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Abrumadora y enredadísima panoplia leguleya del gobierno español durante el estado de sitio/guerra actual. Más de 200 excrementos liberticidas, incluyendo decretos-leyes, órdenes y resoluciones ministeriales e instrucciones. Una tupidísima e impenetrable legislación excepcional, utilizando para ello la falsaria y troyana coartada de la salud.
Estados de excepción, temporalmente indefinidos, difusa vigencia, utilizando para ello mierdas legislativas cuya etérea e indeterminada formulación permite transformar cualitativamente el estado de excepción: de facto a iure. Su único propósito: sistémico y sistemático control mental y social.
Legislación profundamente ambigua, imprecisa e indefinida, truños de calidad técnica deplorable, forjando opacidades y desasosegantes «zonas grises». Decretos que anulan, a su vez, otros decretos. Normas de rango inferior que dinamitan las de categoría más elevada. Leyes injustificadamente transversales que ocultan pavores y fraudes de ley. Las afamadas disposiciones adicionales, incluidas al final de reales decretos-leyes para regular cuestiones que poco o nada tienen que ver con el asunto objeto de la norma.
Un ejemplo. Se modifica la ley del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), nuestros amenazantes, depravados, inmorales y antipatriotas espías para que el Emperador de Galapagar pueda formar parte de la comisión que controla a este órgano, modificación que se introdujo en un real decreto-ley para combatir los efectos de la presunta covid-19 en la economía.
Inseguridad jurídica
La inseguridad jurídica, absoluta. El hombre, a merced y (des)gracia del monstruoso Leviatán. La arbitrariedad, de nuevo, rasgo constitutivo de la Sinrazón de Estado. Con sus pluralísimos brazos ejecutores para esculpir el espanto. Basura legislativa profundamente totalitaria. Libertades de circulación y reunión, cercenadas. Inviolabilidad del domicilio, cada vez más en el alambre. Libertad de empresa, difuminada. Las sacrosantas privacidad e intimidad, vulneradísimas, otra vez, geolocalizando a todo cristo través de móviles listos. El perverso modelo chino del «crédito social», tan molón.
Incumplir las leyes injustas
Art. 15, Constitución Española. Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes.
Ahora la pregunta, después de haber deteriorado inmisericordemente nuestras vidas, siendo sometidos a torturas y a tratos inhumanos y degradantes durante este sempiterno secuestro domiciliario. ¿Qué hacer? ¿Por qué cumplir leyes manifiesta y flagrantemente injustas? Las leyes injustas se desobedecen. En fin.
Autor

- Nacido en Bilbao, vive en Madrid, tierra de todos los transterrados de España. Escaqueado de la existencia, el periodismo, amor de juventud, representa para él lo contrario a las hodiernas hordas de amanuenses poseídos por el miedo y la ideología. Amante, también, de disquisiciones teológicas y filosóficas diversas, pluma y la espada le sirven para mitigar, entre otros menesteres, dentro de lo que cabe, la gramsciana y apabullante hegemonía cultural de los socialismos liberticidas, de derechas y de izquierdas.
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