15/08/2026 05:40
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No imagino mayor vacío existencial, la burda inercia de la oxigenación de los pulmones, la contrariedad de la conveniencia moral, si es que se ejerce con la disposición aunque sea de una tímida conciencia, que en la casa de la  servidumbre satánica ubicada en Galapagar. Amos tienen los esclavos por el contrato de sangre que las almas acuerdan con el Demonio. La principal arma es la falsía de la intención, la obra de la maldad principalmente camuflada de política. El destino de los malditos se marca con el sello del crimen justificado, luego pagarán de regreso la osadía de prestarse a los planes del averno. 

 
Allí donde la hipocresía cría hijos, se desmonta el idílico espejismo de la familia y se desdice el amor de padres con ideología proabortista. Sin garantías de vida, sin valores altruistas, carentes de honra, defecados de diario por instintos monetarios los propósitos del enriquecimiento, esgrimidos tras una justicia social convertida en gárgaras de un discurso vomitivo. Allí crecen niños y quizá depredadores de la existencia con la mala leche mamada hasta intoxicar de odio las entrañas. 
 
No imagino la singular racionalidad de la bestia que se responsabilizó del exterminio protocolario haciéndolo pasar por responsabilidad sanitaria. En alguna circular con tintes genocidas debe de quedar el rastro de la Parca con mandato burocrático, cuando decenas de miles de ancianos fueron exterminados por la práctica eutanásica excusada tras la pandemia. 
 
La otra responsable del estupro contra la infancia calla los abusos de la prostitución institucional, mientras observa con descarnada ternura la infancia viciada de la anormalidad, la semblanza neonata de lo suyo, cariños ralos de la teórica de la aniquilación y la sevicia sectaria. Cuánta falsedad matriarcal. Cunde en el habitáculo casero la ponzoña invisible del hálito paternal, donde las crías del buitre se solazan con pedazos pútridos de vida diluidos en biberones tóxicos, sostenidos por las manos de quien rubrica las órdenes del genocidio y las de quien ratifica el abuso criminal de criaturas, indefensas por la falsedad de las enfermas igualdades; sembradores de cizaña entrambos, de semillas envenenadas olvidando a los inocentes. 
 
Cuánta criminalidad consentida por la intención cobarde de las sumisiones en un país entero despedazado de dolor y ruina, ante elementos idolatrados que vacilarán el paso antes de caer en el abismo donde han cavado sus fosas. Porque la muerte de nuestros seres queridos clama justicia desde la soledad eterna del momento consumido de sus desolados entierros. Grabado a fuego queda el tiempo de la asfixia y las mortajas contaminadas, para que abrase las entrañas de los culpables que caminan hacia el destierro político y personal y al seguro sino de las tumbas donde los aguarda sigilosamente el terror, agazapado, taimado, definitivo…

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.

Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela

Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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