de evitar, literalmente, millones y millones de muertes por hambre, desnutrición o pobreza severa, regalando así vida y segundas oportunidades a individuos tal vez ya desahuciados ¡¡Literalmente, la Iglesia salvaba vidas!! Tornándose así en una auténtica bendición para su sociedad.

Conocemos ya la la importancia del cristianismo ilustrada a través de toda una serie de gráficas anécdotas e historias de muy diversa índole teórico-práctica.

Hemos visto, además, —No nos hemos quedado ahí— como el cristianismo es sinónimo de cultura, refrendándolo con datos teóricamente objetivos y, lo que es más importante, históricos, por ende, irrebatibles.

Llegamos, ahora sí, con esto, al fin de nuestro programa sexto, habiéndonos dedicado íntegramente a hacer un esbozo acerca de la Francia Feudal en su calidad de país afín a la cristiandad.

¡Lo bueno se hace esperar!, canta el refrán. Porque, como suele decirse, esto no es un «Hasta siempre», sino, de todo corazón lo esperamos, un «Hasta la próxima». ¡¡Hasta el próximo programa, Convulsos!!

Autor

Santiago García Lucio
Santiago García Lucio
Experto en Revolución Francesa de relevancia Nacional e Internacional, (Argentina, Colombia, Venezuela, México, Chile).

Propietario y Editor de ÑTV ESPAÑA. Periodista y corrector editorial.
Cuenta con una colección de libros (Tiempos Convulsos - Historia de la revolución francesa).

Cuenta, además, con un Podcast especializado ubicado en Youtube (Tiempos Convulsos - Historia de la revolución francesa).
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