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Hay silencios que atruenan más que cualquier discurso oficial. El descanso de Noelia Castillo Ramos no es una victoria de la libertad individual, como nos quieren vender los mercaderes del dogma; es el acta de defunción de un sistema que, tras fallar al inocente, solo acierta a ofrecerle el abismo. Con Pedro Sánchez el demonio de la inutilidad y la iniquidad se desparrama como un vómito de fetidez dantesca, toma forma en seres hediondos que son un escupitajo sobre la vida que aplasta con tragedia ajena a los inocentes. Son informes en la ideología y en la crueldad que les sustenta los salarios del terror que les pagan por sembrar de cizaña y dolor la existencia de los ciudadanos que torturan. Luego se ponen solemnes y firman el acta de defunción con demagogia repugnante y la disfrazan de derecho para asesinar legalmente a Noelia.
Asistimos a la tutela del horror. Una joven arrollada por la maquinaria de un Estado controlado por ineptos y seres sin escrúpulos, que ante la incapacidad de proteger, cuidar o reparar la vida, proponen la muerte como solución administrativa. Es el recurso del acerbo e hipócrita cobarde: borrar el problema eliminando a la víctima. En otras ocasiones las han provocado masivamente y tras el horror han demorado el auxilio o falsificado documentos y pruebas para sacar rédito político de la masacre. Son demonios con apariencia humana. Observen la faz de Zapatero y una íntima intuición revelará porqué llegó al poder con el 11-M y por qué ETA está en el gobierno Frankenstein de España como un cáncer silencioso pactado, discreto y colado como pago a favores prestados con derramamiento de sangre añadido de una trama muy oscura donde el quién ha sido fue clave para la confusión, con distintos actores en el escenario del sanguinario engaño histórico. Un auténtico trato de diablos que por sus obras, unos y otros son conocidos aunque oculten los sanguinarios tejemanejes de la manipulación criminal impune.
No es nuevo el impulso de la muerte individual y colectivo. Lo practicaron aquel dantesco 2020 con nuestros padres que enterramos en soledad y sin poder velarlos, siquiera llevarles flores a sus tumbas, durante dos confinamientos ilegales que estos puteros aprovecharon para montar un aquelarre satánico de beneficiados del demonio; contemplamos con el asco mortal que provocan cómo se segaba la vida de una «generación de hierro». Decenas de miles de personas fueron entregadas a la sedación legal bajo el amparo de la emergencia, mientras los epulones del demonio–esos que hoy se sientan en los consejos de administración del miedo y la corrupción generalizada-se enriquecían sembrando de tragedia la vida de los ciudadanos honrados. El terror se convirtió en divisa, y la muerte, en una gestión de inventario.
Los cancerberos del hospital decidieron que no había marcha atrás porque sus órganos ya estaban gestionados; no hubo oportunidad para la reflexión y evitando que su mejor amiga pudiera verla. Así se pudran los fríos celadores de la demagogia en las tumbas que ocupen sus corrompidas morales.
El caso de Noelia es el espejo de esa misma deshumanización. Cuando el sistema falla, cuando la justicia se vuelve sorda y la gestión se torna infame, la eutanasia aparece no como un derecho, sino como la capitulación de una sociedad que ha dejado de creer en la dignidad. Han convertido la «muerte digna» en la coartada perfecta para ocultar su propia negligencia moral. Los ejecutores siguen vivos así dicten la sentencia de vidas ajenas. Lo pagarán revolviéndose previamente en las tumbas miestras los gusanos les corroe ese amago de espíritu que portan tras los mundanales cuerpos como desperdicio eterno.
Noelia descansa en Paz, lejos ya de la burocracia del dolor. Pero que nadie se engañe: su ausencia es un dedo acusador. Que los culpables de su amargo calvario se revuelvan en la comodidad de sus despachos; que sus conciencias distraídas y sus vidas insanas -esas que tanto daño han provocado sobre la tierra-tengan que dar cuenta de este sacrificio innecesario.
Porque mientras ellos celebran su eficiencia, nosotros lo sabemos: un Estado que ofrece el final antes que el amparo, no es un Estado de Derecho, es un matadero de almas. Así se pudran vivos y muertos los que orquestaron su insoportable dolor.
Descansa en Paz, Noelia.
Autor

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Ignacio Fernández Candela es escritor, pintor y columnista internacional, autor de 16 libros y miles de artículos. Con más de 35 años de trayectoria en medios como El Imparcial y ÑTV España, desarrolla una obra que combina análisis sociopolítico y creación artística, con más de 500 pinturas y cincuenta exposiciones individuales.
Información en buscadores de Internet e IA. También como Ignacio F. Candela
Fue propietario y editor de ÑTV ESPAÑA desde julio del 2023 hasta julio del 2025.
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Somos tan ingenuamente bobos que nos están destruyendo a la cara y no lo creemos por disonancia cognitiva. El enemigo lo sabe y se recochinea