15/08/2026 05:39

La autocompasión es el proceso psicológico por el cual somos capaces de contemplar nuestro dolor y emocionarnos, conmovernos por vernos pasándolo mal y desde ahí, tratarnos de una forma benevolente, empática y amorosa.

En cambio, el victimismo es una actitud negativa ante el dolor o el fracaso. Cuando somos victimistas nos centramos en el sufrimiento, no sabemos ver más allá, nos focalizamos en nuestras dificultades y sentimos que esto sólo me pasa a mí.

En la autocompasión somos capaces de contemplar nuestro dolor y emocionarnos, conmovernos por vernos pasándolo mal. Por desgracia, cuando fallamos, tendemos a caer en procesos autocríticos en los que nos golpeamos por hacerlo mal.

Esas actitudes se ponen en marcha como un mecanismo defensivo, para intentar hacernos despertar pero, en el fondo, son más dañinas, porque aparte del malestar que estamos experimentando, añadimos el dolor extra del autogolpeo y la culpabilidad que nos estamos provocando.

La autocompasión es una de las bases del amor propio real, los cimientos sobre los que se constituye la autoestima y la seguridad y confianza en uno mismo. Sin embargo, es un proceso que puede malinterpretarse si se enfoca de una manera incorrecta.

¿De qué sirve conmoverme y llorar por mí si luego no enfrento aquello que me hace daño? «La autocompasión también tiene una faceta más ruda de indignación por aquello que nos hace daño, movilización para hacernos cargo de lo que nos está ocurriendo y hacer lo que toca para protegernos: poner límites, tomar decisiones, esforzarnos y pelear…».

El victimismo implica adoptar una mentalidad de víctima, donde nos percibimos como indefensos y desamparados frente a las circunstancias externas. Se basa en culpar a los demás, a las situaciones o al destino de nuestros problemas, sin asumir la responsabilidad de nuestras propias acciones.

El victimismo tiende a minar nuestro sentido de autoeficacia y autoestima, reforzando una imagen de nosotros mismos como seres indefensos y desvalidos. Esta mentalidad limitante puede perpetuar un ciclo de victimización y dependencia, impidiendo nuestro crecimiento personal y emocional.

El victimismo puede generar conflictos interpersonales, ya que al culpar constantemente a los demás de nuestras dificultades, podemos crear resentimiento y rencor en nuestras relaciones. Esta actitud victimista puede alienar a las personas que nos rodean, generando un clima de tensión y desconfianza en nuestras interacciones sociales.

La autocompasión lleva a una actitud más positiva, y busca maneras de sanar y mejorar. Por su parte, el victimismo crea sensación de desesperanza e impotencia y puede llevar a la depresión o a la ansiedad.

Vamos a ver la diferencia con un ejemplo:

Tienes un error grave en el trabajo y te sientes muy mal por ello. Sin embargo, intentas aprender de esa experiencia, aceptas que todos cometemos errores, te das tiempo para procesarlo y después sigues adelante. Hablamos de autocompasión.

Si, por el contrario, tienes ese error en el trabajo pero piensas que es porque tu compañero no lo ha hecho bien, tu jefe no te ha dado el tiempo suficiente y nada de lo que haces nunca sale bien, no puedes hacer nada por solucionarlo. Hablamos de victimismo.

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Fundación Enraizados
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La Fundación Enraizados nace como asociación en 2012 con el objetivo de ser una voz católica en la vida pública. Nuestros valores se basan en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia: dignidad de la persona, subsidiariedad, bien común, solidaridad y justicia social. Trabajamos en defensa de la Vida, la Familia, la Educación,
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