04/04/2025 20:48
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Publiqué en las redes sociales un pequeño vídeo en el que dos soldados del Regimiento de Infantería Príncipe número 3, con acuartelamiento en Siero (Asturias), acompañaban y llevaban las bolsas de la compra a una señora mayor en Gijón (Asturias). La imagen recogía a los soldados y a la señora de espaldas, por lo que no dudé en publicar la pequeña grabación en las redes sociales. Reconozco que me sorprendió ver la velocidad con que el video fue siendo compartido y hasta dos días más tarde, en un telediario de una importante cadena de televisión, fue emitido, subrayando el gesto de ayuda y protección de los dos infantes. Recuerdo, a propósito de esta disposición de servicio, haber oído al coronel Salafranca hablar, en una de sus conferencias, sobre la voluntad de servir… algo que parece haberse perdido en la sociedad española, y creo que no somos los únicos, en los últimos tiempos.

El COVID 19 marcará una época, probablemente, será un punto de inflexión que separará al antes del después, y espero que eso no sea traumático para algunos. Una época marcada por lo que algunos entienden como su derecho a, que es antónimo de su obligación de. Una época de libertades, a menudo confundidas con el libertinaje, en la que lo único que cuenta es el yo, y el yo tiene supremacía sobre todo lo demás.

Hubo un tiempo, y no precisamente lejano, en el que los españoles de a pie, al referirse a su etapa de prestación del servicio militar obligatorio se referían a esa experiencia con la frase «yo serví» acompañando el nombre del regimiento o unidad y el arma o cuerpo en donde prestó, efectivamente, sus servicios… Ya las últimas generaciones de españoles que cumplieron con su servicio militar obligatorio, allá por los años ochenta del pasado siglo, al margen de las siempre sabrosas anécdotas de la mili, eliminaron ese «yo serví» para decir, simplemente, «yo hice la mili en tal sitio, y en tal regimiento…», lo que puede ser un indicio de cómo la voluntad de servir fue desapareciendo en una sociedad aburguesada y cómoda, que no había mutado la voluntad de servicio por el ejercicio del derecho a.

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La asistencia y el servicio forma parte del credo militar. No hay una etapa en la Historia de España en la que el Ejército, al margen de las guerras y los conflictos, no saliera a las calles a atender a la población civil, a protegerla en accidentes y calamidades, en las catástrofes naturales, ante las epidemias y las enfermedades… Recuerdo que durante una visita a la Academia de Infantería de Toledo, acompañado por el general Ramos Oliver, el general director, entonces general de Brigada, Muro Benayas, que luego llegó a Teniente General y mandó la Unidad Militar de Emergencias, nos habló sobre la obra civil del Ejército, y lamentaba el escaso interés para cuantos escriben de temas militares, que prefieren decantarse por las acciones de guerra.

Un sondeo rápido por las hemerotecas nos permite recoger de la prensa de todas las épocas la asistencia y ayuda de los militares en tiempos de desgracias. Pero, incluso en tiempos normales, el Regimiento de infantería mecanizada Asturias 31, actualmente integrado en la Brigada Guadarrama XII, cuando estaba acantonado en Madrid, allá a principios del siglo pasado, solía ofrecer un plato de rancho a los pobres que se acercaban a su acuartelamiento, una vez terminado el servicio de comedor de los soldados, hasta que se acabara la comida, brindando la oportunidad a muchos desgraciados.

Sería necesario conocer, por ejemplo, la aportación de los ingenieros militares a la sociedad civil a lo largo de la historia. Si tenemos en cuenta que la formación de los ingenieros civiles es relativamente cercana (desde principios del siglo XIX, cuando por medio de una Ordenanza se separaron de los militares), muchas de las obras realizadas hasta ese periodo tienen como inspiradores y realizadores a ingenieros militares, en los que el lector, si se toma la molestia de buscar, encontrara biografías de algunos de ellos que son auténticas joyas, que yo, por problemas de espacio, no puedo reseñar.

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Como el espacio, precisamente, es una de las coordenadas en las que nos movemos los periodistas, voy a hacer una breve reseña de las catástrofes más importantes en las que el Ejército, ya antes de que se inventara la Unidad Militar de Emergencias (que tanto y tan buen servicio está prestando estos días para fumigar y desinfectar la probable presencia del COVID 19), ha intervenido en ayuda de la población civil:

Las inundaciones de la ribera del Jiloca en 1901; Las inundaciones de Lérida en los años 1907 y 1908; en el Valle del Baztán, en Elizando (Navarra) en 1913; el desbordamiento del río Gállego, en 1923; en 1930, el desbordamiento de los ríos Gállego y Ebro; en el incendio de Santander, en 1941; las inundaciones en la comarca del Vallés (Barcelona), en 1962; en el accidente del aeropuerto de Los Rodeos (Tenerife), en 1977; las inundaciones del río Júcar, en 1982; las inundaciones del Norte, un año más tarde, En Málaga en 1989 y en Tarragona en 1999.

Otro asunto son las obras de infraestructura realizadas no solo en España, sino en los territorios de la antigua Corona española, que aún se conservan, así como la construcción de carreteras que permitían el acceso a localidades que revalorizaron sus producciones agrícolas e industriales gracias a ellas, las obras ejecutadas en los puertos marítimos y la construcción de catedrales y edificios públicos.

El vídeo del que hablaba al comienzo del artículo se ha compartido con rapidez porque da una imagen de seguridad y de confianza, que tanta falta hace en la España actual.

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