Si alguien pensó que la eugenesia murió en los sótanos húmedos del nazismo, que apagó su luz con las sentencias de Núremberg y que quedó desterrada para siempre en los manuales de horrores humanitarios, debería revisar urgentemente su fe en la humanidad. La eugenesia no desapareció: se modernizó, se vistió de derechos y se convirtió en protocolo administrativo. Antes llevaba bata blanca; hoy rellena formularios en los centros de “salud sexual y reproductiva”.
Y así hemos llegado al punto exacto donde estamos: una mujer recién embarazada, angustiada, vulnerable, sin apoyo y sin tiempo llama a un servicio público en busca de orientación. Y ¿qué recibe? No un abrazo, no una red de seguridad, no un plan de apoyo familiar. No. Recibe la solución estrella de la posmodernidad tecnocrática: “el aborto, rápido y eficaz”. Es decir: “el problema eres tú… o, mejor dicho, lo que llevas dentro.”
Porque esta es la triste alquimia moral de nuestro tiempo: disfrazar de «salud pública» lo que no es más que abandono estatal; llamar “libertad” a lo que nace del miedo; llamar “empoderamiento” a lo que es desamparo; y llamar “decisión personal” a lo que el Estado empuja porque no ofrece nada más.
No hay que esperar a que un ministro salga a anunciar que “el Estado fomentará la eliminación de los hijos de las mujeres vulnerables”. Son más listos que eso. La nueva eugenesia no se declara: se ejecuta por omisión. Porque no hace falta obligar a abortar; basta con no ayudar a vivir.
Hoy, las unidades de planificación familiar (nombre orwelliano donde los haya) funcionan como peajes ideológicos: si entras embarazada y dudando, sales con la cita programada para un aborto y un folleto lleno de eufemismos. Todo bajo el sello institucional y la firma del político de turno.
Lo más llamativo no es lo que ofrecen. Es lo que no ofrecen. No hay ayudas económicas inmediatas. No hay alojamiento temporal. No hay apoyo psicológico. No hay conciliación real. No hay información sobre alternativas al aborto. Y, por supuesto, no hay financiación del embarazo. Pero del aborto sí.
Los estados del siglo XXI no protegen la vida: es la gran traición política. Los gobiernos occidentales han descubierto un método eficaz para mantener estadísticas sociales “bonitas”: eliminar al vulnerable antes de que nazca. Qué fácil es combatir la pobreza si se desaconseja nacer a los pobres. Qué sencillo reducir la dependencia si se frena la llegada de los dependientes. Esto no es azar. Es política pública.
Los Estados tienen dinero para campañas ideológicas, pero no para apoyar a una madre desesperada que quiere seguir adelante con su hijo. Ese no es un colectivo protegido.
La eugenesia ya no necesita leyes de esterilización; le bastan centros de planificación familiar que no planifican nada más que la salida rápida. Le bastan políticos que repiten eslóganes mientras recortan ayudas. Le basta convertir la maternidad pobre en un riesgo que merece ser “gestionado”.
La nueva eugenesia se impone con silencio. Es la eugenesia del “no hay otra opción”, del “no podemos ayudarte”, del “haz lo que quieras, pero esto es lo que financiamos”. Es la eugenesia que no obliga a abortar, pero tampoco permite vivir. Y mientras tanto, cada año desaparecen miles de vidas que jamás verán la luz porque los Estados decidieron que no merecían nacer.
La eugenesia clásica (1880–1945) buscaba “mejorar la especie humana” mediante control estatal y selección biológica. La nueva eugenesia (1975–2025) mantiene los mismos objetivos bajo lenguaje sanitario y tecnológico.
1. Mejoramiento biológico. Antes: selección según “calidad genética”. Ahora: cribado embrionario, diagnóstico prenatal y aborto eugenésico.
2. Control reproductivo estatal Antes: leyes de matrimonio, esterilización, restricciones raciales. Ahora: presión institucional al aborto, ausencia de ayudas y protocolos sesgados.
3. Eliminación de los “no aptos” Antes: esterilización y segregación. Ahora: aborto por discapacidad, eutanasia por dependencia y vidas “no autónomas”.
4. Preservación racial Antes: evitar mezclas consideradas indeseables. Ahora: eugenesia social contra pobres, inmigrantes y vulnerables mediante políticas demográficas.
5. Utilitarismo social Antes: valor según productividad económica. Ahora: vidas “sin calidad” o “alto coste” descartadas mediante aborto o eutanasia.
6. Selección positiva Antes: fomentar la reproducción de los “superiores”. Ahora: promoción de reproducción planificada y tecnologías para hijos “sin defectos”.
7. Selección negativa Antes: impedir reproducción de pobres, enfermos y minorías. Ahora: aborto sistemático en contextos de pobreza y selección embrionaria.
Hemos vuelto a la barbarie más cruel al servicio de los más poderosos. Dios nos ampare.
Autor
-
Fundación Enraizados
La Fundación Enraizados nace como asociación en 2012 con el objetivo de ser una voz católica en la vida pública. Nuestros valores se basan en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia: dignidad de la persona, subsidiariedad, bien común, solidaridad y justicia social. Trabajamos en defensa de la Vida, la Familia, la Educación,
la Historia de España (sin leyendas negras) y la Fe Católica.
¡Conócenos!
www.enraizados.org
www.https://martiresenespana.org
www.espanaenlahistoria.org/
Últimas entradas
Actualidad28/07/2026Diana Morant ¿Ministra de qué? Por José Carlos Sacristán
Actualidad13/07/2026¿Qué sentido tiene la vida? Por Juan Andrés Segura
Actualidad03/07/2026Mundial de Fútbol: Honestidad, Respeto y Juego Limpio. Por Julio Íñiguez Estremiana
Actualidad25/06/2026Mundial de fútbol: generosidad, compromiso y disciplina. Por Julio Íñiguez Estremiana

