15/08/2026 05:31
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El siniestro como imbécil Zapatero nunca abandonó nada. Se limitó a apartarse un paso, a dejar que la luz se concentrara en otros mientras él seguía moviendo las piezas desde la sombra, que es donde siempre se ha sentido más cómodo desde la matanza del 11-M, incluso años antes en que se entendía con ETA a espaldas de los españoles.

La política española lleva dos décadas respirando un aire que él contaminó con esa sonrisa de porcelana que oculta un operador frío, un tejedor de alianzas imposibles, un arquitecto de anomalías que siempre terminan beneficiando a los mismos. El karma existe, lo que se siembra se recoge; por eso, por la universalidad de la cosecha esparcida, Zapatero se enfrenta decenas de años de cárcel, previo a que la Parca le ponga frente a las obras oscuras que le harán revolverse en la tumba.

Ahora emerge, como era inevitable, la verdad que tantos intuían: el Gobierno Frankenstein de Sánchez no nació de la improvisación ni de la necesidad, sino de una ingeniería silenciosa que Zapatero llevaba tiempo preparando, convencido de que la debilidad del PSOE podía convertirse en un arma si se mezclaba con la ambición de Podemos y con la voracidad independentista que nunca ha ocultado su desprecio por España.

Zapatero estuvo ahí, mediando entre Iglesias y Sánchez, empujando a uno y tranquilizando al otro, asegurándose de que la criatura tomara forma aunque sus costuras fueran visibles desde el primer día. No figuraba en las fotos, pero figuraba en las decisiones. No aparecía en las negociaciones, pero aparecía en los resultados. Su mano, siempre envuelta en esa niebla de ambigüedad calculada, fue la que unió a quienes jamás habrían compartido mesa si no fuera por la obsesión de impedir un gobierno del Partido Popular. La operación fue tan evidente como silenciosa: Sánchez necesitaba ser presidente, Iglesias necesitaba entrar en el poder, los independentistas necesitaban debilitar al Estado, y Zapatero necesitaba que todos ellos se necesitaran entre sí. Acaso necesitaba cumplir los pactos acordados con ETA por prestarse a convertirse en el cebo engañoso que posibilitó el sanguinario golpe de Estado del 11-M y su posterior rellección con el asesinato de Isaías Carrasco.

La aparición casi simultánea de la consultoría Análisis Relevante, de Julito Martínez y Javier de Paz, los operadores discretos del zapaterismo, no fue casualidad. Nada lo es en ese ecosistema donde los testaferros se mueven con la soltura de quien sabe que la sombra les protege y que el beneficiario final nunca aparece en los papeles. La empresa nació al mes de formarse el Gobierno Frankenstein, como si la criatura necesitara un laboratorio propio para justificar su existencia. Y el beneficiario, según diversas investigaciones periodísticas, era el mismo que llevaba años moviendo hilos sin que nadie se atreviera a señalarlo directamente: Zapatero, el hombre que nunca se fue porque nunca tuvo intención de irse para aprovechar en su propìo beneficio el gobierno de Frankenstein cumpliendo los compromisos con ETA.

Hay un patrón que se repite con una insistencia que ya no puede ignorarse: Zapatero aparece en los momentos críticos, influye en las decisiones estratégicas, une actores incompatibles, desaparece cuando conviene y reaparece cuando es necesario, siempre en el lugar exacto donde se decide el rumbo del poder. Su figura es una constante en las anomalías políticas que han debilitado al Estado desde hace dos décadas, y su capacidad para operar sin dejar huella directa es la marca de quienes entienden el poder como un territorio donde la visibilidad es un estorbo y la sombra es una ventaja.

El Gobierno Frankenstein no fue un accidente. Fue una construcción ideológica. Zapatero comprendió que un PSOE sin mayoría, un Podemos en ascenso y un independentismo ansioso por debilitar al Estado podían formar un bloque de poder si se les ofrecía un enemigo común. La operación fue tan eficaz como destructiva: España quedó en manos de quienes han hecho de su fragmentación un negocio político, y todo ello bajo la mirada satisfecha de un Zapatero que, desde la penumbra, vio cómo su criatura cobraba vida sin que nadie se atreviera a señalar al verdadero orquestador.

Zapatero no fue un espectador. Fue el arquitecto. El ideólogo. El operador silencioso que convirtió la debilidad del PSOE en una alianza monstruosa. El hombre que, desde la sombra, ensambló el Frankenstein político que ha traído al Gobierno a los enemigos declarados de España. La historia lo recordará no por lo que dijo, sino por lo que hizo sin decir. Y por lo que permitió que otros hicieran mientras él movía los hilos desde la oscuridad.

El infierno es poco para tanto demonio. Pedro Sánchez debe ser detenido.

RES NON VERBA

Autor

Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela
Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.

Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela

Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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